Por Ana Laura Calducci - [email protected]
A primera vista, Cintia es flaca y atlética, de larga cabellera rubia y siempre está sonriendo. Pero es mucho más que eso. También es la niña que aprendió a manejar tractores en la chacra de su papá, la joven que trabajó sin descanso para levantar una pyme desde cero junto a su pareja, la mamá de tres hijos que disfruta los domingos en familia y la conductora de camiones frigoríficos que descarga hileras de media res en las carnicerías de Neuquén y les tapó la boca a unos cuantos machistas que se cruzó en el camino.
Cintia Prospitti consiguió el carnet como transportista de cargas refrigeradas hace tres años, aunque empezó a derribar prejuicios mucho antes. Empezó en el rubro de las carnes a los 18, poco después de casarse y tener a su primera hija.
“Con mi marido, siempre laburamos en esto; arrancamos vendiendo pollos y nos fundimos porque éramos pibes, después tuvimos un criadero de chanchos en una chacra prestada, pagando para faenar en un frigorífico, hasta que pudimos hacer una inversión mayor y nos dedicamos a la carne vacuna”, relató.
Hoy tienen dos camiones con cámara de frío, que ellos mismos manejan. Cintia carga las hileras de media res en un frigorífico y las reparte por las carnicerías. Desengancha la faena con un aparejo y se la entrega al operario que la lleva hasta el comercio.
Cargadas
“Las primeras veces que salí, sentí la discriminación de los hombres con cargadas y burlas, de los carniceros e incluso de mis propios empleados, pero yo no les iba a dar el gusto de bajarme del camión porque ellos dijeran que me vaya a una cocina a hacer mis cosas de mujer”, recordó.
“Hay hombres también que, por ser una mujer que trabaja, piensan que estás con este o aquel, y hasta vino algún machito diciendo que, si una mujer está en un camión, ‘andá a saber para qué’ o ‘ya la vamos a agarrar todos’, porque estas son así y tienen ese prejuicio, que está en la sociedad también”, contó.
Ella no se dejó intimidar ni una sola vez. “Mi viejo tenía chacra en Arroyito y me crió en un tractor de pibita haciendo mil cosas, sin importar si eras nena o nene; si te tocaba pelar un pollo, ibas y lo hacías, por eso creo que las mujeres podemos hacer de todo”, remarcó.
Por ahora, no encontró otras pioneras como ella que hayan elegido este rubro. Solo conoce el caso de su hermana, que dirigió una carnicería en Balsa Las Perlas durante años. Y en un mundo de varones, tuvo que batallar y batallar hasta ganarse el respeto que siempre mereció.
Entre tanto prejuicio masculino, una de las pocas excepciones es su socio y marido. Con él, se conocen de chicos. Fueron compañeros de primaria, a los 15 se pusieron de novios y se casaron cuando estaban terminando el secundario.
Hoy, se reparten por igual las horas arriba del camión y las tardes en familia. “Nos gusta dedicarnos a nuestros hijos y, ya que somos jefes y empleados a la vez, elegimos estar presentes los dos”, indicó Cintia.
Para los peques, mamá es un orgullo. La ven ocuparse del negocio, moverse en un camión gigante por el caótico tránsito de Neuquén y jamás echarse atrás por lo que digan los demás. Hoy, Cintia es conocida entre los carniceros de la zona y muchos comprobaron que no era buena idea subestimarla.
Confió que estos años de trabajo en un ambiente masculino le dejaron varios aprendizajes: “Lo más feo fue sentir esa discriminación de ‘quedate en tu casa’ y lo más lindo, darte cuenta de que se puede, de que las mujeres no tenemos límites”.
Se pone el trabajo al hombro y no hay peso que se le resista
Desde que Cintia empezó a manejar el camión frigorífico, había una única tarea que no podía hacer a la par de los hombres: cargar una media res al hombro, una demostración de fortaleza muy valorada en el rubro de la carne. Hace poco, un poco por curiosidad y otro tanto por orgullo, juntó coraje y derribó esa última barrera.
“Como es un ambiente muy machista, más de una vez tuve que aclarar que las mujeres también podemos hacer una cuenta, llevar un negocio o manejar un camión, pero siempre reconocí que existe una diferencia y es que no tenemos la fuerza de un hombre para levantar una media”, explicó.
Comentó que, hace unos días, se le ocurrió cargar ese peso por única vez, solo para averiguar si era capaz. La vara que se impuso era alta: más de cien kilos sobre la espalda.
“Yo hago mucha gimnasia y justo había llegado carne más liviana, así que me dije que iba a probar porque me gustaría tener ese logro también y me cargué la media”, recordó. Contó que inmortalizó el momento con una foto que hoy exhibe orgullosa.
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