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Andares, el colectivo de danza que transformó el baile en un derecho

Claudia Gasparini, una de las coordinadoras, cuenta por qué la virtualidad amplió aún más la participación de las personas con y sin discapacidad en los talleres.

“Todos podemos bailar”, dice Claudia Gasparini. “Algunos lo hacen con los ojos, otros con sus piernas, otros andando en una silla”, añade. Lo importante viene a ser ese momento incólume, determinante y feliz donde somos libres de expresarnos tal cual somos. Eso es lo que pregona Andares Danza Inclusiva, un colectivo integrado por personas con y sin discapacidad que se anima a danzar más allá de cualquier diversidad.

El grupo nació en 2011 por la fuerte convicción de Claudia, quien habiendo hecho un largo recorrido pedagógico en ámbitos inclusivos, llevó la propuesta del DanceAbility a la comunidad de Fábrica de Artistas de Neuquén y le abrieron la puerta para dar clases. Dicho método fue creado en 1987 por Alito Alessi, un bailarín estadounidense de danza que, cansado de sentir que sólo unos pocos podían bailar, decidió impulsar un movimiento que uniera en la misma clase de danza a todos, independientemente de condiciones físicas, intelectuales, de pertenencia cultural o de conocimientos previos.

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Hoy en día muchos instructores se desparraman por el mundo: Claudia Gasparini es una de ellas. Su misión hace 9 años es llevar la propuesta a todas las localidades y parajes de la provincia. “Andares se volvió itinerante cuando nos dimos cuenta que tenemos muy poco acceso a la formación artística que nos interesa, o la consumimos enlatada o tenemos que adquirirla en Capital Federal, por eso comenzamos a viajar con un grupo estable a Chos Malal, Junín, Andacollo, Las Ovejas, San Martín, entre otros lugares”, comenta.

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Mientras, sostenían las clases abiertas una vez al mes en el espacio del colectivo Fábrica de Artistas de Neuquén, que ahora no están llevándose a cabo -a la manera presencial- por causa de la pandemia. La base ideológica del grupo se sostiene en la premisa de que “toda persona tiene derecho a educarse, crear y recrear con personas de su comunidad”.

“En realidad a las personas con diversidad funcional o discapacidad se les niega este derecho aislándolas con otras personas con discapacidad con la excusa de que es por su bien”, explica Claudia. “Que nuestro espacio sea inclusivo es una responsabilidad porque de otra manera les estaríamos negando un derecho”, enfatiza.

No creemos que es importante la educación en la inclusión, creemos que es un derecho No creemos que es importante la educación en la inclusión, creemos que es un derecho

La danza de Andares se crea en conjunto, “se co-crea”, como un tejido. Por eso existen las clases abiertas, para que quien tenga la necesidad se sume. También son gratuitas, para que el factor económico no sea una traba para participar.

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“Mientras más diversas seamos las personas que estamos danzando más diversa es la danza que creamos. El único requisito es tener un cuerpo para poder bailar”, argumenta la coordinadora. Sin embargo, eso no significa que no haya pautas dentro de la clase: hay que precalentar el cuerpo y hay que afinar la intuición para realizar los movimientos. “Nuestro trabajo no es solamente recibir a las personas, sino hacerlas parte. ¿De qué nos sirve que nos dejen entrar a un lugar si lo que se propone no es para nuestro cuerpo y no nos hacen parte de lo que va a suceder allí?”, interpela Claudia.

El colectivo integrado por un número creciente de participantes, reconoce la idiosincrasia de Andares como un conjunto de prácticas que tienen que ver con el cuidado, con el amor y con la creación colectiva, todas ellas materializadas a través del baile. “Es el espacio donde creamos un mundo como queremos que sea el mundo”, concluye su fundadora.

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Más puertas abiertas

Desde que los hermanos Ale y Lucas Sponda se unieron al taller, van a todos lados haciendo demostraciones de lo que es la danza en sus vidas y cómo los atraviesa. Eso, si las condiciones de accesibilidad y dignidad de los espacios y escenarios se los permiten. Si no ocurre, se las rebuscan cortando una calle a la manera de intervención artística o dando la clase en la rampa de un jardín infantil. Ahora, con la pandemia, Ale, Lucas, Claudia y su grupo también se han reinventado como muchas personas. Y para su gratitud, hicieron aún más grande la causa de la inclusión.

“Con las clases por Zoom sucedieron varias cosas; en primer lugar, recuperamos alumnas que se habían mudado y no podían asistir a las clases presenciales que hacíamos habitualmente en los espacios de Neuquén y Plottier. Pero además, se pudo visibilizar la realidad de muchas personas que viven encuarentenadas más allá de esta cuarentena que vivimos todos; son personas que por tener una discapacidad no pueden salir de su casa poder, ya sea por accesibilidad o porque no tienen una asistencia personal. Bueno, esta ventana virtual que se abrió permitió sumar gente que de otra manera no hubiera podido llegar”, aclara Claudia.

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Las clases en línea las da en conjunto con Silvana Medina y otras artistas invitadas con el desafío de sólo contar con la apoyatura visual y sonora. A las mismas, se van sumando participantes de Neuquén, Río Negro, Buenos Aires, Colombia y Viena durante el aislamiento social. “La virtualidad nos ha fortalecido en ese sentido”, comenta Claudia y agrega que de todas maneras “existe una añoranza de volver a las clases presenciales porque es allí donde hay contacto, se generan los matices y se da un sentido de la orientación a partir del sonido”. Y además, porque al sostenerse en un arma de doble filo como es la conectividad, saben que hay familias que no cuentan con este recurso para participar de los talleres.

Cuando Andares vuelva a las clases regulares lo hará nuevamente en Fábrica de Artistas de Neuquén y Plottier como lo venían haciendo mensualmente y además continuarán con su proyecto itinerante. Para colaborar solidariamente con esos espacios y su continuidad, es que están destinando parte de la venta del libro “Puertas Abiertas”, escrito por Claudia Gasparini.

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“El libro es una recopilación de las experiencias que nos han dejado los viajes y sirve como apoyo de lo que para nosotras tiene que tener una clase inclusiva”, cuenta.

“No creemos que es importante la educación en la inclusión, creemos que es un derecho. Y también creemos que no estamos ayudando a nadie al hacerlo más que a nosotros mismos; porque a lo largo del tiempo hemos sido privados de la riqueza de la diversidad en nuestras vidas”, finaliza la artista.

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