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La Mañana Juan carlos Pallarols

Anécdota: "EL bastón de Alfonsín lo facturé a $1"

Entrevista. El maestro vino a Neuquén a trabajar en el bastón presidencial 2019-23. Juan Carlos Pallarols. Orfebre. Se define como artesano y dice que no sabe qué es ser artista. Hizo los bastones presidenciales en el país desde la vuelta a la democracia, en 1983.

Sofía Sandoval

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Entre sus clientes figuran papas, reyes y embajadores, pero Juan Carlos Pallarols conserva una humildad imperturbable que lo hace pensarse como un artesano más. Madruga cada mañana para forjar una pieza nueva, sin importar si se trata de una sencilla flor de plata o del bastón que empuñará el próximo presidente. El reconocido orfebre visitó Neuquén en una recorrida por el país en busca de que millones de argentinos sean partícipes de la creación del nuevo bastón presidencial. Con LM Neuquén habló sobre su trabajo.

¿Cuál es el motivo de su visita a Neuquén?

Estoy recorriendo el país para terminar el bastón presidencial, que trato de hacer con la mayor cantidad de argentinos porque es el pueblo que trabaja el que lo construye. Tenemos que respetar el símbolo del trabajo que nos hace dignos, este es el símbolo del mando democrático.

¿Cuáles son las reacciones de la gente cuando lo ve?

Muchas: hay un poco de timidez y la gente guarda su pensamiento en cierta reserva, pero lo que quiere es seguir en democracia. Los que tenemos muchos años conocemos esa angustia de no poder votar muchos años, cuando volteaban a un presidente y venía otra dictadura. El poder votar, aunque no sea con la mayor felicidad, ya es importante. Tener casi 40 años de democracia ayuda a que el país se vaya fortaleciendo y, en la medida en que se vayan logrando cosas buenas, el país va a seguir bien. Cuando este país era fuente de trabajo universal, venían miles de personas a trabajar y eso lo hizo grande.

Ese es el caso de su familia que vino de Cataluña.

Mi papá llegó muy chiquito a este país. Después de 1955 (derrocamiento de Juan Perón) él perdió absolutamente todo porque destruyeron todo lo que tenía que ver con el gobierno anterior. Sin embargo, mi papá, pudiendo hacer un juicio para cobrar, dijo que no porque este país les abrió las puertas y eso sería ser ingrato. Eso era verdadero amor hacia el país. Yo cada cuatro años trabajo por la democracia con este bastón y con el inmenso placer de recorrer lugares como este.

¿Cuánto tiempo le lleva hacer el bastón?

Un año. El bastón lo podríamos hacer en un corto tiempo, pero lo hacemos así para que puedan participar todos. Normalmente en un bastón de estos, donde tengo la verdadera empuñadura que vamos a entregar, hay entre 3 y 4 millones de golpecitos, que son como 3 o 4 millones de votos de confianza, además de montones de personas que trabajan en silencio y que dejan su firma en los libros.

¿Qué distingue este bastón presidencial del resto?

Son todos iguales. Los vamos copiando del prototipo de 1983 con la diferencia de un trabajo artesanal a otro. La única diferencia final que hay es que el bastón tiene 96 centímetros, pero si la persona que gana es un poco bajita, acortamos el largo del bastón. El más corto que hice tuvo 88 centímetros y los dos más largos, 95.

¿Cuál de los bastones recuerda en particular?

El primero. Tuve que pelear mucho porque no me lo aceptaban y el trámite de donación era muy lento. Así que finalmente hice una factura por un peso y así quedó el bastón. Raúl Alfonsín me dijo que lo llevara porque él lo iba a utilizar.

Usted ha realizado bastones para presidentes de diferentes ideologías. ¿Siente algo distinto cuando lo usa un presidente con el que quizás no coincide tanto?

No. Yo me despojo de todo personalismo. Yo quiero que la gente vote lo que siente. Y si no es la persona que yo considero la mejor, me da igual porque lo importante es conservar la democracia. El bastón se hace un año antes, por eso el presidente que se reelige tiene dos bastones.

¿Qué ocurre luego con los bastones?

La tradición indica que se lo lleve cada presidente. Algunas familias luego lo donan al Museo de la Casa Rosada, pero no todas.

¿Usted se considera más un artesano que un artista?

Yo sé que soy un artesano y trato de ser un buen artesano de los metales. No sé qué es un artista. Un artesano tiene toda la sensibilidad del mundo, además con su tarea demuestra que sabe manejar los metales. Me confunde la palabra artista como la palabra estrella.

Proviene de una familia de orfebres, ¿alguna vez sintió la presión de que tenía que trabajar de esto sí o sí?

Nunca. Siempre lo hice con absoluta libertad. Mi abuelo me enseñó la profesión con un inmenso amor y jugando. Estaba aprendiendo a hacer cosas que eran juguetes para mí. Cuando tenía dos años y medio, mi abuelo me tomó como su acompañante y me enseñó a trabajar con hojalata, bronce y madera. Le pregunté si me iba a enseñar a ser platero y él contestó que solo quería que yo trabajara con honradez y alegría para vivir de estas herramientas. Y creo que lo logró.

Usted también les pasó el oficio a sus hijos.

Tengo tres hijos, dos varones y una mujer, que están trabajando. También un nieto que ya trabaja y una bisnieta que está aprendiendo. Además de muchos alumnos que han hecho su camino acá y en el exterior con mucha solvencia. Las cosas lindas son contagiosas.

¿Cuál de todas sus piezas recuerda más?

Las tareas que me dan más satisfacción son el bastón de mando y otras que comparto con el pueblo. Por ejemplo, cuando trabajamos con material de Malvinas. Hicimos un lobo marino con el material de los aviones ingleses y argentinos. Y en la boca le pusimos una rosa con 44 pétalos, y en cada pétalo el nombre de los 44 muertos del ARA San Juan. Son tareas que no se cobran, se hacen con el amor de muchísima gente. También hacemos rosas que donamos a instituciones para recaudar fondos.

Ha realizado cálices.

Hemos trabajado con la Iglesia Católica muchos años. Hemos hecho cálices para todas las iglesias de las provincias. Hace 60 años hice un cáliz para un cura de Cinco Saltos y hasta para algunos papas, pero eso no me hace mejor ni peor.

¿No le intimida esa situación?

Hace muchos años hice un marco de plata para que Alfonsín se lo llevara a Juan Pablo II. A la vuelta me trae una carta del papa donde decía que lo consideraba una obra de arte y que lo iba a usar en su recámara para afeitarse. Ahí llegué a la conclusión de que el papa también se afeitaba y que es una persona igual que nosotros. Los títulos no lo hacen más importante.

¿Cómo define su estilo? ¿Cree que sus hijos lo continúan?

Es natural. Espero que ellos tengan su estilo propio. Después, los tiempos cambian y cambian los pedidos. Ahora, la gente prescinde de algunas cosas materiales para tener más tiempo de libertad.

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