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Apostar a la producción agrícola como forma de vida

Néstor Fabián Moscoso. Fue tractorista en los hornos ladrilleros y desde hace unos años se animó a sembrar la tierra.

Nació en marzo de 1960 y trabajó en la mítica Estancia La Nazira, de la familia Sapag, en Covunco Abajo. Fue tractorista por muchos años en los hornos ladrilleros. Desde hace unos años les arranca los mejores frutos a los suelos covunquinos.

El Valle del Covunco, en el centro neuquino, tiene un rico historial en la producción de la tierra. Supo ser una prolífica colonia agrícola y pastoril. Sin embargo, el paraje de Los Hornos, 8 kilómetros al este de la localidad marianense, se supo distinguir desde la década del 30 en la producción ladrillera.

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Néstor Fabián Moscoso es uno de los vecinos del paraje que dejó de lado la producción ladrillera y se dedicó por completo a arrancarles los mejores frutos a estos suelos covunquinos.

Nació en el paraje de Covunco bajo el 26 de marzo de 1960, en medio de once hermanos. Sus padres fueron Rosalva Enríquez (de Cerro La Parra en Loncopué) y Vicente Moscoso (del paraje de Pilo Lil). Sus abuelos, al igual que sus padres, siempre se dedicaron a la producción de la tierra y a la crianza de animales, oficios que heredó y sigue desarrollando y, a la vez, inculcando a sus hijos y nietos. “Mi padre siempre decía que la tierra no estaba muy lejos, solo había que agacharse un poco y dedicarse a producirla”, precisó. Esos mismos principios y valores se lo ha trasladado a sus hijos Fabio, Iván, Georgina, Kevin y Keyla.

Su padre Vicente por años alternó sus trabajos en el campo con los que tenía a su cargo en la Estancia La Nazira, una parcela de 800 hectáreas que la familia Sapag supo levantar y producir en las tierras de Covunco Abajo. Allí se erigió el casco y se construyeron canales de riego. Se desarrollaron una amplia forestación y plantaciones agrícolas como así también la crianza de ganado lanar y vacuno. Al acogerse su progenitor a los beneficios de la jubilación, Néstor, con 29 años y por un período de ocho años, estuvo como encargado de aquella mítica estancia que los Sapag supieron levantar a comienzos del siglo pasado.

“Por muchos años trabajé en esa estancia y, entre otras cosas, estuve cuidando hasta 1600 ovejas”, contó. Señaló que aprendió el oficio de tractorista y que lo ejerció en la Estancia El Mangrullo también de Covunco Abajo. Con el pasar de los años vino a cumplir esa función a los legendarios hornos ladrilleros de Carlos Viviani. “Con él aprendí todos los secretos del oficio y con el esfuerzo de mi trabajo logré comprar una chacra de 2,5 hectáreas en Los Hornos”, comentó. Y agregó: “En este lugar me animé a armar mi propio horno y a cortar ladrillos, y lo hice por muchos años. Me ayudó mucho en la economía de mi casa”.

Mi padre siempre decía que la tierra no estaba muy lejos, solo había que agacharse un poco y dedicarse a producirla”.

Hace 15 años, decidió hacerse a un lado de la producción de ladrillos y se animó a sembrar la tierra. A fuerza de horas de pala, arado y dedicación, logró acondicionar las tierras y, mejorando notablemente los canales y acequias, realizó su primera plantación. También en un espacio retirado de la chacra sus piños de chivas y ovejas le dieron y le dan grandes satisfacciones. La chacra tiene actualmente parcelas con producción forrajera y otras enteramente dedicadas a las verduras y frutas. Grandes maizales, papas, zapallos, cebollas, porotos, tomates, duraznos, ciruelas y uvas son algunas de las plantas que forman parte del paisaje de su chacra, que cultiva junto con algunos de sus hijos.

Optimiza sus labores y se adapta al avance de la modernidad y agiliza con ello sus actividades. “Antes, para arar la tierra usaba un caballo percherón, pero el año pasado con uno de mis hijos decidimos arar la tierra con la fuerza de un cuatriciclo. Se veía un poco raro pero los resultados fueron bastante buenos”, dijo.

Según Moscoso, el desarrollo de la producción en este lugar puede ser un puntal muy importante para el gobierno, ya que se pueden generar fuentes laborales o de subsistencia genuina para los vecinos, quienes a su vez serían una carga laboral o social menor para la institución municipal.

“En mi caso lo tomo como una forma de vivir y subsistir. Tal vez algunos lo vean como que no deja mucha ganancia pero se puede vivir dignamente”, dijo. Agregó: “Fíjese usted que a nosotros, como a muchas personas, nos criaron con el fruto de la tierra. A lo largo de mis años he podido ver que se han criado familias enteras a base de la producción”.

Sostuvo que en la actualidad hay más medios tecnológicos que pueden favorecer la producción. “Hay tractores, hay canales de riego, hay formas de saber cómo va a estar el tiempo, hay lugares habilitados de venta. Hoy es mucho más fácil, está todo armado, solo hay que agacharse y sembrar la tierra”, señaló.

El poder nutritivo de las verduras

Néstor Moscoso contó que actualmente la gente busca el poder nutritivo que tienen las verduras frescas. “Muchos van a la feria que hay dos veces a la semana en Mariano Moreno y hay otros vienen directamente a la chacra a comprar”, dijo. Contó que “esos momentos son muy buenos para los clientes porque pueden conocer el lugar y ver cómo se cosecha”.

A modo de ejemplo, el hombre citó que muchos se sorprenden de la plantación de choclos ya que algunos alcanzan hasta los tres metros de altura.

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