El 11 de marzo de 2011 no fue un día más para el japonés Yasuo Takamatsu. Ese día, su esposa Yuko desapareció llevada por un tsunami que arrasó Japón y provocó una de las mayores catástrofes de la historia en ese país. El hombre todavía conserva en su celular el último mensaje que le envió su mujer: “¿Estás bien? Quiero ir a casa”. La mujer se había refugiado en el tejado de un banco ante el avance de las olas. “Siento que ella aún quiere volver a casa”, explicó Yasuo. El dolor de no poder ayudarla lo llevó a tomar una medida...
“Aprendí a bucear. Siento que podré encontrarme con ella un día si sigo buceando. No tengo más opción que seguir buscándola. Me siento más cerca de ella en el océano”, le dijo a The New York Times. Diez años después Yasuo es un buceador experto. Y no cesa en su búsqueda. El hombre, de 64 años, tiene su licencia de buceo y realiza inmersiones cada semana para tratar de encontrar los restos de su esposa. Hasta ahora, ha realizado, por lo menos, 470 inmersiones. “Me sumerjo como si fuera a encontrarme con ella en algún lugar. Siempre pienso que puede estar en algún lugar cercano”, dijo.
Una vez al mes también se une a las autoridades para realizar búsquedas submarinas de las 2.500 personas que todavía no han podido ser localizadas. Ha encontrado álbumes de fotos, ropa y otros objetos, pero por ahora nada que fuera de su esposa.
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