Argentimba: importando las apuestas más insólitas

Se juega a todo... El Premio Nobel de La Paz, el Papa, Rojo-Cipo. ¿QuiÉn da más?

Fabricio Abatte

Antes, el mundo de las apuestas se circunscribía al casino y las carreras de caballos. Eran épocas en que la timba resultaba un tema tabú en la sociedad. Después, con la globalización, se fueron sumando los deportes y el póker online. Hoy en día se apuesta a todo indiscriminadamente, y existen las más insólitas alternativas de juego.

Desde las lógicas (los partidos de cada fin de semana, la sede de los Juegos o quién va a ganar el mundial de Rusia 2018) hasta las más increíbles e inescrupulosas (el Premio Nobel de la Paz, la designación del Papa, la elección de una reina). Al revés del famoso refrán, en este caso todo queda librado al azar…

Las apuestas insólitas llegan al país

Dónde caerá un satélite, si el goleador uruguayo Luis Suárez morderá a un rival… Las variantes de apuestas son tan amplias como curiosas. En Argentina se han multiplicado en los últimos años, copiando el asombroso modelo europeo, pues allí todo es “materia apostable”. El nombre de la nueva beba real ya es un clásico y suele ser una de las modalidades que más adeptos suma.

El papa Francisco, cuando fue nombrado sumo pontífice, pagó a razón de 20 a 1 en las apuestas y el reciente premio nobel, el presidente colombiano Juan Manuel Santos, era uno de los candidatos en la “timba previa”.

20 pesos pagó en las apuestas Francisco cuando fue designado Papa.

También en la región

En fútbol, actualmente se puede apostar a todos los partidos de las categorías profesionales del ascenso de la Argentina, Federal A incluido. Allí compiten tres equipos de la zona: Independiente de Neuquén, Cipolletti y Deportivo Roca. El sitio nacional Spingol ofrece la posibilidad de “jugársela” por ellos en sus respectivos compromisos.

Por ejemplo, el sábado se disputó el clásico Rojo-Cipo y el Albinegro, que ganó 1 a 0, respondió a su favoritismo: pagó $2,34, versus los $2,88 que abonaba el Rojo y los $2,92 del empate.

Acá y allá, el mundo se convirtió en una gran timba.

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