Artistas le dan a la ciudad su propio Partenón

El arco está ubicado en el predio donde funcionó una constructora, sobre la calle La Pampa.

Por Julieta Contreras - redaccion@lmneuquen.com.ar

Al rayo del sol, las mujeres avanzan sonrientes con la restauración de lo que los vecinos llaman “el arco”, sobre el cruce de las calles La Pampa y La Quiaca, pintando y pegando trozos de cerámicos. La edificación es parte del ex predio Fattorello, una empresa que se dedicaba al rubro de la construcción.

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El trabajo lleva tres meses en marcha y todavía les quedan cosas por hacer. Aun así, la gente ya se detiene a mirarlo asombrada por su belleza. Lo rebautizaron: Partenón neuquino.

Las docentes Alejandra Marimón, Bettina Ortiz y Rosana Mella son las artistas encargadas de remodelar y resignificar la estructura que adorna la entrada del antiguo predio de Fattorello, cuyo actual dueño cordialmente cedió para la intervención.

La iniciativa nació como propuesta para integrar el 4° Bienal de Arte Contemporáneo organizado por el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). La labor inició en agosto e implica arduas jornadas de trabajo manual. “Lo hacemos por amor al arte”, declaró Bettina.

El Bienal de este año tenía el concepto de puentes como consigna para las ideas a presentar. “Los puentes que proponemos hoy son los que abren caminos y plantean nuestros deseos”, sostuvo Ivana Quiroga al respecto, coordinadora general de Museos de la ciudad.

La intervención que realizan las docentes se trata de una muestra de sincretismo cultural, un proceso en el que se amalgaman dos culturas disonantes para confluir en una nueva tradición o elemento.

Detrás del motivo de los colores y dibujos elegidos se esconde una historia que se remonta a muchos siglos, pero su objetivo no deja de ser muy actual.

“Como artistas, tenemos la labor de resignificar la historia desde una mirada contemporánea. Por eso nos inspiramos en el Partenón griego, dedicado a Atenea, diosa de la sabiduría y el arte”, explicó Alejandra.

Trabajo: Si bien la obra la hacen a pulmón, las artistas lograron el apoyo de instituciones y comercios.

La mujer es símbolo central de la obra y se presenta en cada rasgo a la vista: dos círculos en los extremos del arco que simbolizan los ovarios y la señalan como fuente de vida; la llama, porque la mujer “todo lo enciende y lo ilumina”; dos rostros que aluden a las ánforas, y apliques de soles y lunas en yeso señalan la naciente de cada astro en el lugar que ocupa la arcada.

La estructura, además, contará con elementos identitarios de la región: las banderas nacional, provincial, mapuche y la whipala, flameando sobre los pilares, y araucarias e instrumentos musicales autóctonos, según explicaron las artistas.

La historia detrás de la obra

El predio donde está ubicado el arco perteneció a Gualtiero Alessandro Fattorello, un inmigrante italiano que trabajó en sus inicios como albañil y luego fundó la empresa dedicada a las construcciones de hormigón armado que funcionó hasta el 2001. El icónico arco donde se realiza la intervención pertenece a una viga que a Gualtiero “le sobró” tras finalizar la construcción de la fábrica Zanon.

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