Asalto al Correo de Plottier: "Eran ellos o nosotros"

A 20 años de una historia a sangre y fuego. El sargento que siguió a los delincuentes y les dio muerte en medio de un tiroteo, recordó el dramático enfrentamiento junto a LMN.

Por Guillermo Elia - policiales@lmneuquen.com.ar

En septiembre de 1999 se produjo un asalto a la sede del Correo Argentino de Plottier, la particularidad del golpe fue que hubo una persecución en la que dos delincuentes cayeron abatidos tras un tiroteo con la Policía. Ese fue el primer registro de que algo estaba cambiando en Neuquén, de hecho, este medio relató en ese entonces: “No hay antecedentes que indiquen en Neuquén que un asalto terminó de esa forma; a sangre y fuego, igual que en Buenos Aires”.

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El asombro no solo ganaba espacio en la prensa sino también entre los policías, porque hasta ese momento, “cuando los ladrones estaban rodeados por la Policía se entregaban, era casi un código, pero esa vez abrieron fuego y casi nos matan”, recordó Enrique, el sargento de policía que ultimó a los dos atracadores mientras su compañero se desangraba tras recibir un tiro en el rostro que no lo mató de milagro.

Enrique, que se retiró de la Policía en 2009 como suboficial Mayor, recordó el episodio junto a LMN.

El golpe

Todo se remonta al 6 de septiembre de 1999, la actividad en el Correo era la de costumbre para esa época. Minutos antes del mediodía, los vecinos y empleados sufrieron una desagradable sorpresa que con el tiempo se transformó en una historia para contar.

Dos jóvenes delincuentes, armados y a cara de descubierta, entraron al grito de “esto es un asalto”, el resto fue de manual; amenazas verbales y a punta de pistola, golpes intimidatorios a empleados y clientes hasta que los pusieron a todos boca abajo en el suelo.

Rápidamente se alzaron con la recaudación, 2.300 pesos, y se dieron a la fuga en un Volkswagen Polo blanco que resultó ser un remis.

Todavía las víctimas estaban intentando saber si ya se habían ido los asaltantes, cuando una mujer que estaba casi enfrente del edificio y vio la escena, paró un móvil de la Policía que pasaba ocasionalmente por el lugar y le contó todo lo visto con detalles.

En paralelo, otro vecino llegó corriendo a la sede de la Comisaría Séptima, ubicada a un par de cuadras del Correo, y dió cuenta de lo ocurrido a Enrique que acababa de llegar con su compañero de un recorrido por la localidad. Ambos policías eran suboficiales integrantes del cuerpo de motoristas.

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Persecución y tiros

A esta altura de los acontecimientos, solo habían pasado unos minutos del atraco, y la Policía ya se desplegaba para tratar de darle alcance a los delincuentes con datos muy precisos.

“Salimos de inmediato y nos pusimos de acuerdo con otro móvil, que era una camioneta. Ellos agarraron por Ruta 22 para el lado de Senillosa y con mi compañero fuimos en las motos por la ruta para el lado de Neuquén. Son rutas obligadas de hacer, pero cuando se comete un hecho difícilmente el delincuente vaya por ese lado. Lo más lógico hubiese sido que no se fueran por la ruta, pero bueno fue así y nosotros los encontramos”, recordó el entonces sargento.

“Ellos iban en un Polo blanco y los alcanzamos antes de llegar al triángulo de Plottier en el viejo ingreso a la Herradura”, detalló el policía retirado.

A partir de ahora, describe maniobras que parecen eternas en base a decisiones que se tomaron en fracciones de segundos.

“Me le puse a la par del auto y le hice señas para que pararan. A los 100 metros se estacionaron y hasta ahí estaba todo bien”, da cuenta.

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“Yo hago una maniobra para dejar la moto de frente al vehículo. Mi compañero se paró atrás y me hizo señas para que tuviera cuidado porque nos habían dicho que estaban armados. Los hicimos bajar del coche. A dos los mandé para el lado de adelante con las manos arriba del capó y el tercero fue atrás con las manos en el baúl. Ahí los íbamos a tener hasta que llegara el personal de apoyo”, recordó.

En ese segundo en que todo parecía estar bajo control y la respiración y los nervios comenzaban a relajarse, todo cambió estrepitosamente y el vértigo y la adrenalina se apoderaron de la escena y sus personajes.

“El que estaba atrás sacó un arma y le disparó a mi compañero en rostro. El médico, después nos explicó que se salvó de milagro porque al mover rápidamente la cabeza provocó que el proyectil le ingrese por arriba del labio haciendo un recorrido extraño ya que entró y salió en dos ocasiones, pero solo perforó carne, sin tocar ni un solo hueso de la cara”, explicó Enrique.

Mientras su compañero tenía el rostro y el pecho bañado en sangre, “el otro delincuente que estaba sobre el capó, con el chofer, sacó un revólver y me disparó dos tiros. No me pega, pero sale corriendo y cruza la multitrocha. Yo le apunto, pero no disparo porque justo había cortado el semáforo y había varios autos parados sobre la ruta”, describe el sargento esos segundos que siguen grabados en alta calidad en su memoria.

El delincuente cruza para el lado de lo que era la granja El Chaual. “Ahí vuelve a dispararme y yo le tiro y lo hiero de muerte. Él después va a seguir corriendo, pero cae a los pocos metros sin vida”, cuenta el suboficial quien no tuvo tiempo para nada porque “ni bien me doy vuelta, veo que el otro lo iba rematar a mi compañero así que le disparo. El delincuente corrió y se metió al auto, en la parte de atrás. Cuando me asomé por la luneta, veo que me quiere disparar así que le tiro y ahí muere”, concluyó así la escena que habrá durado menos de un minuto a pura intensidad.

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No faltaba una moneda

Ni bien llegó el apoyo, se pidió asistencia para el suboficial herido que fue derivado al Hospital Bouquet Roldán.

Por su parte, a Enrique se le inició un sumario administrativo de rigor por la actuación. Le secuestraron el arma para ser peritada y ese mismo día lo llevaron en un móvil a ver a su familia que estaba preocupada porque se enteraron por la radio, LU5, de todo lo ocurrido.

“Horas más tarde regresé, pero en ese momento mi jefe autorizó a que me llevaran para que mi familia me viera y se quedaran tranquilos al verme y saber que estaba bien”, recordó Enrique.

Tras el procedimiento, se tardó como dos días en lograr identificar a los delincuentes

En la escena del crimen, los peritos secuestraron las vainas y de la ropa de los delincuentes recuperaron la mayor parte del dinero, el remisero entregó otra parte del botín y dijo que se la dieron a modo del pago por el viaje, pero nunca se logró demostrar que haya sido cómplice de los asaltantes abatidos.

Los hermanos sean unidos Como los atracadores no tenían documentos no se pudo determinar la identidad casi por 48 horas. Con los cuerpos tirados en el suelo y los rostros a la vista, ninguno de los jefes le vio cara conocida por lo que se sospechó que podría tratarse de delincuentes foráneos.

En ese entonces se pidió desde la Policía del Neuquén colaboración al juzgado, la Policía Federal y al Registro Nacional de las Personas para poder identificarlos.

Finalmente, se pudo establecer que se trata de dos hermanos oriundos de Allen que hacía un tiempo alquilaban una habitación en un inquilinato del barrio Sapere y tenían un familiar que vivía en Confluencia, la abuela.

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Los delincuentes resultaron ser hermanos y fueron identificados como Benjamín Alfredo y Ramón Eusebio Pichihuinca de 27 y 25 años.

La identificación de los cuerpos la realizó el propio padre que residía en Allén y se enteró de casualidad, que habían muerto en un tiroteo, cuando estaba radicando en una comisaría de Neuquén la denuncia por la desaparición de sus hijos.

Durante los allanamientos en las dos viviendas que se relacionaba con los hermanos Pichihuinca, lograron encontrar cheques que los vincularon al robo que había sufrido dos meses atrás la Cooperativa de Teléfonos de Plottier.

Después, la Policía neuquina se enteró que del otro lado del puente, en Río Negro, contaban con antecedentes por robos y se sospechaba de su participación en dos hechos donde habían muerto policías.

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