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Ávalos: las versiones falsas y los sospechosos de siempre

En un recorrido por los 18 años que transcurrieron desde la desaparición del joven estudiante de la UNCo, todos los indicios apuntan a Las Palmas y sus custodios.

El lunes se cumplen 18 años desde que fue visto con vida por última vez el estudiante de la UNCo Sergio Ávalos, un sencillo joven de 18 años, oriundo de Picún Leufú, que fue con sus compañeros de la residencia universitaria a bailar al boliche Las Palmas y desapareció sin dejar rastro.

Desde ese 14 de junio de 2003 se barajaron distintas hipótesis, se chequearon versiones que resultaron falsas y no se encontró ni una mácula de Sergio.

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La teoría más firme, a la fecha, compromete al boliche y expone un entramado de complicidades con las fuerzas de seguridad presentes en el local esa noche, militares y policías, que sellaron un pacto de silencio todavía inquebrantable.

En la Universidad Nacional del Comahue, que costó que se sumara a la causa en ese entonces, lentamente se ha ido perdiendo la memoria de ese alumno aplicado que aprobó los ocho parciales que rindió en el único semestre que alcanzó a cursar en la carrera de Administración de Empresas.

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Los Ávalos y la joya perdida

Es interesante, antes de sumergirnos en una marea de información, conocer el perfil de Sergio. Era callado, tímido, sencillo, respetuoso, inteligente, estudioso, disfrutaba con sus amigos y muy familiero. Nunca participó en riñas ni consumió droga o alcohol en exceso.

Las únicas mentiras piadosas que se permitía salían a la luz en las tardes de truco y mate con sus amigos del barrio en Picún.

Sergio era la joya de los Ávalos. El primero al que entre todos, padres y hermanos, le daban una mano para que estudiara una carrera universitaria. En medio de tanta humildad, la familia se enorgullecía de poder tener a su hijo en la facultad.

Don Asunción, el padre, tiene una chacra de unas cinco hectáreas en las afueras de Picún, donde permanece en la actualidad para no arriesgarse a contraer el coronavirus.

Esa chacra era el sueño conjunto de Asunción y Sergio. Tenían solo alfalfa en un principio, pero la idea era que mientras el joven cursaba sus estudios, su padre iba a plantar hortalizas y una vez que Sergio se recibiera, iba a ser el administrador.

A ese sueño, el emprendimiento de la chacra, Sergio le puso el nombre de fantasía CONESFE (Confianza, Esperanza y Fe), y de ahí saldrían sus productos para toda la región. Hasta el nombre elegido refleja lo sano y honesto que era este joven aspirante a administrador de empresas.

Para la familia, Sergio fue asesinado en Las Palmas. Ya hace años que no está presente esa chispa de esperanza de que aparezca con vida, proceso que les costó asumir en un duelo de largo aliento. Ellos entienden que es parte de la dura verdad de una historia siniestra.

Ahora, solo pretenden “saber lo que le pasó, que paguen sus autores y encontrar los restos de Sergio”, resumió Mercedes, su hermana.

Fue tan grande el dolor que sufrió la mamá del joven, Margarita, que entre la pena y una enfermedad en 2010 la muerte se la llevó. Es por eso que don Asunción no se cansa de pedirles “que desde el cielo me manden una señal para saber qué pasó con Sergio”.

Asunción, de 84 años, y Mercedes son los bastiones de una lucha por la verdad que no cesa y no claudica, ni siquiera en tiempos de pandemia.

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Todas las versiones

El recorrido por los 18 años sin respuestas sobre el paradero de Sergio Ávalos abre un sinfín de puertas que fueron exploradas tanto por la familia como por los investigadores.

En el camino surgieron líneas que se podrían pensar como distractivas, para alejarlos de la oscura trama interna de lo ocurrido en Las Palmas el 14 de junio de 2003, donde Sergio fue visto por última vez a las 7 de la madrugada.

La noche anterior, Sergio y cuatro compañeros comieron un asado en la residencia y de ahí partieron a Las Palmas. Ingresaron minutos antes de las 3, pero a las 2:48 las cámaras del boliche, extrañamente, dejaron de grabar.

Si fue casualidad, es una de esas casualidades que alimentan las sospechas de que algo ocurrió en el local bailable.

Cuando Sergio no volvió a la residencia ubicada en el barrio Santa Genoveva, los compañeros supusieron que se había enganchado con alguna chica, por lo que no hubo demasiada preocupación.

Lo cierto es que Sergio tenía pensado, ese sábado 14, tomarse el colectivo para volver a Picún y pasar el Día del Padre con su familia.

Don Asunción esperó en vano y hasta la ausencia de un llamado le resultó una extrañeza impropia de Sergio.

La familia fue la primera en alarmarse, pero el encargado de la residencia, Marín Eduardo Herrera, al no tener novedades del joven, el 17 radicó una denuncia en la Comisaría Primera y brindó una detallada descripción del estudiante ausente.

Esa ventana temporal de 48 horas entre la desaparición y la denuncia, permitió la impunidad en la que se encuentra la causa.

El 18, don Asunción desembarcó en Neuquén y arrancó un calvario que cumple 18 años, la misma edad que tenía Sergio al momento de la desaparición.

A partir de entonces, surgieron distintas versiones e hipótesis que de una u otra manera terminaron volviendo a los sospechosos de siempre, a los que la Justicia Federal podría llegar a imputar este año si el COVID-19 aplaca su mortal segunda ola.

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Compañeros en la mira

En los primeros momentos de la investigación criminal, sus compañeros no solo brindaron testimonio y confiaron a las autoridades que a las 7 lo vieron dentro del boliche, sino que también pasaron a convertirse en sospechosos, aunque con el avance de las pesquisas los descartaron.

La teoría que incriminaba a los compañeros advertía que podría haberse producido una discusión entre ellos en el asado y que le habrían dado muerte arrojando su cuerpo en la meseta o a las aguas del río Neuquén.

La hipótesis fue desechada tras los rastrillajes que se realizaron en el área. Además, los estudiantes no eran mano de obra calificada como para hacer desaparecer un cuerpo, por lo que habrían dejado rastros y, por su juventud, se habrían contradicho y hasta delatado.

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La patota del barrio Sapere

Una de las líneas investigativas, que también quedó trunca, fue la de una patota del barrio Sapere. La historia daba cuenta de que Sergio se habría ido solo del boliche y en el camino a la residencia estudiantil se encontró con esta patota, bastante áspera en esos años, que le dio una golpiza para robarle y se les fue la mano.

Pero en esta teoría no se encontraron elementos ni testimonios que la avalaran y tampoco se trataba de jóvenes que tuvieran la capacidad de hacer desaparecer un cuerpo, detalle no menor.

Las viudas negras

Mientras la angustia de la familia crecía con el correr de los días y las posibilidades de encontrarlo vivo se reducían, se abrieron nuevas líneas.

Entre ellas surgió que Sergio fue seducido y engañado por una joven viuda negra que lo invitó a salir del boliche, y de ahí se abrió un abanico de alternativas posibles sobre su destino final.

Una de ellas fue que se frustró la maniobra de robo de la viuda negra y que su cómplice lo mató y se deshizo del cuerpo.

Otra indicaba que dicha joven lo captó para entregarlo a una organización dedicada al tráfico de órganos.

De hecho, “el ex gobernador Jorge Sapag le entregó en 2011 una serie de artículos sobre el tráfico de órganos y un cuerpo vaciado en La Pampa”, recordó Mercedes.

Don Asunción cargaba en una carpeta esos recortes y en sus tiempos libres buscaba noticias sobre el tema. Con los años, comprendió que fue otra maniobra para sacarlo del foco del caso, que se encaminaba a la prescripción.

Otra de las teorías que incluía a una viuda negra daba cuenta de que a Sergio lo trasladaron a la triple frontera (Argentina, Brasil y Paraguay), donde a los jóvenes los obligaban a trabajar como mulas.

Sobre esta última línea trabajó puntualmente el papá de Sergio. Juntó un par de sueldos para viajar y la Policía le brindó un vehículo, un conductor y recursos. En agosto de 2003 iniciaron una larga incursión en la zona fronteriza.

Don Ávalos hizo guardia en la triple frontera para ver si pasaba su hijo. Luego recorrió los puestos de cada una de las fuerzas de seguridad. Fue en ese derrotero de la búsqueda que terminó llegando a una cárcel del Paraguay donde había un joven con el mismo nombre y apellido, y con características físicas similares.

“Pedí verlo y al verlo sentí alivio porque no era Sergio y eso alimentaba la posibilidad de que estuviera vivo”, contó don Asunción, y agregó: “Al volver de esa excursión por la triple frontera, entendí que la Policía me había llenado la cabeza y que tuvo como finalidad desviar la investigación de la desaparición de Sergio”.

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El capo celoso y el gitano ambulante

Dos líneas más de investigación se indagaron a lo largo de los años.

Una de ellas sostenía que Sergio había estado en Las Palmas con una joven recientemente separada de uno de los capos del boliche que fue el que dio la orden a los patovicas de “aleccionar al pibe”. Se les fue la mano, lo mataron y lo terminaron enterrando en inmediaciones del monolito cercano al puesto de la Policía caminera, en los puentes carreteros, a orillas del río Neuquén.

“Eso surgió por un llamado que se recibió en el Castro Rendón donde uno de los médicos de guardia le pasó el teléfono al policía que estaba de consigna y todo se registró en el libro de guardia. Pero cuando secuestramos ese libro, las hojas esas ya no estaban, se notaba que habían sido arrancadas”, confió una fuente judicial que investigó el caso.

En esa época, la causa estaba en manos del fiscal Maximiliano Breide Obeid, que ordenó rastrillar la zona del monolito con perros que rastrean cadáveres y Gendarmería con un georradar buscó establecer si hubo movimientos de suelo, pero los resultados fueron negativos.

La otra hipótesis que también se manejó, por ese entonces, surgió a partir de un cipoleño que declaró en la Justicia neuquina “que sabía lo que había ocurrido con Sergio Ávalos”.

Esa persona contó que observó a Sergio discutir con un gitano que tenía un puesto de venta de hamburguesas a la salida del boliche y que fue él quien lo golpeó y lo terminó enterrando en el patio de la casa del gitano en Plottier.

Se allanó la vivienda del gitano y no se encontró absolutamente nada. Luego surgieron datos que marcaban al supuesto testigo como un deudor del gitano que estuvo durante unos meses en la mira.

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El numerólogo de Susana Giménez

Durante los primeros años de búsqueda, mientras la Justicia hacía sus averiguaciones, don Asunción y su familia, en la desesperación, recurrieron a todo.

Fue así que alguna vez se les apareció un chamán y en otra un mentalista. “Te decían cosas que uno ya sabía o que habían sido publicadas en los diarios. Solo buscaban aprovecharse de la situación para sacarnos plata”, confió Mercedes Ávalos.

Por ese entonces, la diva de la pantalla chica, Susana Gimenez, había llevado al programa a un numerólogo español, Manuel Martínez, quien se jactaba de que por su conocimiento podía resolver distintas situaciones.

En un recorrido que hizo por el país, don Ávalos, cuando vino a la región, se acercó a verlo y el especialista de esta denominada ciencia le dio información a partir de distintas fechas y otros números que ya no recuerda la familia.

“Le dijo que Sergio estaba cementado en el baúl de un auto en una chacharita”, recordó Mercedes.

Don Asunción, que tiene miles de kilómetros recorridos en busca de Sergio, realizó un raid a pie por todas las chacaritas de Neuquén y hasta sabía cuántas había alrededor del aeropuerto y en otros lugares más.

Esa ilusión se apagó después de un par de meses. El mencionado experto fue encuadrado en la categoría de chanta para esta humilde familia.

A los pies del gran general

Alrededor de 2015, a don Ávalos se le acercó una persona que le confió que a Sergio lo habían enterrado durante unas obras que se hicieron en el monumento a San Martín en el corazón de Neuquén.

Llegó un día a la redacción de LMN y, tras charlar un rato, buscamos en los archivos del 2003 y 2004 sin éxito.

Luego recurrimos a una fuente municipal que verificó las obras públicas de esos años y dijo ninguna se había hecho en el icónico monumento.

Tras un par de días de búsqueda, don Ávalos, siempre muy agradecido, se fue, caminando como siempre, con las manos vacías y los ojos llenos de lágrimas.

La prostituta vip

A mediados de 2017, un hombre charló con un amigo que había sido funcionario de gobierno de Jorge Sapag y le reveló: “Yo conocí a una prostituta que me contó lo que le pasó a Ávalos y no quiero llevarme ese secreto a la tumba”.

Su amigo lo acompañó y el juez federal Gustavo Villanueva le dio fecha para que se presentara a brindar testimonio.

La noche antes, el testigo caminaba por la calle cuando tres hombres bajaron de un Fiat 147, “todos tenían el proceder similar a la policía”, confió. Luego, le dijeron: “Ojo con lo que vas a contar”. Y le asestaron una puñalada.

El testigo se asustó lo suficiente como para negarse a declarar. El juez debió convencerlo, garantizándole la reserva de identidad, y ordenó su custodia por un par de meses hasta que finalmente acudió al despacho de calle Periodistas Neuquinos 171.

Ante el juez contó que la mujer en 2003 era joven y frecuentaba el boliche Las Palmas, donde solía arreglárselas para ganarse algún cliente. Pero, a su vez, participaba de las “fiestas del poder”.

Esto asombró al magistrado, que intrigado le preguntó a qué se refería.

El testigo le detalló que en una vivienda de calle San Martín al 4000, de un conocido sindicalista devenido en político, se hacían reuniones con personas encumbras de Neuquén y llevaban a estas jóvenes prostitutas.

“Ella era la preferida de un funcionario de primera línea del gobierno de Jorge Sobisch”, confesó el hombre, que agregó que en esos eventos además había alcohol y drogas.

Respecto de la noche del 14 de junio de 2003, la joven le habría contado a este testigo que declaró en la Justicia Federal que estuvo charlando con Sergio y que un patovica se lo llevó y lo empezaron a golpear.

“Ella escuchó cuando los patovicas dijeron que se les había ido la mano. Después, a las 7 de la madrugada, observó que lo sacaban del boliche en una furgoneta blanca y escuchó dónde lo iban a llevar”, le dijo el hombre al juez.

El nombre de esa mujer figura en la causa y se supo que se fue de Neuquén al poco tiempo, temiendo por su vida.

Pese a los intentos que se realizaron por localizarla, a la fecha no la han podido encontrar, aunque saben en qué provincia estaría viviendo.

Esto alimenta la afirmación de Mercedes cuando dice: “Sergio es una piedra en el zapato del poder”.

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Los sospechosos de siempre

Desde que arrancó la causa Ávalos, la familia nunca dejó de sospechar del boliche y de todo el personal de seguridad, compuesto por una guardia interna y otra externa con militares y policías.

El boliche era propiedad de Pedro Raúl Nardadone, quien había puesto como encargado a su yerno, Patricio Sesnich.

De acuerdo con los documentos de la causa y de la Procuraduría General de la Nación, la noche que desapareció Ávalos, además del encargado, estaba presente, en seguridad, Rubén Ferreyra, muy allegado a Nardadone. A este se sumaban los militares Sergio Torres, Roberto Alejandro Costa, Osvaldo Carracedo, María Alejandra Siboldi y Pedro Sepúlveda Palacios, un militar chileno retirado.

Los policías neuquinos que se encontraban en el lugar eran Juan Darío Arévalo Smith, Irene Fuentes, José Luis Flores y Alfredo Humberto Cortinez; además, había un empleado de la Municipalidad de Neuquén, Eugenio Alejandro Tarifeño, que también está en los registros como personal de seguridad.

Los abogados querellantes Sergio Heredia y Leandro Aparicio avanzaron a lo largo del año pasado y parte de este con testimoniales en la Justicia Federal, muchas de ellas por Zoom.

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“Sergio entró al boliche y de ahí no salió con vida. Cuando vos pagás la entrada a un local, es como si firmaras un contrato con el dueño, y acá la responsabilidad recae sobre ellos”, explicó Sergio Heredia a LMN.

Los letrados apuntan a la responsabilidad del boliche, pero en el camino se va ajustando la mira sobre determinados personajes oscuros en esta causa.

Entre estos, Patricio Sesnich, al que los empleados que declararon confiaron conocerlo como “el Pato”.

No solo lo describen y cuentan sus actividades, sino que además afirmaron que “sabía todo lo que pasaba en el boliche”.

Sesnich andaba con un handy y se paseaba por todo el local. Él disponía a qué hora se habilitaba la taquilla y ordenaba la seguridad del boliche.

Incluso, vigilaba las cámaras y, si observaba alguna irregularidad, llamaba a los empleados para decírselo. En Las Palmas, nada ignoraba el Pato, por lo que es casi de ficción pensar que no supo que golpearon a un joven y lo mataron.

Lo que supone la querella, con buen tino, es que como unas semanas antes una joven fue brutalmente golpeada y denunció el incidente, que fue replicado en los medios, el Pato buscaba evitar un motivo, como por ejemplo un golpiza que devino en muerte, para que clausuraran el local.

Sesnich también es recordado por la Justicia neuquina porque en noviembre de 2012 fue detenido durante una entrega controlada de dinero. Tras una larga investigación policial que siguió los pasos de la denominada banda de Los Cobradores, que se dedicaban a extorsionar y amenazar de muerte a empresarios de la región. Las pesquisas pudieron establecer que hubo casi una decena de víctimas, por un botín global de medio millón de pesos en aprietes.

Pero volvamos a Las Palmas 2003. En las testimoniales que se tomaron durante la pandemia, las empleadas resaltan el importante rol que tenía “la Chechu”.

De acuerdo con las declaraciones, todos la identificaban como “la pareja del dueño y la jefa de la barra”.

Además, la marcaron como la proveedora de cocaína a las chicas de la barra para que aguantaran toda la noche. La Chechu también solía ponerles vestidos rojos muy cortos cuando tocaba algún grupo y subían al escenario a bailar.

Otro personaje que se impone en la escena es el ex militar chileno, que también hacía las veces de sereno y en cuya vivienda, dentro del predio de Las Palmas, secuestraron un papel donde figuraba cada una de las respuestas que debían dar los integrantes de la seguridad cuando fueran entrevistados por la fiscalía.

El papel, que es la coartada convenida, fue incorporado al expediente en septiembre de 2003. Cuenta con un simple punteado que dice: “Yo colaboro con la seguridad; no lo vi ingresar a Sergio; no tengo relación con lo de Sergio; desconozco todo movimiento de Sergio; no sé todo lo que pasa en el boliche y nunca participé en actos violentos”.

De esos dichos, nunca se corrieron ni una línea. Es decir, se trata de gente disciplinada, por eso se habla de un pacto de silencio.

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¿Qué pasó con Sergio?

“Ese chico vio algo o estuvo con alguien y los patovicas le dieron una paliza y lo mataron. Después lo sacaron del boliche y lo hicieron desaparecer. A 10 minutos de Neuquén, para el lado que vayas tenés inmensas zonas agrestes”, confió un funcionario judicial que estuvo en los comienzos de la investigación.

La teoría, palabras mas, palabras menos, es la misma que sostiene la familia y que propuso en su momento el querellante Virgilio Sánchez que logró que la causa no prescribiera y en noviembre de 2014 fue declarada la desaparición forzada de Sergio Ávalos que ahora investiga el juez Federal Gustavo Villanueva.

Con algunos nuevos avances, los actuales querellantes Heredia y Aparicio sostienen la misma teoría, pero van corriendo un velo que deja al desnudo algunos personajes del boliche y las complicidades con los integrantes de la seguridad de Las Palmas.

“A Sergio lo mataron entre las 7 y las 7:15 dentro del boliche, porque está acreditado que entró pero no que salió. La responsabilidad es de quienes manejaban el boliche y las fuerzas de seguridad”, afirmó Heredia, que avanzará con una demanda millonaria al dueño del local.

Todo esto deja latiendo una pregunta: ¿qué hicieron con su cuerpo? ¿Dónde lo descartaron? En el expediente figuran decenas de lugares, pero lo que hay que entender es que en la región un cuerpo se puede desaparecer arrojándolo al agua o enterrándolo. Son las dos modalidades más frecuentes.

En investigación criminal se sabe que el agua devuelve los cuerpos, pero la tierra no. Por lo que para la mayoría de los que pasaron por esta causa, a Sergio lo enterraron en algún lugar.

Uno de los primeros lugares inspeccionados fue el boliche. Se llegó a decir que a Sergio lo habían puesto en las paredes, que lo habían tirado a la cloaca, en el interior de una cámara frigorífica y en los baños.

Las Palmas fue peritado 10 días después de la desaparición de Sergio con un grupo de expertos de Gendarmería Nacional, y no se encontró ni una mácula de sangre del joven.

Con el correr de los años se hicieron nuevos peritajes. Gendarmería pasó el georradar por diferentes sectores, entre ellos las paredes, que también en algunos casos fueron picadas, pero nada.

El 1° de diciembre de 2015, desembarcó en Neuquén el Equipo Argentino de Antropología Forense, los mejores expertos del país.

Revisaron cada rincón del edificio y su predio para poner fin al enigma y dar una respuesta categórica: no hay nada.

Por afuera del boliche se revisaron chancherías, las piletas de agua del EPAS, el batallón del Ejército, los cimientos de la casa de los hermanos Soto que habían trabajado en esos años en el local bailable, una casa en Plottier, además de las chacaritas que se encargó de recorrer don Asunción, pero nunca se dio con los restos de Sergio.

Esto deja a la vista que quienes mataron al joven estudiante y se encargaron de desaparecerlo eran mano de obra calificada para hacerlo, por eso es que el seguidor continúa apuntando a la custodia del boliche.

Recompensa

¿Qué hizo el gobierno a lo largo de los años? Silencio y, cada tanto, cuando las repercusiones eran muy fuertes, aumentó el monto de la recompensa, que en la actualidad asciende a 850 mil pesos, por información clave que ayude a esclarecer la causa.

La recompensa siempre tiene por finalidad quebrar cadenas de lealtades y en este caso, donde los sospechosos están calificados y disciplinados, es muy difícil que el dinero los tiente porque está en juego su libertad y la ruina de toda su familia.

Ahora, solo resta esperar que la pandemia permita a los querellantes terminar con los testimonios y elevar las imputaciones. De prosperar, podríamos abrirse una caja de Pandora que revele la tragedia que padeció Sergio Ávalos.

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