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Banksy, el artista que nadie conoce y vende obras por millones de dólares

A través de su técnica de esténcil, genera mensajes con críticas al capitalismo, la guerra y la sociedad de consumo, que lo hicieron reconocido en todo el mundo. Sin embargo, su identidad es un misterio.

Por Sofia Sandoval - ssandoval@lmneuquen.com.ar

Nadie sabe quién es. Ni siquiera sus padres. Pero es, sin dudas, el grafitero más famoso del mundo. Banksy tiene más de 7 millones de seguidores en las redes sociales y sus obras se han convertido en símbolos del arte callejero a nivel mundial. Pero apenas un puñado de amigos íntimos conocen al dueño de las manos que pintan murales por las principales ciudades del mundo y que llaman a la reflexión con sus críticos mensajes sobre la guerra, el consumo, la pobreza o la represión.

Con el ceño fruncido, un pañuelo que le cubre la mitad del rostro y una gorra visera puesta al revés, un hombre joven apunta con el brazo izquierdo a una presa determinada y flexiona el derecho como para ganar más impulso. Así, y por la fuerza balística, su munición llegará con más peso a su objetivo. Pero en la mano no lleva una piedra ni una granada. No. Tiene un ramo de flores.

La obra, que se llama Love is in the air (“El amor está en el aire”), se hizo conocida en el mundo como “Flower Thrower” (“El arrojador de flores”) y es una pintura con técnica de esténcil que apareció en 2003 sobre el muro de una entidad bancaria en la ciudad de Jerusalén. Quienes la interpretan afirman que se trata de un mensaje de paz: el amor y la serenidad que transmiten las flores, en el cuerpo tenso de un manifestante.

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La fuerza de la obra de Banksy parece estar puesta en el mensaje. Usa esténciles, plantillas y un poco de pintura en sellos que pueden reproducirse fácilmente por el planeta. Pero lo que importa no es la técnica sino el significado detrás de cada rocío que se esfuma de su aerosol. Así, con trazos simples y unos pocos colores, el artista británico logra conmover a millones.

Nadie conoce su verdadero nombre, por lo que es imposible comprobar cualquier dato de su biografía. Sin embargo, los registros afirman que Bansky nació en 1974 en Yate, una ciudad situada al sudoeste de Gran Bretaña, en las cercanías de Bristol. A esa ciudad costera se mudaron sus padres en los años 80 para mejorar sus ingresos económicos, y fue allí donde el Bansky adolescente descubrió el universo del grafiti.

En esa década, cuando el arte callejero estaba en su auge, el británico conoció al artista parisino Blek le Rat, a quien aún considera como su principal influencia a la hora de pintar. Unos años más tarde, creó el grupo DBZ (Bristol’s DryBreadZ) y su fama se fue incrementando de manera ininterrumpida. Ya en esos años imprimía un significado social a sus mensajes: llenó la ciudad de Bristol de grafitis de ratas, un sello que usó para criticar al capitalismo.

El primero en descubrir su talento fue el fotógrafo Steve Lazarides, que le prestó ayuda económica y creó un portal en el que recopilaba las fotografías de todas las obras del grafitero, que muchas veces eran borradas por el Estado o por los frentistas que querían recuperar el blanco de sus fachadas.

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A principios de los 2000, ganó popularidad gracias a una serie de exposiciones en su país natal. En 2007 expuso algunas de las obras más impactantes con las que había cubierto el “Muro de la vergüenza” en Cisjordania. En esa pared, el artista plasmó imágenes de paisajes idílicos que asomaban a través de un hueco en el muro, otras de niños que intentaban escapar volando con la ayuda de unos globos. Su mensaje ganó repercusión a nivel mundial y, al día de hoy, existen rutas turísticas en ese país que recorren los grafitis.

Las redes sociales se encargaron de masificar las obras del grafitero británico a través de un sinnúmero de reproducciones que alentaban a los usuarios a reflexionar sobre los temas más dolorosos de la sociedad actual o a salir a cazar las imágenes por distintas latitudes del planeta. Así, ese nombre ficticio que oculta uno verdadero se convirtió en uno muy reconocido de la actualidad y, muy pronto, su trabajo fue codiciado en el universo artístico hasta valer millones de dólares en las galerías más exclusivas de Londres y Nueva York.

Ese desembarco en el mundo de los compradores de arte le valió sus críticos. ¿Cómo pasó de criticar el capitalismo pintando ratas a escondidas de las autoridades a convertir su trabajo en un fetiche del consumo burgués? ¿No era una traición a su propio sello, crítico de la sociedad de consumo y la explotación?

Hay quienes aseguran que su llegada a las galerías es una verdadera contradicción. Otros no. Consideran que Banksy busca penetrar el sistema para quebrarlo desde adentro, para demostrar que ese arte que roza lo vandálico puede también ser valorado por los curadores de los museos por una sola razón: porque el mensaje importa. Quienes aún dudan de las intenciones del grafitero se dejan convencer por su última hazaña, cuando propició la destrucción de uno de sus cuadros más famosos.

Un viento fuerte despeina desde atrás a una niña de pocos años. La misma ráfaga le extiende el vestido hacia el horizonte y le arranca de las manos un globo rojo, que contrasta con su silueta oscura y que tiene forma de corazón. Ella lo observa con un brazo extendido, como queriendo aferrarse a ese amor que se le vuelva de las manos.

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La obra se llama Girl with Balloon (“Niña con Globo”) y protagonizó una controvertida subasta. El esténcil reposaba dentro de un marco dorado mientras los postores alzaban las manos en precios cada vez más altos. 100 mil, 200 mil, 400 mil y la apuesta era cada vez más elevada. Los diarios anuncian que la pintura se subastó por 1,4 millones de dólares y cuando el martillo dio su golpe final sobre el atril, ocurrió lo menos esperado: el propio marco comenzó a triturar el lienzo.

Banksy lo explicó con un video que compartió a través de sus redes sociales. Incluyó una trituradora secreta oculta en el marco dorado, sólo para usar en caso de que alguna vez la pintura se subastara. La transacción ocurrió y, en el instante mismo en que se vendía la obra, la máquina se accionó y la mitad de la lámina quedó hecha trizas, para demostrar que hay arte que no se puede comprar.

Los críticos no tardaron de acusar al artista de haber hecho un montaje publicitario. Él afirmó que la obra había sido realmente triturada y que ni el postor anónimo ni la exclusiva casa de subastas Sotheby’s de Londres sabían lo que iba a suceder.

Sin embargo, los expertos en arte vieron el revuelo con agrado: consideraron la destrucción de la obra como un hecho artístico en sí mismo, por lo que indicaron que el valor del cuadro a medio romper había duplicado su valor de mercado. Así, otra vez, Bansky puso en jaque al capitalismo.

."The urge to destroy is also a creative urge"- Picasso
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Aunque nadie conoce el rostro del grafitero, el británico sí fue portada de revistas. Salió en un ejemplar de Time con una bolsa sobre la cabeza y unos trazos de grafiti que le dibujan una expresión caricaturesca. Apenas se veían sus brazos cruzados y cubiertos por un buzo de algodón gris. En las escasas declaraciones que hizo a la prensa, afirmó que sus padres no conocen su verdadera profesión, ya que les afirmó que se gana la vida como decorador. De este modo, la leyenda sobre su verdadero nombre motivó profundas investigaciones que buscan delatar su identidad.

Las distintas especulaciones siempre han tenido un candidato principal: Robert del Naja, fundador y líder del colectivo musical Massive Attack. Una investigación del periodista Craig Williams aseguraba que, al menos una decena de veces, los grafitis de Banksy coincidieron con una gira de Massive Attack.

La Universidad de Queen Mary de Londres también dedicó un estudio específico para desentrañar el nombre detrás del famoso apodo. Apuntaron a un artista de Bristol de 44 años llamado Robin Gunningham que estuvo involucrado en la construcción de un parque temático que Bansky auspició bajo el nombre de Dismaland y que buscaba hacer una crítica a la industria de Disney.

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Hay otros, sin embargo, que consideran que su manager podría ser la persona detrás del artista, y quienes apuntan al artista Thierry Guetta, más conocido como Mr. Brainwash, quien también fue objeto de sospechas por las referencias en el documental Exit Through the Gift Shop con el que el grafitero británico se ganó una nominación al Oscar.

Por más que su rostro sea desconocido, su trabajo ha ganado tal visibilidad que el ambiente artístico espera con ansias una nueva intervención del pintor callejero. Así, celebraron en 2017 la apertura de su hotel Walled Off Hotel, en Belén (Palestina) justo frente al muro de Cisjordania. El emprendimiento busca generar una crítica a la ocupación israelí de Palestina y tiene habitaciones decoradas con pinturas de protesta a cargo del propio grafitero y otros reconocidos artistas.

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En Navidad llegó su último trabajo, que fue un titular en los diarios del mundo. "car of Bethlehem ("Cicatriz de Belén"), representa el tradicional pesebre en el que nació Jesús con el muro que separa a Israel de los territorios palestinos, atravesado por un balazo de mortero creando la figura de una estrella. Así, juega con los símbolos del mundo cristiano y la dura realidad que atraviesan, en la actualidad, los territorios que fueron escenarios del nacimiento de Cristo.

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Es imposible afirmar si el rostro de Banksy se conocerá alguna vez. Pero su prolífica obra, a veces efímera, ya parece haber dejado una huella profunda en la sociedad y en todos los que recorren las calles con los sentidos alertas, expectantes a cruzarse con una verdadera obra de arte en una pared cualquiera.

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