Una llamada de la Comisaría de Rincón de los Sauces les cambia la rutina a dos hermanos, que dejan sus puestos de trabajo y salen a buscar personas. José Hernández trabaja en una empresa petrolera y Hugo es peón de campo en una estancia mendocina. Ante la alerta, suben a sus caballos y salen río abajo o a campo abierto, dependiendo el caso.
“Para nosotros es un privilegio ayudar a la Policía”, aseguró Hugo, que hace jornadas rotativas. La mitad del mes vive en Rincón y la otra parte la trabaja en la estancia que queda a un río y cuatro horas de cabalgata.
Los hermanos son de pocas palabras, aunque Hugo, el menor, es el más extrovertido de los dos. Nacieron y se criaron en Rincón de los Sauces. Son testigos del crecimiento de la localidad petrolera del límite con Mendoza. “Los hermanos son descendientes de Tehuelches y pasaron toda su vida acá”, dice el comisario de la ciudad, Oscar Ceballos.
Hijos de crianceros, son los únicos que “conocen bien a todo Rincón y sus alrededores”, apunta el comisario. El Río Colorado, que delimita la provincia de Neuquén con Mendoza, es un afluente “traicionero”. Dependiendo del deshielo, su caudal y fuerza crecen, y genera una zona muy peligrosa para transitar. “Pero para que te des una idea Hugo lo cruza a caballo cada vez que se tiene que ir al trabajo”, contó Ceballos, al aclarar que el camino es más corto que ir en auto por la ruta.
Al conocer todos los campos que rodean la ciudad, de saber cuándo y por dónde moverse, es que hace varios años que los hermanos Hernández colaboran de forma voluntaria con la comisaría local. El fin de semana pasado, cuando un hombre desapareció y se lo había visto por última vez en la zona del río, Ceballos le avisó a Hugo y ambos hermanos comenzaron a buscarlo río abajo.
“Fue el viernes pasado cuando comenzamos con la búsqueda y no podíamos ir en camioneta. Ese sector se hace sí o sí a caballo, pero no todos lo pueden hacer porque es muy peligroso y no expondría a otros vecinos a semejante riesgo”, explicó Ceballos, quien salió a cabalgar con ellos el primer día para ver cómo estaba la situación y el clima.
Por momentos, la vegetación a la vera del Río Colorado se hizo tan tupida que debían cruzar varias veces el río para seguir avanzando. “Hugo es el más aventurado, se largaba al río como si nada. Se quedó dos veces empantanado y a veces es muy mandado. Y, mientras él buscaba en lugar imposibles de llegar, nosotros estábamos atentos y lo intentábamos sacar cuando la cosa se complicaba. Porque siempre tiene que haber alguien que lo saque”, aseguró.
Además, expuso que esa parte del río es “tramposa” y explicó: “El afluente tiene muchas cosas, además de que por momentos es muy profundo y tiene un pantano en el suelo, tiene también muchos desnivel y, por momentos, mucha correntada. El agua baja a alta velocidad”.
Tras varias horas de búsqueda, decidieron continuar el sábado porque ya era de noche. José debía entrar a trabajar ese día en el campo, pero llamó a su jefe, le explicó la situación y se tomó la jornada para continuar con la búsqueda de este hombre de 82 años.
En las primeras horas del sábado fue que estos baquianos encontraron el cuerpo en una pequeña isla en medio de Río Colorado. “Había una porción de tierra en medio del caudal y ahí lo vimos. Estaba a 32 kilómetros río abajo desde donde lo vieron por última vez”, contó Hugo.
Inmediatamente, dieron aviso a Ceballos y se llevó a cabo el operativo. “Gracias a ellos pudimos dar con el hombre porque estos hermanos se dan cuenta del curso del agua, de la profundidad, de dónde se pudo haber hundido, por dónde pudo haber avanzado. Y eso es lo que nos ayuda mucho, su sabiduría nos da tranquilidad”, explicó el comisario, tras desarrollar: “Ellos saben leer la naturaleza con su climatología. En todas las épocas del año que hay deshielo es mucho más complicado. Saben observar el nivel del agua y más en estos momentos en donde el caudal se comió varios metros de playa”.
Si bien el Río Colorado es uno de los accidentes geográficos más complicados de leer de la zona, estos hermanos “conocen cada rincón, cada montaña y cada superficie”. Hace algunos meses, otro hombre mayor intentó volver a su campo, pero se perdió. Estuvo 24 horas perdido en la periferia de Rincón, sin saber a dónde estaba, sin alimentos y con poco abrigo.
“Ahí, cómo entre otras tantas veces, lo llamamos hermanos. Ese día estaban trabajando y tardaron un poquito más en llegar, pero aparecieron en Rincón y a las horas, fueron siguiendo rastros y lo encontraron”, contó el comisario.
Es que al saber leer la geografía, también pueden observar las huellas humanas y de distintos animales. “Ellos se paran, observan, y van siguiendo su hipótesis y en todas las veces que nos ayudaron, nunca fallaron”, dijo Ceballos.
Ambos hermanos aseguran que es un orgullo que la policía confíe en ellos. “Para nosotros es una tranquilidad que ellos puedan colaborar. Son parte de la seguridad de nuestra ciudad”, concluyó el comisario Ceballos.
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