Barril local: petroleras ceden plata para cuidar los precios

Surtidores calientes. El Gobierno condicionó la liberación del mercado que decretó en octubre del año pasado. En pesos, el crudo aumentó el doble que los combustibles en 2018.

Por Javier Polvani

¿Quién está pagando el atraso de los precios que presentan los combustibles en los surtidores respecto de los que dictaría un mercado desregulado como el que formalmente rige en el país desde fines del año pasado? En primer lugar las compañías productoras de petróleo y, en menor medida, las refinadoras. Las respuestas surgen de voces en off del sector petrolero, que está enfrascado en una pelea sórdida con el gobierno por ordenar los precios con el mercado libre.

El atraso en los precios de venta de los combustibles se contrapone con el clima recalentado por el ánimo de los consumidores que soportan aumentos sucesivos en los surtidores.

De hecho, los combustibles aumentaron del 30 al 35 por ciento en lo que va del año, muy por encima del índice de inflación. Pero el ritmo del alza de los precios al consumidor de las nafta y el gasoil corre desde muy atrás al de las variables principales del mercado libre: las cotizaciones del dólar y del crudo en los mercados internacionales.

El desfase de los precios locales con los internacionales no implica una pérdida neta para las petroleras, sino que afecta los niveles de rentabilidad del negocio. La salida directa de las petroleras para escaparle a esta situación es la exportación, pero esa vía está cercada por el gobierno (ver aparte).

Un efecto directo de esta distorsión es que las compañías que producen petróleo en el país venden el crudo más barato de lo que establece el mercado internacional. Es decir, se ha generado un barril criollo (una cotización nacional despegada del mercado global) de facto. La situación genera tensiones entre el Gobierno, que presiona a las petroleras para contener los aumentos en los surtidores, y las productoras, que pretenden que se cumpla con la libertad de mercado anunciada por el propio gobierno hace menos de un año.

En términos lineales, el precio del barril de petróleo de referencia aumentó 66 por ciento este año si se considera el alza del precio internacional y el impacto de la devaluación. Al iniciarse el año, con 1244 pesos alcanzaba para pagar un barril de petróleo en la modalidad Brent, mientras que ayer hacían falta 2068 pesos.

En el periodo temporal considerado, el petróleo Brent pasó de 66 a 74 dólares por barril y el dólar saltó de 19 a casi 28 pesos por unidad. No son los únicos costos a considerar en la industria de los combustibles, pero son los dos con capacidad de mover el amperímetro general.

Los movimientos de las variables de la ecuación que determina los precios en los surtidores dejaron fuera de mercado a las estaciones de servicio de bandera blanca, es decir, las que compran al mejor postor sin contratos de exclusividad con ninguna compañía refinadora.

En el país hay siete refinerías de crudo. Las que no están integradas a una empresa productora de crudo tuvieron serios problemas este año para conseguir materia prima a precios aceptables para la renta del negocio.

El caso testigo es el de la refinería de Trafigura, en Bahía Blanca, que paralizó la actividad esgrimiendo que no podía trabajar comprando crudo a precio internacional y vendiendo nafta y gasoil a valores nacionales. El grupo holandés compró la planta en mayo a Pampa Energía, que la había adquirido junto al paquete de activos de Petrobras Argentina.

La paralización de la refinación fue acompañada del envío de 200 telegramas de despido a los trabajadores. Tras la intervención del sindicato y de las autoridades políticas, entre ellas el intendente Héctor Gay, y el ministro de Energía, Javier Iguacel, la empresa decidió cambiar los despidos por retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas. El caso de Trafigura es el extremo de una crisis que afrontan las refinerías cuando no son propiedad de una productora con pozos activos en el país.

12 veces aumentaron los combustibles desde noviembre de 2015. Las últimas cinco tuvieron lugar durante lo que de este año. El año pasado hubo dos bajas simbólicas, de 0,1 y 1 por ciento.

Está cerrado el grifo de las exportaciones

Si bien en los papeles las exportaciones de petróleo están liberadas, las compañías que producen en el país no tienen margen para encarar ese mercado debido a las trabas impuestas por el Gobierno, que responden a la necesidad oficial de contener los aumentos de los combustibles.

Con el cierre del grifo para las exportaciones se reducen las alternativas de las petroleras para colocar su producción. De ese modo, el Gobierno logró que la industria buscara fortalecer la renta por la vía de otras variables de la ecuación que define los precios de venta.

Desfase: El barril de crudo se paga más barato en el país que en el exterior, pero esa vía está vedada.

La situación que se configuró con este esquema les presentó un pasar menos complejo a las petroleras que tienen integrados sus negocios desde los pozos hasta los surtidores que a las que sólo producen.

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