Bizai: "La cuarentena nos hizo valorar lo comunitario"
A la hora de pensar con qué sociedad nos vamos a encontrar cuando salgamos de la cuarentena, la socióloga y docente de la Universidad Nacional del Comahue Jorgelina Bizai sostiene que le resulta difícil imaginarlo porque “lo que más predomina en este tiempo es la incertidumbre”.
En diálogo con LM Neuquén, Bizai precisó que la sociedad se volvió “presentista”, ya que las planificaciones o proyecciones del mañana quedaron “como algo muy lejano”.
¿La situación de confinamiento, distanciamiento social y nuevos hábitos podría conformar una nueva subjetividad?
Creo que sí. Algunos estudiosos coinciden en que esa nueva “normativa” tendrá que reestructurarse y modificarse totalmente desde la adopción de nuevos hábitos, nuevas rutinas que se instalan, una nueva sociabilidad y nuevas formas de ser y de vincularse con el otro, con los otros y las otras, y eso es lo que va a constituir una nueva subjetividad.
¿La cuarentena puso en evidencia el desafío de la sociedad frente a cumplir ciertas normas?
Es cierto, y sobre todo en esta etapa que comienza ahora de flexibilización con responsabilidad social. Creo que ahí está la clave de esta responsabilidad social que es a la vez individual y colectiva. Habrá dos grandes grupos. Por un lado, aquellos que tienen una actitud más de rechazo, de enojo, de “a mí no me va a pasar nada”; y por el otro, los que presentan una actitud más positiva, de aceptación de las normas y de asumir y hacer carne esta responsabilidad social. Estas dos actitudes son las que se desarrollaron durante este tiempo de cuarentena. Esa actitud más reactiva es la que se enojó desde el principio, se deprimió, odiaba salir, odiaba el encierro, se queda en la casa en pijama, y la otra actitud, más proactiva, más positiva. Es la que apeló a construir una nueva rutina y recurrió a sus grupos sociales que la contienen para seguir adelante.
—El sociólogo francés Hamza Esmili considera al confinamiento un concepto burgués porque afecta de forma diferente a las distintas clases sociales.
El primer análisis que deberíamos hacer es un análisis de clase. Cómo nos afecta la cuarentena depende de la clase social de pertenencia. No es lo mismo lo que le pasa a una persona soltera de clase media que trabaja desde su casa, que el que está preocupado por llevar un plato de comida a su casa. Cuando se tienen las condiciones materiales resueltas, después me puedo preocupar si me aburro o cómo sorteo el aislamiento. El segundo análisis es de composición familiar. Es distinta la situación de una persona soltera de 30 años que vive sola en su departamento, que la de una familia organizando el ámbito doméstico como escuela, trabajo, espacio recreativo, todo junto. Por eso muchos criticaban al señalar “no romanticemos la cuarentena”. En esta línea pensaría lo del confinamiento como un concepto burgués. O las formas de afrontar el aislamiento o el encierro por determinadas clases sociales.
¿También provocó las reacciones más extremas que se vieron reflejadas claramente en las movilizaciones de los anticuarentena?
La cuarentena lo que está mostrando es lo que verdaderamente somos, revela nuestra esencia. Antes de la cuarentena, éramos como somos ahora, lo que hizo la cuarentena fue potenciarlo. Esto también puede aplicarse a estas posturas reaccionarias que estuvieron transitando silenciosamente y luego salieron a criticar al gobierno y a manifestar su postura anticuarentena, que es totalmente irresponsable.
—¿Le parece que habrá un aprendizaje de la sociedad una vez que pase la pandemia?
Los especialistas insisten bastante en este abc de nuevos hábitos que tenemos que mantener y que parece que son la clave. Quiero ser positiva, quiero tener esperanza en este aprendizaje que tiene que llegar para quedarse. La clave está puesta en la responsabilidad social: me cuido yo y, como me cuido, cuido al otro. Una vez que pase la pandemia, esta nueva sociabilidad, que implica adoptar nuevas rutinas y hábitos, se mantendrá por un tiempo. Esto tiene sus puntos positivos porque, si nos cuidamos de esta forma, entonces no nos vamos a enfermar. Por otra parte, debemos valorar esta vuelta a lo comunitario, este retorno a lo local, a movernos en ese círculo pequeño que es nuestro barrio, los vecinos, los comercios, y que tal vez eran lazos que se habían perdido y ahora es un buen momento para recuperarlos. Este círculo de confianza que es en el que ahora nos movemos también comprende esa nueva sociabilidad.
-> Preguntas que abrieron un camino
¿Por qué existe la desigualdad?, ¿por qué hay clases sociales?, se preguntaba Jorgelina Bizai, y la búsqueda de esas respuestas fue lo que la llevó a estudiar la carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires. Nacida en julio de 1978, Bizai obtuvo en 2004 su licenciatura en Sociología y regresó a Cipolletti para desempeñarse como docente e investigadora en la Universidad Nacional del Comahue. Actualmente es ayudante en tres cátedras de la carrera en las facultades de Economía, Humanidades y Ciencias de la Educación, y forma parte del proyecto de investigación “Segregación residencial en las ciudades intermedias argentinas. El caso de Neuquén” que dirige el historiador Joaquín Perren de la Facultad de Economía y Administración de la UNCo.
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