Boca se juega más que River

No le crea del todo a aquel de River o de Boca que celebre públicamente o delante suyo el nuevo superclásico en una instancia decisiva de la Libertadores. Con la exagerada trascendencia que se le otorga al fútbol en nuestro país, lo que se viene es un sufrimiento generalizado, en especial la serie de semifinal. Condimento y morbo extra para el aperitivo de mañana por la Superliga en el estadio Monumental, la previa interminable para el duelo inicial del 1° de octubre en el certamen continental es una verdadera tortura. Y recién el 22 de ese mes a la noche habrá uno festejando y respirando más aliviado y el otro sumido en una profunda depresión...

Y acá llegamos al punto. Sería mucho más traumática la eliminación para Boca que para River. La reiteración de dolorosas frustraciones ante el eterno rival casi que no le permite al Xeneize otra desilusión.

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Lo admitió su entrenador, Gustavo Alfaro, el mismo día de su presentación: “Boca no tiene purgatorio, es cielo o infierno”.

La mayor presión la tiene el Xeneize en este vibrante triple cruce tras las últimas decepciones.

Y la frase cobra más vigencia que nunca a raíz de los futuros y confirmados enfrentamientos, con el de mañana como el más inmediato. Es, deportivamente hablando, el menos relevante de los tres, pero adquiere un valor psicológico importante y puede dejar secuelas para lo que viene.

Gallardo convirtió a River en un equipo decididamente copero y no se le van a caer los anillos ante un eventual e inusual, en su ciclo, tropezón frente al archienemigo.

En cambio, los últimos entrenadores de Boca quedaron marcados y se vieron condicionados por las caídas con el Millo.

“Matar o morir”, como canta La 12. Aunque no es una guerra, que quede claro.

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