Borges elogió el talento poético de Eduardo Talero

En un ensayo de 1925 resaltó la obra de quien fuera secretario de la Gobernación.

Pablo Montanaro

montanarop@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- En 1907 Eduardo Talero veía a los 38 años, editado por la Sociedad de Escritores de Buenos Aires, su libro Voz del desierto, en el que recopiló los textos que durante los últimos cuatro años había escrito y publicado en Neuquén y donde volcó todas sus vivencias y experiencias al recorrer ese vasto territorio, cuyos viajes le fueron inspirando hermosas leyendas y relatos. En ese tiempo, en su casa de la calle Serrano de Palermo, por entonces un barrio marginal de inmigrantes y cuchilleros de la ciudad de Buenos Aires, con tan sólo 10 años Jorge Luis Borges traducía El príncipe feliz del poeta y dramaturgo irlandés Oscar Wilde.

Cinco años después de la muerte de Talero, ocurrida en 1920, Borges publicó su primer libro en prosa titulado Inquisiciones -editado por Proa- que contiene a modo de ensayo las preocupaciones centrales de quien se convirtió en el gran escritor de la literatura universal.

En ese libro, vinculado con la tradición hispánica tanto clásica como contemporánea (es decir, desde Quevedo, pasando por Unamuno, Ramón Gómez de la Serna), Borges destacó la poesía de Talero, específicamente el libro Voz del desierto.

La mención del autor de El Aleph al poeta colombiano, quien también se desempeñó como jefe de la Policía Territorial de Neuquén, está incluida en un ensayo sobre Andamios interiores, un libro del escritor mexicano Manuel Maples Arce, considerado una de las figuras del vanguardismo latinoamericano del siglo XX.

Borges escribió: “Andamios interiores resaltará como vivísima muestra del nuevo modo de escribir, estilo cuyo comenzador en América fue el colombiano Eduardo Talero, en su esforzada Voz del desierto”.

Desde su casa en Buenos Aires, Ruth, nieta de Talero, expresó a LM Neuquén su sorpresa por el párrafo que Borges le dedicó a su abuelo en Inquisiciones. “Es muy bueno y emocionante que un gran escritor como Borges lo haya leído”, expresó.

Talero había nacido en 1869 en Bogotá, Colombia, era sobrino de un político colombiano, lo que provocó que debiera exiliarse a Chile y luego se trasladó a Buenos Aires, donde desarrolló su vida literaria que incluyó un intenso intercambio epistolar con escritores como Rubén Darío y José Martí. En Buenos Aires, Talero conoció a Carlos Bouquet Roldán, quien lo impulsó a viajar a Neuquén, donde se convertiría en uno de los principales actores de aquella gobernación territorial entre 1903 y 1906, que en 1904 produjo la mudanza de la gobernación desde Chos Malal hasta Confluencia.

Un poeta que fue comparado con Walt Whitman

“Peregrino del ideal, Señor de la ensoñación y también poeta a lo Walt Whitman”, así definió el doctor Gregorio Álvarez al escritor y secretario de la Gobernación en la fundación de Neuquén, Eduardo Talero.

“En Eduardo Talero el desierto no se dibuja por las negaciones (no hay vegetación, pájaros, humedades), sino entrañamiento o adentramiento en una afirmación de lo que existe, muchas veces idealizado y casi siempre amplificado”, escribió en el prólogo a la reedición de 1995 del libro Voz del desierto la escritora y académica neuquina Irma Cuña.

Además de Voz del desierto, Talero publicó tres libros de poemas, la mayoría escritos en la Torre Talero, el emblemático edificio ubicado en lo que fue la estancia La Zagala, en Valentina.

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