Superar los desafíos del campo y ostentar la estirpe de gaucho no se aprende, sino que ya viene incorporado en la sangre. Es esa misma sangre la que alimenta los corazones, la valentía y la adrenalina de los pequeños jinetes que se van abriendo camino y abrazando muchas veces la tradición familiar. Es el caso de Braian Juan Ismael Torres, un hombrecito de campo que hoy tiene 9 años pero que ya a los 5 andaba dando sus primeros tumbos en la monta de capones.
Braian es de Caviahue, estudia en cuarto grado de la escuela 164 con un excelente rendimiento académico y muestra su preferencia por la matemática. Tiene dos hermanitos: Dalton José Fermín, que en pocos días cumple 6 años, y Ana Jazmín, de casi 2 años. Su madre se llama Mabel Cuevas y tiene 26 años.
“De muy chiquito le gustó la jineteada, porque me vio hacerlo, tengo muchas fotos donde he participado en jineteadas. Con su hermanito veían esas fotos, como sintiéndose identificados. Ellos quieren seguir el mismo camino. Siempre se ponen a jugar entre ellos, me piden la grupa para poder jinetear”, cuenta el papá Lucas Torres, un avezado jinete de la región a los 27 años.
El padre de los pequeños jinetes, dándose cuenta del entusiasmo y la afición por las jineteadas, decidió hacerles un invento para que despuntaran ese sano vicio.
“En Caviahue les armé un pequeño toro mecánico. Algo artesanal con un fierro y una cubierta. Entonces ellos le ponen la grupa, salen con las espuelas, el rebenque, practican y les encanta”, contó con orgullo Lucas. Agregó: “Desde los 4 años Braian empezó a hacerlo y su hermanito después también, digamos que ya va en la sangre”.
Lucas también se dedica a la actividad y relató: “De parte de mi papá nunca fue jinete, fue amansador de caballos. Sí tengo parientes que son payadores, animadores, entonces a mí me gustó el deporte y lo empecé a practicar desde muy chico”. Y siguió diciendo: “Yo a los 11 años ya andaba arriba de los petisos, me fue bien y es donde empezó el entusiasmo familiar y entonces ellos lo siguen al pie del cañón”.
“Ellos tienen a su abuela en la laguna Hualcupen, cerca de Caviahue. Ahí ellos tienen animales, todos tenemos animales, entonces siempre nos vamos para allá. El piño está encerrado, y Braian y Dalton se van con los capones”, agregó.
Les encanta la jineteada y suelen estar dos horas en el corral.
La primera monta que no pudo ser en Loncopué
Días atrás se realizó en Loncopué el clasificatorio para Jesús María. Braian escuchó por la radio sobre el evento y le dijo a su padre que lo anotara, que se sentía decidido y que había llegado el día para demostrar su valor. Así fue.
Fueron a anotarse a la doma de petisos, donde también había otros niños que buscaban su primera monta. “Al final se quedó sin lugar porque no había la suficiente cantidad de petisos y no los querían repetir”, contó Lucas. Aún sin resignarse, Braian esperó hasta que el último caballo se había quedado sin jinete, así que lo llamaron por altavoz para que se acercara al palenque.
“Ahí le acomodé sus espuelas y lo subí al petiso, y él solo se acomodó bajo la grupa. Cuando lo voy a ‘enriendar’ viene alguien y me dice que lo baje porque ese petiso tenía otro jinete”, contó Lucas. Ambos se fueron a buscar sus cosas y se retiraron del lugar con un sabor amargo.
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