“Cada vez hay más cantidad de piezas arqueológicas y cuadros que se falsifican”

El especialista en arqueología histórica urbana Daniel Schávelzon estimó que en Latinoamérica más de la mitad de los objetos son falsos.

Por PABLO MONTANARO

Neuquén > El fenómeno de la falsificación de obras de arte y el tráfico ilícito de bienes culturales en América Latina es el tema del nuevo libro del arquitecto y restaurador de monumentos arqueológicos Daniel Schávelzon. En “Arte y falsificación en América Latina” (Fondo de Cultura Económica), el especialista sostiene que las falsificaciones son tan comunes en Latinoamérica que “han engañado a los profesionales desde el siglo XVIII, aunque en realidad se producen sistemáticamente en Europa desde el Renacimiento, aunque existen desde mucho antes”.
Schávelzon estima que actualmente en las colecciones arqueológicas tanto privadas como públicas más de la mitad de los objetos son falsos y en las de arte mucho más. A la hora de hablar de las motivaciones que lo llevaron a investigar sobre la falsificación, Schávelzon aclaró que no intentó hacer una historia de los objetos culturales que se han falseado sino entender el fenómeno a partir de una mirada cultural.

¿Qué ocurre en la Argentina con la falsificación de obras de arte y piezas arqueológicas?
Argentina es un país en el cual ha habido falsificaciones de obras de arte en grandes cantidades. En el siglo XIX porque éramos un país donde había dinero y donde había interés para pertenecer a ese ámbito de la cultura. Entonces, un país con dinero y con un poco de cultura es un campo perfecto. Llegaron enormes cantidades de obras de arte que ya eran falsas. Después, con el tiempo y con la crisis, y después de haber vendido nuestro patrimonio empezaron a aparecer y habiendo buenos artistas y creativos empezaron a falsificar muy bien. Hace falta inteligencia, no cualquiera lo hace. Cada vez hay mayor cantidad de piezas arqueológicas y cuadros que se falsifican. Podemos decir que desde hace medio siglo, somos buenos exportadores de cuadros falsos y tenemos, lamentablemente, esa fama bien ganada por la calidad de nuestros productos.

¿La falsificación también ingresó a los museos?
En todos los museos están habiendo cada vez más obras de arte falsas o mal atribuidas. Yo puedo tener un cuadro que no tiene firma y poseo un cuadro original pero que no se le atribuye a un autor de prestigio o de nombre, lo que le da más valor al cuadro y en realidad fue hecho por otra persona o por un restaurador o por alguien que trabaja con él. El problema es que somos un país del tercer mundo en el cual los mecanismos de autentificación de la obra de arte son muy peculiares. En general, los que autentifican que una obra es o no verdadera no son los profesionales o especialistas sino familiares o galeristas, es decir gente que tiene intereses económicos concretos en la obra.

Usted afirma que la falsificación no nació con la demanda ni con el mercado.
Lo increíble es que durante mucho tiempo creíamos que la falsificación existía porque había un mercado, alguien que quería comprar. Actualmente esto no es así. Ya había falsificaciones cuando no había mercado. Quizás sea cierto que las falsificaciones preceden a la demanda, al interés por comprarla. Esto nos hace repensar el tema del mercado, la oferta y la demanda, y el rol de los coleccionistas y de los museos como los grandes culpables de la alta producción de falsificaciones. En el libro digo que hay hechos culturales que afectan al mercado de las antigüedades, pero son previos a su propia existencia porque no son parte del mercado mismo, sino de otro circuito diferente, aunque paralelo. Se ha comprobado que las falsificaciones no nacieron con el mercado y la demanda, sino que las preceden. Estamos en presencia de una realidad que, desde el año 2000, ya excede la lógica del mercado y que se ha dado en llamar “la cultura de la falsificación”.

¿Se puede estimar la cantidad de dinero que mueve este mercado?
El tráfico ilícito de bienes culturales es el tercer delito más rentable en el mundo. Según el bibliotecólogo y ensayista Fernando Báez (reconocido por sus trabajos sobre la destrucción de libros) sólo en el año 2003 se registraron más de 16.000 obras robadas, siendo los países más afectados Alemania, Rusia, Italia, Francia, Polonia. En América Latina, señala Báez, al menos el 80 por ciento de los museos y de los asentamientos arqueológicos han sufrido un expolio severo, por lo tanto el daño causado a la identidad y acervo de estos pueblos no puede ser resarcido.

¿Cuáles son los artistas que más se falsifican?
Depende del tipo de arte de cada artista, siempre se buscan los más fáciles. Por ejemplo, un cuadro de Frida Kahlo vale 1 millón de dólares, vale la pena poner a un pintor a trabajar en un cuadro de esta artista mexicana, si sale bien, la inversión es baja y la ganancia es enorme. Ha habido gente que descubrió que valía la pena contratar personas que conocieran su oficio, ya no es un trabajo individual.

De ahora en más, tendremos que ir al museo con cierto escepticismo.
Así es. Si suponemos que por lo menos la mitad de las grandes obras de arte son falsas y no sabemos cuáles son en su mayoría porque las buenas falsificaciones son las que nunca pudimos identificar. Esto no quiere decir no ir a los museos, pero sí tener reparos y tener  el ojo más ajustado y además presuponer que hay más cantidad de obra de arte falsa de la que creíamos. Y cuanto más importante es un museo y de más calidad, es decir cuando más compra, mayor cantidad de obras de arte falsas le entra.

La falsificación ¿es un problema clave para la historia del arte y la arqueología?
Se la ha dejado de lado. Lo que ocurre es que habitualmente a la falsificación se lo tomaba como un simple problema policíaco, y ya sabemos lo que pasa cuando interviene la Policía, además no existen expertos en este tipo de delitos. cosas en nombre de otros porque no lo consideraron adecuado o porque directamente no quisieron hacerlo.

Tráfico ilegal


Neuquén > Unos días después de realizada esta entrevista, en una vivienda ubicada en Zapala, Interpol Argentina secuestró 1.600 piezas arqueológicas y otras 200 paleontológicas cuyo propietario fue acusado de intentar traficar ese patrimonio a Europa por 700 mil euros. Consultado acerca de este hecho, Schávelzon envió las siguientes líneas a modo de reflexión.
«¿Suena extraño que exista tráfico de arqueología y paleontología en nuestro país? La verdad es que no, sería como sentir asombro por saber que hay funcionarios corruptos o ineptos. Hasta hace poco todo esto era abierto y los objetos se vendían al público en vidrieras, y a nadie le llamaba mucho la atención. Nuestro país ha sido esquilmado desde hace mucho tiempo, se han llevado no sólo arqueología o restos fósiles, sino bosques, petróleo, minas y hasta montañas. Otros dirían que para cualquier cosa hacen falta dos: alguien tiene que dejar que el otro se lo lleve, no hay inocentes en esto. El problema está en que al establecer leyes muy represivas pero mal controladas, en un país tradicionalmente exportador de patrimonio, el nuevo mercado negro ha tomado reglas que al parecer no muchos entienden. Se gastan fortunas en campañas publicitarias que van precisamente a donde no corresponde, ya que el tráfico no es por Aeroparque en Buenos Aires o por Ezeiza, sino por Neuquén como en este caso y en otros que no es difícil averiguar. Pero Argentina sigue sin tener un museo nacional de arqueología adonde vayan esos objetos. Las conclusiones corren por cuenta del lector».

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