Cada vez hay más hombres que se atreven a la bachata

Junto con la salsa, son los géneros musicales que más crecieron en Neuquén. Ya hay academias que se especializan en la enseñanza.

Mariel Retegui
reteguim@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- "Uno, dos, tres y cuatro", indica el profe mientras su cuerpo se sacude armoniosamente frente al espejo. Son los pasos iniciales con los que se ensamblan las parejas al ritmo de una bachata que suena de fondo. Baile que se ha transformado en un verdadero boom en los últimos años en esta ciudad. Melina Smit y Juan Leiva son los profesores que les marcan el ritmo a sus alumnos, que tratan afanosamente de imitarlos.

La mano izquierda del hombre se posa en la espalda de la mujer, mientras la otra permanece entrelazada con la de ella, y los cuerpos arrimados se contonean armónicamente de forma ondulante y sincronizada hacia abajo. Parece fácil, pero lleva un buen tiempo asimilarlo, soltarse y dejarse llevar por el ritmo.

Los alumnos practican una y otra vez, mientras van cambiando de pareja. "Cerramos postura del cinco al ocho y marcamos una onda hacia abajo en cuatro tiempos y subimos también en cuatro tiempos", indica el profe, haciendo una pausa en la música pegadiza de fondo que luego vuelve a encender.
El varón marca una presión con la mano izquierda en la mitad de la espalda de la bailarina, ella inclina el torso hacia adelante y atrás mientras bajan, y la mano del bailarín desciende a la cadera para marcar el ascenso.

"Se saca pecho, boca de estómago, luego cadera como si fueran a sentarse y se vuelve a la postura inicial. Siempre con movimientos muy suaves y con un pie adelante para equilibrar el peso. En los pasos cuatro y ocho se hacen los toques que marcan con el metatarso del pie", apunta Smit mientras demuestra cómo se hace, desde la planta alta de su estudio de baile sobre la calle San Martín al 2500.

Pasión: Los ritmos caribeños se volvieron muy populares en los últimos años.

Se trata de una clase de bachata para principiantes a la que asisten más de 20 personas de 18 años en adelante. A la clase se apuntan más hombres que mujeres, por eso no es raro ver que siempre hay al menos tres de ellos que se quedan sin pareja. Facundo, quien asiste por primera vez, se apresta a danzar sin inhibiciones sus primeros pasos incluso con la profesora, quien se contonea manteniendo una postura corporal erguida, propia de quien cuenta con una formación en danzas clásicas.

De fondo suenan unas bachatas lentas aunque, en la medida en que avancen en el aprendizaje, se irá incrementando su ritmo. Hacen una entrada en calor con pasos básicos de forma individual para después trabajar en pareja, con movimientos más rápidos.

Melina explica que hay distintos tipos de bachata: "Está el dominicano, que es más rápido, tiene unos básicos con repiques que acá no se baila mucho excepto los residentes colombianos. En la zona se baila más la bachata sensual, que viene de España y es una fusión con clásico, con el flamenco".
En la rotación que van haciendo las mujeres, Ariel Juárez se queda sin pareja y practica los pasos como si tuviera una. A tres varones les pasa lo mismo en simultáneo. Ariel dice que eligió este tipo de baile porque, si bien le gusta también ir al gimnasio, en la danza encontró un espacio de recreación que lo libera del estrés, junto con un buen ambiente.

Pablo, algo más tímido, comenta que algo tenía que hacer y que la música lo motivó para animarse a bailar. Algunos llegan sin ningún prejuicio y otros, algo más reservados, se van soltando poco a poco.
Para algunos se trata de una terapia. "Así como algunos toman clases de pintura o de yoga, yo me decidí por la salsa y funciona como un cable a tierra", dice Isabel desde el aula del piso inferior.
Al mismo tiempo que unos bailan bachata, otros alumnos más avanzados bailan salsa. Entusiastas, se mueven frente al espejo haciendo una especie de "shines", que son pasos sueltos para lucirse, para "brillar". Algunas mujeres ataviadas con ropas informales ajustadas y con zapatos altos de baile se menean con movimientos imposibles a los ojos de cualquier novato.

La salsa está instalada hace tiempo, en tanto que la bachata es más reciente en la zona. Aunque desde hace unos años se fue ganando su espacio entre quienes quieren innovar, aprender sus ritmos y tener su cable a tierra.

Por el profesorado, para hacerlo mejor

La bachata pasó de ser un simple pasatiempo para descomprimir el día a día a un baile con el que decidieron asumir un mayor compromiso. Como le pasó a Daniela, quien empezó hace más de un año a tomar clases de baile y luego se sumó al desafío.

Melina Smit explica que como solía pasar que algunos tomaban uno o dos años de clases y luego se largaban a poner su propio estudio, se hizo necesario que hubiera un espacio para que pudieran darles una formación sólida, teoría musical incluida, a quienes quisieran incursionar en la enseñanza. Así nació el curso de Profesorado de Ritmos Caribeños, que ya cuenta con 45 alumnos que toman clases intensivas de unas siete horas semanales.

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