Cada vez más familias acuden a los comedores

Ahora los padres junto a sus hijos buscan ayuda para alimentarse.

POR ALEJANDRO OLIVERA / olivera@lmneuquen.com.ar

A las 8 de la mañana comienza el ritual diario. Entre ollas, verduras y carne, Mary se prepara para recibir a unos 120 vecinos de todas las edades que diariamente se acercan a almorzar. Al igual que muchos otros comedores y merenderos de la ciudad, Caritas Felices se ve desbordado porque cada vez más chicos y grandes buscan su ayuda para poder alimentarse.

Desde hace un tiempo, organizaciones sociales y partidos políticos de izquierda denuncian que la situación en los barrios más vulnerables es crítica. La falta de trabajo formal y los constantes aumentos de los servicios –lo que también incluye a las garrafas- generaron que muchas familias no lleguen a fin de mes.

Es por eso que madres y padres comenzaron a acompañar a sus hijos a los merenderos y comedores de la ciudad. Mary atiende, en su propia casa, a 120 personas todos los días. “Tenemos la suerte de que todos pueden repetir el plato, incluso algunas mamás traen un recipiente y nos piden una porción más para tener para la cena”, contó.

Caritas Felices abre sus puertas a las 11:30, pero el trabajo comienza desde temprano. A veces dejan las verduras peladas la noche anterior para ahorrar algo de tiempo. Como el lugar tiene un espacio reducido, alimenta a los vecinos en varias tandas hasta las 13:30, momento en el que se da por terminado el almuerzo.

Mary aseguró que los inviernos son crudos en lo alto de la meseta. Al ser impactadas de lleno por los vientos gélidos, las familias aumentan el gasto en calefacción, lo que produce que recurran a ella para llenar sus estómagos.

La crisis no sólo se extiende a los vecinos, sino también a los propios comedores y merenderos porque cada vez reciben menos donaciones. “Estamos necesitando todo tipo de mercadería para cocinar, al igual que ropa de abrigo para los chicos”, pidió.

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A tan sólo ocho meses de su creación, el merendero 1° de Septiembre del barrio Hibepa ya siente los vaivenes de la economía. Este espacio donde se despliega la solidaridad sin límites está abierto de martes a sábado para alimentar a más de 25 chicos por las tardes.

Pero en los últimos meses han comenzado a ir los chicos acompañados de sus madres porque la situación financiera que atraviesan no les permite tener las cuatro comidas del día.

“Somos un grupo de vecinas que cobramos un plan y, para no quedarnos sin hacer nada, decidimos volcar nuestro tiempo en el merendero”, comentó Laura González, la dueña de la casa donde los niños toman la leche.

La mujer contó que la asistencia del Gobierno no alcanza y que algunas personas que trabajan en la zona se acercan de tanto en tanto a dejarles algo para darles a los más pequeños. En tanto, subrayó que ahora necesitan más donaciones porque comenzaron a ir con sus madres.

“Antes sobraba y les dábamos para que se lo lleven a sus casas. Pero ahora no está sobrando casi nada, por eso necesitamos más colaboración”, comentó Laura. “Se siente que la gente del barrio está pasando un mal momento”, concluyó.

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--> Espacios que los protegen y contienen

Los comedores y merenderos del oeste son mucho más que lugares a los que recurren los chicos para alimentarse. Son también un espacio donde son contenidos y generan lazos muy fuertes con las personas que los atienden.

Caritas Felices se convirtió en un bastión de la solidaridad porque los niños lo eligen para comer y también para jugar. “Creemos que más allá de que les damos de comer, es un lugar de contención. Vienen a almorzar y pueden quedarse a jugar porque tenemos juguetes y espacio para ellos”, manifestó.

Mary aseguró que el trato con los chicos es especial, ya que se conocen muy bien, y que a veces hasta van a estudiar.

Por su parte, Laura señaló que, tanto ella como sus compañeras desarrollaron un vínculo con los chicos. “Nos cuentan sus problemas porque confían en nosotras. Los escuchamos y aconsejamos, más de eso no podemos hacer”, contó.

“Nosotras ponemos nuestros propios bienes para que los chicos se alimenten, pero con el uso que les dan se nos rompen”, explicó.

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