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Carlos Soné: el violador, el niño y el horror

PRIMERA PARTE. La terrible pesadilla que vivió un pequeño de tres años en Cutral Co en manos de un padrastro pederasta y sádico que junto a su pareja, la madre del niño, hasta pretendieron ocultar la muerte.

Era una noche fresca de septiembre de 2002 en el barrio Parque Industrial de Cutral Co. Agustín, de tan solo 10 años, salió de su casa corriendo con una angustia que no le permitía soltar palabra. Estaba ahogado de impotencia, bronca, lágrimas y horror. Cuando estuvo justo en el medio de la calle, dio un par de bocanadas para recuperar el aliento y haciendo un esfuerzo supremo logró gritar: “llamen a la Policía, están matando a mi hermanito”.

Los vecinos salieron a la calle a ver qué pasó. Ni bien pusieron un pie en la vereda, lo vieron y escucharon a Agustín soltar nuevamente la misma frase desde sus entrañas. Todos se sorprendieron y muchos se quedaron paralizados, pero una mujer, que sabe lo que es el oficio de ser madre, reaccionó de inmediato y corrió hacía el niño y lo contuvo.

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Ese abrazo cálido y ese sentimiento de seguridad y salvación, Agustín lo tuvo por solo unos segundos, porque casi de inmediato apareció en escena su verdadera madre y lo tomó con crudeza al pequeño de los pelos, se disculpó con la vecina, le aseguró que no pasaba absolutamente nada y le dijo que no era necesario llamar a la Policía.

La mujer que llevaba a su hijo de los pelos, es Patricia Alejandra “Pato” Alonso (28). Vivía en una precaria casa con su otro hijo de 3 años, Franco, y su pareja, Carlos Soñé.

Esa noche, Agustín salió corriendo porque Soñé le había dado un golpiza terrible a Franco, fue una más de las que el pequeño logró zafar, pero la suerte al niño de 3 años se le estaba acabando y su hermano podía intuirlo por eso corrió y gritó con tanta desesperación.

Perverso

Soñé tenía 28 años, era chofer y llevaba un año desocupado, aunque se las arreglaba cada tanto changueando con algunos arreglos eléctricos. Por lo general, por las tardes se quedaba solo con Franco ya que Agustín al mediodía iba a la escuela.

Alonso, quien vivió en Choele Choel y Añelo, tenía a sus dos hijos fruto de una relación anterior. En ese entonces trabajaba brindando una prestación de servicio porque tenía un plan jefas y jefes de hogar.

La vida de esta joven madre era sacrificada y ella trataba de salir adelante, hasta que se cruzó con Soñé que la sumergió en las fauces del mismísimo infierno.

A Soñé lo conoció una noche en un boliche en la comarca petrolera. Él, se mostró seguro y encantador. Cuando conoció a los hijos de Patricia, Agustín y Franco, fue simpático y agradable. Típica estrategia de los pederastas con rasgos psicopáticos.

Ella, nunca pudo imaginar el monstruo que yacía en su interior y no pudo evitar enamorarse. El sueño de una segunda oportunidad para tener una familia, volvía a tomar fuerza.

Al poco tiempo se fueron a vivir juntos a una precaria vivienda de Parque Industrial, en Cutral Co, donde solo tenían agua corriente, carecían de gas y estaban enganchados a la luz.

Soñé se convirtió así en la figura paterna de Agustín y Franco, y al poco tiempo la ternura inicial fue mutando en modos despectivos y malos tratos. Primero con golpes en las manos, a los que luego se le sumaron patadas y trompadas.

Astutamente, el agresor, elegía para golpearlos las zonas que no eran visibles como el tórax. De esa forma evitaba despertar sospechas cuando los chicos salían a la calle o como en el caso de Agustín iba a la escuela.

Pesadilla

Soñé se había ensañado particularmente con Franco, tal vez porque era el más chico y requería mayor atención de la madre y esto lo perturbaba porque lo dejaba en un segundo plano.

En las tardes, cuando Agustín estaba en la escuela y Patricia en el trabajo, el pequeño vivía una pesadilla atestada de saña, flagelo y horror.

En diciembre de 2001, Soñé ya había comenzado a abusar sexualmente de Franco. A su perversa rutina sádica se sumaba el morderlo en distintas partes del cuerpo, quemarlo, apretarle los dedos de las manos durante el abuso, provocándole moretones en las uñas. Además, lo golpeaba. Todo esto fue reflejado por los informes médicos.

Los expertos forenses que analizaron el caso dejaron en claro que Alonso y Soñé, conformaban una “pareja monstruosa”, porque incluso la madre cuando era consultada por las lesiones que presentaba su hijo aludía accidentes domésticos y hasta le pintaba las uñas de los dedos de las manos para evitar que se vieran los moretones.

En esa época, no se analizó hasta que punto la mujer actuaba por voluntad o temor, es decir si estaba sumergida en el círculo de la violencia.

En el juicio, se hizo mención a la violencia que padecía la mujer, pero no se exploró demasiado en la victimología de Alonso, cosa que en la actualidad sería vital para establecer las responsabilidades y penas.

Sí se estableció en el fallo, que después de los feroces ataques sexuales que sufría Franco, en los que su madre solía colaborar de distintas maneras, quedaba tendido en su cama recuperándose en la peor de las soledades. El niño no solo padecía del perverso padrastro sino también de la sumisión de su madre a Soñé.

Al pequeño la tragedia lo acechaba, no tenía dónde ir y lo peor de todo es que a esa edad un niño no puede siquiera pensar en otra alternativa más segura que la casa de sus padres, más aún no teniendo familiares en la localidad. El único aliado que Franco tenía en ese infierno era su hermano, Agustín, que ya había hecho todo lo que un niño podía hacer: salir corriendo a la calle y gritar pidiendo ayuda.

Trágico y solitario final

Se dice que uno está solo frente a su propia muerte, que hay unos segundos previos donde ya todas las personas que te rodean no importan porque ese último paso, esa última bocanada de vida que se va se afronta en la mas profunda soledad.

El final de Franco fue peor aún, porque estaba postrado en su cama, agonizando, sumido en la tristeza. Tanto era el sufrimiento que hasta podría haber imaginado morir para que esa pesadilla acabara de una vez por todas.

La noche del 30 de octubre de 2002, Soñé estaba enfadado y le dio una golpiza a Franco que incluyó una fuerte patada en la panza, ese brutal golpe le desató un cuadro de peritonitis por una ruptura intestinal, eso se comprobó luego.

Al chico lo dejaron tirado en su cama, suponiendo que se recuperaría solo como era la costumbre tras los brutales ataques.

Al otro día a la mañana, Patricia Alonso salió al trabajo y Franco estuvo descompuesto, con vómitos e inapetente propio del cuadro que se le había desatado. Así lo establecieron los forenses.

Recién a las 18 del 31 de octubre, cuando la mamá regresó del trabajo, Agustín le dijo que Franco no estaba bien y ella lo mandó a comprarle una Buscapina. No pensó en llevarlos al hospital, sino comprarle una pastilla para calmar el malestar estomacal. El hospital era un lugar que solían esquivar, más aún si se trataba de Franco.

Las horas que siguieron fueron peores. Soñé volvió a ensañarse con Franco, lo violó, golpeó y quemó con un cigarrillo. En un acto de sadismo extremo.

Cuando el chico se desvaneció, lo bañó con intenciones de borrar los rastros del salvaje ataque y lo volvió a acostar. Soñé y la mujer hicieron lo propio y se pusieron a ver televisión en la cama suponiendo que el pequeño se recuperaría.

Franco muere y nace la coartada.

La tragedia solo afectó a Agustín que a su corta edad había hecho todo lo que un niño podía hacer para proteger a su hermano, pero Soñé y sus prácticas salvajes se lo arrebataron.

El drama en la casa no duró nada. Tras descubrir que Franco yacía muerto en su cama, se disparó una discusión en la pareja y de inmediato comenzaron a pergeñar un plan para que pareciera un accidente, una mala jugada del destino.

Para ello, tenían que ensayar todo, para mostrarse como una familia devastada por la inesperada muerte de su pequeño hijo.

Tardaron entre tres y seis horas en definir la coartada hasta que finalmente tomaron la decisión de subir a Franco, sin vida, al Fiat 600 que tenían y lo llevaron al hospital de la comarca petrolera.

La puesta es escena fue impresionante. Entraron simulando desesperación y contaron a las enfermeras que un perro había atacado a su hijo. Con esta versión, Soñé y Alonso, creían que se justificaban los golpes y las mordeduras que presentaba Franco en distintas partes del cuerpo.

La enfermera y la médica que observaron al niño agudizaron el ojo y en ellas germinó la duda, por lo que comenzaron a realizar preguntas a la pareja que se comenzó a incomodar.

Si bien Alonso era la que respondía, de acuerdo al guión elaborado, debió improvisar aquellos detalles no contemplados. Le dijo a la médica que su hijo había almorzado normalmente, cosa que no era así, y ese dato fue sustancial en el futuro de la investigación.

La pormenorizada revisión de los médicos al cadáver de Franco lograron establecer: “se probó que los días 30 y 31 de Octubre de 2002, se castigó al infante golpeándolo en boca, cara, tórax, abdomen y en los dedos de las manos, todo lo cual provoca distintas lesiones tales como hematomas, excoriaciones, corte sangrante en la mucosa labial, pérdida de una pieza dental y hematomas con desprendimientos de uñas en los dedos de las manos, estableciéndose que en el transcurso de este último día, lo viola”, detalló el informe de autopsia.

La coartada de Soñé y Alonso se derrumbó a poco andar, por lo que uno de los profesionales del hospital resolvió llamar a la Policía para que intervenga.

A partir de ahí, todo se convirtió en una bola de nieve. Los medios se hicieron eco del caso, que disparó la indignación social, especialmente en Cutral Co y Plaza Huincul que no podían entender que habían convivido con semejante monstruo sin advertirlo.

Ese es uno de los principales rasgos del pederasta, parecer invisible, porque amenaza y anula al chico, fingiendo ser una buena persona en las reuniones sociales.

La pareja fue detenida y procesada de acuerdo al viejo Código Procesal Penal. Llegaron a juicio a fines de abril de 2004 en medio de un candente clima social.

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Juicio y espanto

Durante el juicio, que en esa época se realizaba en Zapala, se conocieron informes médicos muy crudos que dejaron al desnudo el accionar de Soñé y Alonso.

Las pericias psicológicas y psiquiátricas determinaron que Soñé es un psicópata perverso y sádico. Con Patricia Alonso se comportó como un encantador de serpientes y cuando logró controlar y dominar el ambiente en el que se sentía más cómodo, la casa, comenzó a castigar a los chicos y golpearla a ella.

Su máxima etapa de depredador, fue llegar a abusar de Franco sin que Patricia lo denunciara. Esa forma de imponerse en el hogar y el temor que infundía lo hacían sentir poderoso y le generaba placer.

Los informes que realizaron tres médicos tras analizar el cadáver del niño, determinaron que tenía lesiones de antigua data, otras de pocos días y las más recientes que eran de horas. Así también pudieron establecer los mecanismos e instrumentos utilizados. Franco presentaba quemaduras de cigarrillo o de algo con forma de parrilla. También presentaba mordidas y golpes con elemento romo.

Un dato clave para los investigadores del accionar conjunto de esta “pareja monstruosa” fue el descubrimiento de los hematomas debajo de las uñas de los dedos, pero los testimonios de profesionales de la salud que habían visto al chico en consultas médicas confiaron ante los jueces, que no habían advertido dichas lesiones porque llegaba al consultorio con las uñas pintadas.

La madre se encargaba de enmascarar con pintauñas los hematomas de los dedos y luego con una tímida sonrisa contaba que había estado jugando con el esmalte y resumía: “cosas de niños”.

En la sentencia, respecto a este aspecto los jueces de la sala penal, Víctor Hugo Martínez, Enrique Luis Modina y Oscar Antonio Rodeiro, dejaron en claro: “es más que obvio que ha sido un artilugio destinado a ocultar las lesiones”.

De los abusos y lesiones no había dudas, pero sobre la causa de la muerte existió una discrepancia entre los galenos.

Mientras el doctor Losada estableció que la muerte fue provocada por una peritonitis que tenía una evolución de entre 48 a 72 horas, para el doctor Avaro, en cambio, la muerte se había producido por asfixia, sofocación, compresión de las vías aéreas contra una superficie dura ejecutada al momento de la violación. Es decir, lo estranguló al momento del último abuso.

Esta discrepancia fue salvada con el informe final producido de manera conjunta por los tres médicos intervinientes, previo conocimiento de los diagnósticos en pugna.

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Condena y furia social

En el caso de Soñé, la fiscalía solicitó en juicio que sea condenado como responsable de los delitos de abuso sexual continuado agravado, en concurso real con abuso sexual agravado, con lesiones leves continuadas, lesiones leves del día 31 de octubre (previo a la muerte) y abandono de persona agravado. Por ello pidió que se le aplique una pena de 32 años de prisión.

El defensor del acusado adujo, con términos demasiado descriptivos, que no se pudo probar la violación y que solo admitía la acusación por lesiones leves debido a una marca que le produjo a Franco en el brazo derecho. Enmarcada así la historia, la defensa pidió 8 meses de prisión para Soñé y la absolución por el delito de abandono de persona.

En cuanto a Alonso, la fiscalía contempló otros aspectos y mantuvo cierta prudencias ante la falta de elementos de prueba necesarios. Solo le imputó a la madre de Franco, el delito de abandono de persona agravado por el vínculo y lesiones leves por la mordida del glúteo derecho.

Luego, la fiscalía dejó en claro que la mujer no habría participado en las lesiones graves y que si bien estaba acusada de violación no pudieron determinar “qué tipo de ayuda prestó, por lo que se abstiene también por esta calificación de acusarla”. Así, la fiscal solicitó que se le imponga una pena de 17 años de prisión.

La defensora de la mujer, insistió con que padecía del síndrome de la mujer golpeada “por lo que la conducta reprochada no se adecua al tipo penal imputado”. Por este motivo, pidió la nulidad.

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La resolución de los jueces se dio a conocer el 6 de mayo de 2004 en el salón de la cooperativa Copelco. El clima era tenso en Zapala, por este motivo y ante la posibilidad de que hubieran incidentes los acusados, madre y padrastro, no estuvieron presentes.

Un grupo de vecinos de la comarca petrolera se movilizó bajo la consigna “Justicia por Franco” y quiso entregarles a los integrantes del tribunal un petitorio con 4500 firmas en el que les demandaban que dictaran la “reclusión perpetua” tanto para la madre como para el padrastro. Los magistrados dejaron en claro que lo recibirían, al petitorio, posterior a la sentencia.

La Cámara Multifueros de Zapala cerca del mediodía y ante la expectativa tanto de los ciudadanos como de los medios, revelaron su resolución.

A Soñé, lo condenaron por “abuso sexual con penetración continuado agravado por su condición de guardador, abandono de persona agravado por el resultado de muerte y lesiones leves continuadas”. En tanto, quedó absuelto del delito de lesiones graves. La pena la fijaron en 30 años de prisión.

Durante la lectura del fallo, dejaron claro que tras ver las fotos de cómo había quedado Franco: “las imágenes son espantosas. Todo parece obra de un perverso y Soñé lo es. ¿Qué explicación más allá de la perversidad tienen estas mordeduras?”.

Por su parte, a Patricia Alonso, la dieron 16 años de prisión tras ser encontrada culpable de lesiones leves calificadas por el vínculo, abandono de persona calificado por el resultado de muerte y por el vínculo, era la madre.

El fallo no conformó a los vecinos y se produjeron incidentes afuera del edificio que obligaron a la Policía a disparar balas de goma y gases para disuadir a los manifestantes que estaban indignados con los magistrados.

Dos voceros de los vecinos se reunieron en medio de los incidentes con el presidente del tribunal Víctor Martínez quien les dijo: “Los tres jueces que suscribimos la sentencia sentimos la misma indignación que tiene todo el pueblo y lo puedo decir ahora que firmé la sentencia. Somos padres y sentimos la misma indignación, pero tenemos el deber legal de ajustar nuestro procedimiento a la ley. Debemos ser esclavos de la ley".

Pese a las distintas estrategias seguidas por los defensores de Soñé y Alonso, las condenas quedaron firmes dos años después.

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