El clima en Neuquén

icon
17° Temp
72% Hum
La Mañana Ceferino

Ceferino, el chacarero que convirtió un espejismo de vino en realidad

La información climática que obtiene gracias a la reciente llegada de Internet le permite estar listo para salvar su producción. Su historia de esfuerzo y conexión con la tierra.

Desde que comenzó la pandemia de coronavirus, Ceferino Liberatori de cansó de ir y venir. Antes, decía que su casa estaba en Chos Malal y que sólo iba a la chacra a trabajar. Ahora es al revés: cuando se queda, se queda en Taquimilán, en sus dos hectáreas de viñedos, y cuando se va, algo que ya ocurre pocas veces, se adapta a la vida más urbana de la antigua capital.

Si elige su chacra es un poco por salud y otro por ADN. "Yo soy asmático, y me pareció que éste era un lugar más seguro", admite sobre los efectos de la pandemia. Pero también es cierto que su sangre corre por entre las acequias de esa parcela de Taquimilán, donde las vides se perfilan con un verde intenso sobre los cerros más oscuros. "Estoy acá desde siempre, nací y me crie en esta chacra", afirma.

La vida de chacarero lo llevó a cargarse la falta de agua sobre las espaldas. De las cinco hectáreas a su nombre, sólo pudo someter a dos al riego necesario para que algo brote de la tierra. Empezó con alfalfa, con ajo, con cebolla, hasta que en 2006 se sumó a un programa provincial para recibir frutales.

"Primero entregaban cerezos, y después durazneros, y cuando nos tocó a nosotros, nos llegó la vid", explica Ceferino que, en ese entonces, no tenía ningún conocimiento técnico para hacer crecer las uvas, pero sí algo de su sangre, que otra vez, lo empujaba hacia ese lugar. "En Chos Malal siempre hubo vides, estaban los viñedos de los curas, que hace 200 años ya hacían vino y grapa", aclara.

TRABAJO DE COSECHA TRABAJO DE COSECHA ATARDECER EN LA VIÑA.jpg

Con la asistencia de un ingeniero, el chacarero logró plantar 2600 frutales, divididos entre las cepas de Malbec y Merlot en partes iguales. En 2010 tuvieron su primera cosecha, y eso coincidió con la llegada de Belén Díaz, una enóloga jovencísima que lo instruyó en todos los secretos para convertir las uvas en vino.

Así nació Pueblo Encantado, una marca que bautizó en homenaje a un espejismo. Ceferino dice que en Taquimilán, a los pies del cerro Naunauco, aparecen y desaparecen las figuras de casas antiguas que se asemejan a un pueblo viejo. "Los pobladores de antes ya lo veían hace añares, y yo mismo lo he visto 3 o 4 veces", dice sin dejar lugar al escepticismo.

En los años buenos, como el que pasó, Ceferino y su esposa Irma llegan a producir 3800 litros de vino, que envasan en 4500 botellas y reparten por Taquimilán y las casas de comidas de Chos Malal. También llegan a Zapala, a Neuquén, a Córdoba. "Donde nos pidan", explica y se lamenta después. "Vendíamos mucho con las fiestas populares, que no se hicieron más, pero ahora nos invitaron desde Tricao Malal", dice como sembrando una ilusión.

TRABAJO DE COSECHA PROCESO DE FERMENTACION (2).jpg

Recién ahora, los Liberatori están vendiendo las botellas de 2019. "Es un vino artesanal y no tiene ningún filtro, es todo por decantación natural", explica. Por eso, las botellas de Pueblo Encantado están al menos dos años en guarda antes de salir al mercado, en un proceso que le dio a Ceferino la paciencia necesaria para esperar todo lo que haga falta cuando queda una botella sin vender.

Ceferino e Irma están casados hace cuarenta años y criaron cuatro hijos, que viven en Chos Malal. "El más chico está estudiando profesorado de matemáticas; yo no creo que se vengan a la chacra porque esto es como el campo, es mucho trabajo, acá no hay horarios", afirma Ceferino.

TRABAJO DE COSECHA RECOLECCION DE CAJONES DE UVAS (2).jpg

De todos, Irma es la de los dedos verdes. "Le encanta la huerta, y siempre está buscando innovar, aprender de la siembra y la cosecha", dice sobre su esposa, que siembra ajo y cebolla, y creó una pequeña huerta para consumo de los dos.

Hace poco, Taquimilán se revolucionó con la llegada de Internet. El gobierno de la provincia impulsó el Programa Conectividad, y dotó a ese paraje del mismo servidor que tienen los vecinos de Chos Malal. Así, la vida de Ceferino y otros pobladores cambió por completo.

La pobre señal de telefonía móvil nunca era suficiente. Ceferino tenía que ir y venir desde sus vides hasta un puesto fijo del paraje, donde las líneas de su celular marcaban la cobertura suficiente para hacer una llamada. "Pero se cortaba siempre, y los mensajes parecía que pesaban más que las llamadas", se lamentó.

Ahora, está comunicado con sus hijos y otros familiares a través de Whatsapp. Aunque su labor diaria en la chacra lo aleja de las pantallas durante buena parte del día, responde los mensajes más tarde, si la vista fatigada se lo permite. También aprovecha Internet para pagar los impuestos y ahorrarse las filas en las casas de pagos rápidos, o incluso para consumir información en línea.

TRABAJO DE COSECHA VIÑEDO PUEBLO ENCANTADO (1).jpg

Internet también es una buena noticia para Pueblo Encantado. Ceferino aprovecha la conexión para concretar nuevas ventas y para difundir su producto, o para obtener valiosa información que le permite salvar a sus uvas de las heladas.

Su chacra está ubicada a 940 metros sobre el nivel del mar, y a una corta y peligrosa distancia de la cordillera. Apenas 100 kilómetros separan a sus vides de los cerros nevados, por lo que las uvas afrontan, cada invierno, el riesgo de la escarchilla. "Si sabemos cuándo son las heladas, podemos anticiparnos para preparar los mecheros", explica.

Cuando sabe que el frío va a apretar demasiado, Ceferino busca estar listo. Dispone de unos tambores de 200 litros llenos de aceite quemado y aserrín. Y los enciende. Pronto, una columna de humo protege a sus valiosas uvas de algunas heladas suaves. De otras no. Hay veces que el termómetro se desploma hasta los cuatro grados bajo cero y no hay humo suficiente que funcione como escudo. "Esos son los años malos", se lamenta el chacarero. "Año malo, cosecha mala", declara.

TRABAJO DE COSECHA TRASLADO CAJONES DE UVA.jpg

La conectividad también le permite soñar a futuro. Mientras que Irma, con sus dedos verdes, busca tutoriales para sacarle mayor provecho a su huerta, Ceferino se ilusiona con la posibilidad de abrir Pueblo Encantado a las visitas. "Me gustaría que vengan los jóvenes de todos lados a ver cómo se puede vivir del campo, como se hacía antes", dice el chacarero, que disfruta, más que nada, del contacto con la gente.

A sus 62 años, asegura que ya no tiene muchas ambiciones económicas. A veces se disculpa por no usar términos más técnicos, porque sólo llegó hasta séptimo grado en una escuela de la localidad. Pero sí se atreve a soñar: dice que quiere tener una pequeña cava o bodega para sumar nuevos procesos a su producción vitivinícola y así llegar con sus espejismos de vino a más rincones de la provincia.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas