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La Mañana

Centinelas de la ideología

La historia de un grupo de mujeres afiliadas al movimiento peronista que actuaron en la provincia.

Por Vicky Chávez

Neuquén > La afiliación peronista femenina en el territorio neuquino reviste particularidades que son el espejo de la política nacional. Cuando el peronismo irrumpió en el país, Neuquén era un territorio nacional con débil presencia política: como los demás territorios, no tenía voz ni voto ni podía elegir sus autoridades. Estábamos en presencia de una sociedad dependiente del poder central.
A la luz de esclarecer cómo se ejecutó esa afiliación, veremos que hubo mujeres que podríamos llamar de la “primera hora”, aquellas que tuvieron contacto directo con la líder máxima del movimiento, Eva Duarte de Perón, y el grupo de jóvenes de la década del '70 que fueron perseguidas, encarceladas y, algunas, desaparecidas. Todas mantuvieron intactos sus ideales y su lealtad a la ideología.  También hay que destacar que a partir de la creación del Movimiento Popular Neuquino, muchas de esas mujeres se afiliaron al naciente partido, mientras que otras continuaron con la fidelidad a Perón, aún en el exilio. En efecto, las “mujeres peronistas” no cesaron en su militancia ni aún en los tiempos de proscripción del partido. Y una de las razones fue que el peronismo, un partido de masas, siempre involucró a la mujer en sus intereses, tanto electorales como sociales. Conviene recordar que Eva Perón fue la gran artífice de la concreción del voto femenino en las urnas.
 
Nélida Álvarez de Del Pin
Fue una recordada maestra de amplia trayectoria en el peronismo.  Nació en Chos Malal el 25 de noviembre de 1914, era hija de Filomena Ortiz, chilena, y de Tránsito Álvarez, comisario, mendocino, emparentado con Gregorio Álvarez. Estudió la docencia con su hermana Haydee en Buenos Aires. Su participación en el peronismo fue sumamente comprometida, pues producida la proscripción, muchas de las reuniones, en la  clandestinidad, se celebraban en  su casa.
Se afilió al Partido Justicialista y fue seleccionada para hacer  un curso de formación de lo que ahora llamaríamos “cuadros políticos” en la Escuela Superior Peronista, en la ciudad de Buenos Aires, con la intención de formar el Partido Justicialista Femenino. En su casa  funcionó la primera Unidad Básica Femenina. En Buenos Aires conoció personalmente al general Perón, que le entregó en manos el diploma de egresada de la Escuela Superior Peronista, y  también conoció a Evita.
Uno de sus hijos nos contó que su madre tuvo  como función crear, hacer funcionar y dirigir  la Escuela Superior Peronista en esta provincia, lo que llegó a realizar, a la par que debía formar el Partido  Justicialista Femenino, en esas tareas también era la subdelegada del Partido Justicialista en Neuquén.
 
Leonor Di Rago
La reconstrucción de la historia de esta importante mujer integrante del peronismo regional, nos llevó a entrevistarnos con sus sobrinos, incondicionales defensores de la militancia de su tía.
Leonor fue la quinta mujer de los ocho hermanos Di Rago. Nació en Ochandio, partido de Tres Arroyos. Era hija de Francisco Di Rago, jefe del Ferrocarril en Río Colorado, y renunció para arribar a estas tierras.
Llegaron en tren y -según el relato de su sobrina- cuando Leonor salió a la calle en búsqueda de una mueblería, le preguntó a una señora por la dirección. La mujer era Dora García de Di Luca, y el tiempo querría que se hicieran muy amigas.
Vivieron en la primera cuadra de la calle Ministro González casi esquina Avenida Argentina, junto a la casa de García Crespo. Allí tuvieron comercio de rotisería y tenían también pensionistas.
Fue una mujer fielmente peronista que actuaba junto con recordados militantes como el ingeniero Alonso, Alfredo de Martín, entre otros.
Muy católica, enseñaba catecismo en la Capilla de los Dolores. Cuando estaba enferma e internada en el Hospital ADOS, Leonor compró una virgen y la hizo colocar en un rincón del nosocomio para poder orar.
Leonor fue una peronista con mayúsculas. Fue llamada a Buenos Aires y recibió el diploma, de manos de Evita, como egresada de la Escuela Peronista. Jamás recibió ni un peso del partido, ni participó ejerciendo un cargo. Solamente obtuvo reconocimientos luego de muerta, nos relató su sobrino. Tal es así que su nombre figura en una placa colocada en la Casa Peronista.
 
Eufrasia del Carmen Hernández de Dantas
Resonada militante peronista de las primeras épocas. Nació en Chos Malal el 30 de septiembre de 1913. Su padre era chileno descendiente de españoles, de profesión zapatero y talabartero; su madre era argentina.
El gerente de una entidad bancaria la llevó a trabajar a su casa a Buenos Aires, y allí  conoció a José Dantas a fines de la década del '30. Al poco tiempo se casaron y se instalaron en la zona de Chacaritas. Tuvieron tres hijos: Carmen, Carlos Luis y Francisco José.
Abrazó el peronismo cuando una delegada de Eva Perón en Neuquén buscó una mujer en cada barrio que tuviera carácter para formar parte de las unidades básicas del partido. Convocada, Eufrasia concurrió a la reunión y fue nombrada subdelegada censista del barrio Villa Eiriz (hoy Mariano Moreno). La sede de la unidad era el chalet de Eiriz. Posteriormente, Eufrasia la trasladó a su casa, en calle Ramos Mejía.
Su hija nos relató que Eufrasia trabajaba en la Dirección de Salud Pública provincial.
Cuando se produjo la Revolución Libertadora, la familia se trasladó a Mar del Plata. Más tarde se mudarían a Río Turbio, dado que a su esposo le ofrecieron trabajo en el Yacimiento Carbonífero. Allí estuvieron veinte años.
 
Amalia Mohana de Alonso
Una mujer plenamente inclinada a la militancia peronista. Nació en Ingeniero Jacobacci el 3 de noviembre de 1922. Su padre era mercachifle árabe, proveniente del Líbano. Tuvieron pensión familiar en dicha localidad, y sería allí donde conocería a Ángel Teodoro Alonso en los años '40.
Alonso era correntino, de la localidad de Esquina, que llegó a ese lugar debido a su trabajo en el ferrocarril. La pareja sentía tan grande compromiso con el peronismo, que cuando se produjo la caída del gobierno de Perón les dieron 24 horas para irse por defender el busto de Eva Perón. Por ese motivo vinieron a Neuquén, nos relató su hija María Eva.
Amalia fue una principal referente de Eva Perón en la línea sur, al punto de haberse reunido cuatro veces para concretar acciones sociales. La primera dama le enviaba vagones con comida y juguetes para repartir entre los más necesitados. Recuerda que le entregó doscientos panes dulces al padre Capitanio, quien dijo “¿y esto de dónde viene?". Amalia contestó: "No importa de dónde viene, usted recíbalo y entréguelo".
Cuando se conformó el MPN, Amalia no se plegó a sus filas. Su hija nos dijo que “el principal rival de los Sapag era Amalia Mohana”.
 
María Pomina Suárez “Tota” de Caso
Nació en Limay Centro el 24 de octubre de 1919. Era  hija de Dardo Eduardo Suárez y de Flor María Méndez. Al terminar la escuela primaria, Tota emigró a Bahía Blanca a continuar con los estudios secundarios en el Colegio de la Inmaculada.
En 1976 Tota se convirtió en una de las pioneras neuquinas en la lucha por la libertad de sus hijos. Demostró gran admiración por Felipe Sapag y por Jaime De Nevares, quienes acompañaban a las madres en tan dura tarea.
Tota recuperó a su hijo luego de seis arduos años de trámites y peleas. Su nieta María Paz nació en cautiverio, en la cárcel de Devoto.
 
Rossina Nones de Rodríguez
Es hija de Ana Fontana y José Domingo Nicolás Nones, italianos del norte que arribaron a la Argentina en los albores del siglo XX.  
Rossina nació en Villa Regina, el 8 de octubre de 1929. Sus padres trabajaban en las viñas de una chacra y hacían vino.
Su amor por el peronismo nació cuando se produjo el terremoto de San Juan, en 1944, y se enteró de que Evita iba en tren repartiendo elementos y mercaderías para los más necesitados.
Tan fuerte fue el apego a la doctrina, que el 30 de octubre de 1958 creó, junto con otros compañeros, la Asociación Peronista 17 de Octubre, motivados por la proscripción del peronismo. Editaron, desde la clandestinidad, el periódico Nuestra Voz. Publicación que era fiel vehículo de las convicciones de sus responsables. Así lo demuestra el ejemplar del 5 de junio de 1959, en cuya portada podía leerse: “El peronismo no tiene ni debe tener dueños”. Dicho año fue signado por una tremenda persecución a los peronistas.
 
Perla Cónsoli
Hija del reconocido comerciante Giuseppe  Consoli. La familia era radical, pero de a poco comenzaron a creer en el peronismo. Perla viajó, junto con vecinos como Alfredo de Martín, Ricardo Rosas, Roberto Linares y Eduardo Chrestía, entre otros, a reunirse con el general Juan Perón en Buenos Aires a fin de tramitar la provincialización del por entonces territorio nacional. Tan exitosa fue dicha reunión que al día siguiente Perón emitió la resolución de la provincialización de los territorios nacionales.
La hermana de Perla, Nora, también era activa militante peronista en Centenario, cesanteada con la Libertadora.
Hermelo recibió a Consoli, quien lo primero que hizo fue aclararle que era peronista, por lo  que el interventor lo felicitó por no esconder sus ideales. A partir de esa reunión,  a Consoli   y familia   les suspendieron las “cesantías”.
 
Idalia Ligaluppi de Ocampos  
Nació en La Plata, estudió como maestra en 9 de Julio y se recibió en el Normal de Lenguas Vivas de Pehuajó.
Debido a las medidas tomadas por el interventor Hermelo -cesantía a los peronistas, medida que luego sería levantada-, la esposa del profesor Ocampos, que trabajaba como maestra, fue trasladada y puesta en disponibilidad. Los traslados se justificaban por “mejor servicio”, a lo que ella contestó: “Si soy mala maestra para los del centro, lo soy también para los niños de los barrios”.
 
Meneca Nelia Aída Cortes Rearte
Una de las hijas de Agapito Cortes Rearte, reconocido director de escuela y  concejal, nos dijo: “Nuestra familia tuvo mucho contacto con los líderes, incluso los conocimos, pues concurríamos a la  reuniones que Eva hacía en la Secretaría de Trabajo. En un encuentro de maestros de todo el país nos alojamos en el Hotel de los Inmigrantes".
También recordó que concurrieron a la Quinta de Olivos y conversaron con Evita sobre el voto femenino. “A los 18 años me afilié al Partido Peronista en Neuquén, tenía el número 7”, relató con orgullo Meneca. Cuando el peronismo fue proscripto, se reunían en la casa del doctor Quarta para programar las acciones de los afiliados ante esa situación.
 
María Emilia “Beba” Salto
Sus fuertes ideales peronistas fueron adquiridos por su militancia en la Juventud Peronista en la capital cordobesa, donde fue a estudiar.
Allí comenzó la carrera de Arquitectura a la que pronto cambió por la de Psicología, a fines de la década del '60. En las cursadas en la facultad formó parte del Centro de Estudiantes y realizaba la militancia en los barrios. Ella afirmó que “esa militancia nos fue haciendo peronistas”.
Sus férreas ideas peronistas, además, las adquirió por la lectura de las Bases Peronistas escritas por John William Cooke a las que accedían en la clandestinidad a través de fotocopias, pues estaba prohibida su lectura. Esta lectura les dio el marco teórico de la militancia, como también el análisis crítico de los diarios que debatían en la agrupación universitaria. Beba dice: “Allí me cayeron las fichas de la realidad”.
La corporación que los concentraba era la Agrupación de Estudios Universitarios (AES), reuniones que se hacían en domicilios particulares.
Por su actividad política fue tomada prisionera en 1971 y conducida a la cárcel; en el Cabildo de Córdoba sufrió torturas. Posteriormente las trasladaron al Buen Pastor de Buenos Aires de donde salió con amnistía el 25 de mayo de 1973. Su regreso a Cipolletti produjo un gran movimiento popular. Recordemos que Beba es hija d Julio Salto y vivía en Cipolletti.
A partir de 1974 comenzaron las amenazas a la Juventud Peronista, por lo que Beba se trasladó a Bahía Blanca y retomó la militancia hasta su detención, el 29 de diciembre de 1977.
Entre sus recuerdos nos nombró que cuando su madre la fue a visitar, una persona, que la madre supuso era personal de la cárcel, le dijo: “No se dé vuelta, fui soldado de su marido, su hija está acá, diga que trae ropa”.  Cabe aclarar que el papá de Beba, fue médico militar.
Allí permaneció un año, luego fue trasladada a Olmos el 27 de febrero y posteriormente a Devoto hasta el 24 de octubre de 1981.
Entre sus nostalgiosos recuerdos dice: “Lo interesante de la primera detención fue Rawson”, en donde estuvo un año, cuando se planificó la fuga perteneció al grupo que no se fue en avión a Buenos Aires, recuerda nombres como María Antonia Berger, de la que fue muy amiga.
Beba fue asesora de prensa del bloque de diputados justicialistas con Oscar Parrilli, fue voncejal en el momento de la destitución de la intendente Derlis Klosterman; diputada provincial de Neuquén. Trabajó como periodista en el diario La Mañana del Sur, devenido hoy en La Mañana de Neuquén.
 
Marta Delfina Echevarria
Nació un 27 de enero de 1945 en Neuquén. Su papá fue Camilo Echevarria, de Bahía Blanca, comerciante de descendencia vasca y criolla, y su madre Piedad Ordaz Martínez, de nacionalidad española.
Marta se recibió de maestra junto a Marta De Cea, quien luego se convertiría en su socia en la librería Libracos, integrando la primera promoción 1962 de la Escuela Normal Mixta, en Cipolletti. Luego se fue a estudiar a Buenos Aires a la Universidad del Museo Social Argentino; se recibió de Licenciada en Información y Opinión en 1969. En los '70 volvió a Neuquén y trabajó en la agencia del diario Clarín de nuestra ciudad, de la que estaba a cargo Enrique Oliva, un antiguo militante peronista y de la resistencia y quien escribió con John William Cooke el pacto de Perón con Frondizi en Caracas.
Marta y Enrique se hicieron muy amigos, al punto que Oliva fue el padrino de una de sus hijas. Él fue, además, mentor de su vínculo con el peronismo, relación que se profundizaría con la peronización de los sectores universitarios que promovieron las movilizaciones del '69.
Marta era docente de primaria y secundaria, en media dictaba Instrucción Cívica y allí podía ver cómo los jóvenes se identificaban con el peronismo porque guardaba el anhelo de forjar un país independiente y con justicia social. Participó en la Tendencia Revolucionaria Peronista, movimiento que abarcaba a la Juventud Peronista, Montoneros, FAR, FAP y Descamisados.
La librería Libracos, ubicada en la calle Corrientes de esta capital, funcionaba como lugar de encuentro de jóvenes que participaban de la militancia o que simpatizaban con la idea de transformar el país y el mundo.
En 1975 fue intervenida la Universidad del Comahue por el rector Remus Tetus, quien encabezó  la persecución a docentes y estudiantes vinculados con la tendencia peronista. Marta  fue blanco de concretas amenazas de la Triple A, organización que llegó a colocar una bomba en la librería, causando grandes daños. En esos tiempos convulsivos Marta formó pareja con otro militante peronista, docente de Historia de General Roca, David Mutchinick.
 Marta tuvo cuatro hijas, Mariana, nació en 1969; María Paz, en 1971; Natalia, en 1972; y Ana Lucia, en 1979. Fuertemente perseguidos -a Marta de Cea la secuestraron-, se refugiaron en la Catedral bajo la protección del obispo Jaime de Nevares. Al poco tiempo consiguieron exiliarse en San Pablo, Brasil.  
A su regreso se instalaron en Buenos Aires, pero ello no les impidió que se reencontraran con los compañeros de Neuquén.
 
Militancia legítima
Las vidas de estas mujeres peronistas son un claro ejemplo de militancia abnegada y legítima. La muerte de Eva Perón en 1952 produjo un vacío político que se hizo sentir plenamente en este territorio neuquino.
“A partir del momento en que el general Perón o sea el gobierno constitucional fuera derrocado en 1955, comenzó la  Resistencia Peronista en Neuquén”, nos contó el hijo de una de estas mujeres.  
 Asimismo, con el advenimiento de la última dictadura militar, las mujeres lucharon fervorosamente en pos de sus ideales. No obstante, los hechos adversos, las mujeres continuaron trabajando desde la clandestinidad en apoyo a los ideales peronistas.

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