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¿Hay que tirarlo? Las cuatro señales que indican que un alimento ya no se puede consumir

Una especialista explicó qué signos alertan sobre un posible deterioro y cuáles no representan un riesgo para la salud.

Cada año, millones de toneladas de alimento terminan en la basura por dudas sobre su estado de conservación. En muchos casos, frutas, verduras, pan o sobras de comida son descartados cuando todavía podrían consumirse sin riesgos. Sin embargo, también existe la situación opuesta: personas que intentan aprovechar productos que ya no son seguros y terminan expuestas a intoxicaciones alimentarias.

Aprender a identificar las señales que indican cuándo un alimento todavía puede utilizarse y cuándo conviene descartarlo permite reducir el desperdicio y, al mismo tiempo, proteger la salud.

Esa es una de las principales recomendaciones de Emma Beckett, profesora de Nutrición y Ciencia de los Alimentos de la Universidad Católica Australiana, quien explicó cuáles son los indicadores que nunca deben ignorarse.

La especialista remarcó que no todos los alimentos pueden recuperarse y que, frente a determinados signos de deterioro, la única opción segura es desecharlos.

frutas. heladera
Antes de consumir un alimento, conviene revisar si presenta moho, olores intensos, pérdida de líquidos o una textura viscosa.

Antes de consumir un alimento, conviene revisar si presenta moho, olores intensos, pérdida de líquidos o una textura viscosa.

Las cuatro señales que indican que un alimento ya no es seguro

Existen algunos cambios físicos que funcionan como una advertencia clara de que un producto dejó de ser apto para el consumo.

Entre ellos aparecen el moho visible, la presencia de baba o textura viscosa, las pérdidas de líquido y los olores intensos o agrios.

Cuando un alimento presenta una o varias de estas características, la recomendación es no consumirlo. Según explicó Beckett, esos cambios pueden indicar la presencia de microorganismos capaces de provocar una intoxicación alimentaria.

Los síntomas más frecuentes incluyen dolor abdominal, náuseas, vómitos y diarrea, aunque la gravedad puede variar según el tipo de alimento y el estado de salud de la persona.

En cambio, otros cambios de aspecto no necesariamente significan que el producto esté en mal estado.

Las frutas arrugadas, el oscurecimiento de algunas verduras o la pérdida de humedad suelen relacionarse con el paso del tiempo y no con un deterioro que vuelva inseguro el alimento.

Qué alimentos todavía pueden aprovecharse

Uno de los ejemplos más comunes son las bananas maduras. Aunque su cáscara adquiera un color marrón oscuro o negro, la fruta puede utilizarse para preparar budines, licuados, pan de banana o panqueques.

La especialista aconseja mantenerlas separadas de las bananas frescas, ya que liberan etileno, un gas que acelera la maduración de otras frutas.

Las manzanas arrugadas también conservan múltiples usos en la cocina. Resultan apropiadas para compotas, preparaciones horneadas o ralladas, mientras que las cáscaras secas de cítricos pueden aprovecharse para aromatizar postres o elaborar mermeladas.

En el caso de las verduras, la pérdida de firmeza tampoco implica necesariamente que deban descartarse.

Zanahorias, zapallos, cebollas o tomates algo blandos todavía pueden utilizarse para sopas, purés, salsas o preparaciones al horno.

Las verduras de hoja verde que perdieron parte de su textura pueden recuperar firmeza si permanecen durante varios minutos en agua muy fría.

Para las papas, la recomendación cambia cuando aparecen brotes o una coloración verde intensa, ya que esos cambios pueden asociarse con sustancias naturales que resultan perjudiciales si se consumen en cantidades elevadas.

queso

El pan duro constituye otro alimento que todavía puede reutilizarse. Mientras no presente moho, sirve para preparar pan rallado, tostadas o croutones.

En cambio, si aparecen manchas de hongos, lo conveniente es desechar toda la pieza, debido a que el moho suele expandirse por el interior incluso cuando solo resulta visible en una pequeña superficie.

Cómo conservar mejor los alimentos y evitar intoxicaciones

Una correcta conservación ayuda a prolongar la vida útil de los alimentos y disminuye las posibilidades de desperdicio.

El arroz y la pasta cocidos pueden reutilizarse durante los dos días posteriores a su preparación siempre que se enfríen rápidamente, permanezcan refrigerados y se recalienten completamente antes de consumirlos.

Si esos alimentos permanecieron más de dos horas a temperatura ambiente, la recomendación es descartarlos, ya que algunas bacterias pueden multiplicarse sin alterar el aspecto, el olor o el sabor.

Los productos lácteos también requieren cuidados especiales. La especialista aconseja utilizar utensilios limpios para servirlos y devolverlos inmediatamente a la heladera después de cada uso.

En el caso de los quesos blandos, la aparición de moho obliga a desechar la pieza completa, porque los hongos pueden extenderse hacia el interior sin ser visibles.

Los quesos duros ofrecen un margen mayor. Cuando el moho aparece de forma localizada, puede retirarse una porción amplia alrededor de la zona afectada y conservar el resto del producto.

Distinguir entre un alimento viejo y uno realmente deteriorado permite reducir el desperdicio sin comprometer la seguridad alimentaria. La clave consiste en observar cuidadosamente los signos de descomposición y no correr riesgos en el consumo cuando existan dudas sobre el estado del producto.

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