Esto es lo que tenés que hacer para que el aire acondicionado no te falle en el verano
En días donde el calor se comienza a sentir, expertos alertan que un simple descuido provoca olores, goteos y mayor consumo eléctrico.
Con la llegada de los primeros días de calor intensa, y mientras hay una alerta amarilla por temperaturas extremas que alcanzarán los 40°C en algunas partes del país, el aire acondicionado recupera su protagonismo. Durante meses permaneció apagado, casi olvidado, hasta que el aumento de temperatura empuja a miles de usuarios a buscar alivio inmediato. Sin embargo, ese encendido rápido suele traer problemas.
Equipos que no enfrían, olores molestos, goteos inesperados o un consumo eléctrico más alto de lo habitual aparecen como síntomas de un descuido frecuente: la falta de limpieza y mantenimiento.
Especialistas en climatización remarcan que un aire acondicionado sucio rinde menos, consume más y puede afectar la salud. Por eso, recomiendan dedicar unos minutos a una limpieza básica antes del uso intensivo del verano. Esa preparación evita fallas cuando el calor se vuelve insoportable y los servicios técnicos quedan saturados.
Todos los pasos que tenés que hacer para limpiar el aire acondicionado
Los técnicos coinciden en un punto: los filtros son el corazón del mantenimiento. Si están cubiertos de polvo, todo el sistema trabaja forzado. Se reduce la potencia, baja la capacidad de enfriamiento y el ventilador requiere más esfuerzo para cumplir la misma tarea. De hecho, muchos de los reclamos sobre “falta de frío” se explican por este motivo.
Limpiarlos es sencillo. Basta con retirar la tapa frontal, sacar los filtros, lavarlos con agua tibia y dejarlos secar por completo. Ese gesto básico permite mejorar el rendimiento de inmediato y controlar el consumo eléctrico. “Un filtro tapado es como poner un cartón delante de un ventilador”, describen técnicos del sector.
La unidad interior también demanda atención. Aunque parezca protegida, acumula polvo fino en los serpentines. Con el tiempo se forma una película que impide el intercambio térmico. Una pasada suave con aspiradora o un paño húmedo, sin productos corrosivos, resulta suficiente para desprender la suciedad superficial.
Hongos, humedad y olores: el riesgo invisible dentro del evaporador
Uno de los problemas más habituales del arranque de temporada es el olor a humedad. Ese aroma desagradable no aparece por azar. Durante el verano, el sistema genera condensación. Cuando el aparato queda apagado durante meses, esa humedad residual permite que proliferen hongos y bacterias. El evaporador se transforma en un espacio ideal para microorganismos.
Los técnicos recomiendan usar aerosoles específicos para desinfectar o una mezcla suave de agua con alcohol isopropílico. Con eso se controla la presencia de microbios y se evita que el aparato largue aire contaminado. Las personas con alergias o sensibilidad respiratoria pueden sufrir irritaciones si el evaporador está sucio.
El drenaje es otro punto crítico. Si la manguera se tapa por sarro, tierra o restos acumulados, el agua deja de salir y empieza a desbordar hacia el interior de la casa. Las manchas en las paredes o el goteo sobre muebles suelen tener ese origen. Revisar que el caudal de agua fluya de manera normal evita esos daños y mantiene la humedad bajo control.
La unidad exterior también importa: suciedad, hojas y ventilación reducida
El equipo exterior pasa meses expuesto a polvo, hojas secas y restos de todo tipo. Es habitual encontrar telarañas, ramas o suciedad entre las aletas del condensador. Si el ventilador no respira bien, el motor se calienta más de lo esperado y la eficiencia baja.
Los expertos sugieren retirar cualquier elemento que obstruya el paso del aire y cepillar suavemente las aletas. También recomiendan evitar el uso de agua a presión, porque puede doblar el panel metálico. En caso de deformaciones, existe un peine especial para enderezar las aletas y mejorar la ventilación.
Una vez realizada la limpieza básica, conviene encender el aparato unos minutos antes del uso diario. Esto permite verificar si el equipo enfría, si genera ruidos extraños o si persisten los olores. Detectar un fallo en noviembre evita sorpresas en plena ola de calor, cuando conseguir un técnico resulta casi imposible.
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