Comerse las uñas es más malo de lo que parece

Una costumbre que puede acarrearte problemas de salud.

Buenos Aires.- ¿Qué tienen en común Miley Cyrus, Lindsay Lohan y Britney Spears? Además de ser estrellas pop que se hicieron famosas en su adolescencia y pasaron por momentos complicados, todas ellas comparten el hábito de comerse las uñas. Una muy poco sana costumbre a la que suele dedicarle un buen rato cada día el 25% de la población mundial.

La onicofagia es más elevada en los niños y adolescentes de entre 10 y 18 años (el número asciende a prácticamente la mitad de las personas del planeta), y aunque se ve como una imagen negativa, poco estética y reveladora de nuestro nervios, detrás de este hábito se esconden problemas un poco más serios.

Sea por aburrimiento, distracción o buscando una vía de escape para liberar tensión ante una situación que nos provoca estrés, morderse las uñas puede acarrear una serie de consecuencias para tu salud.

El 25% de la población mundial comparte este mal hábito. El números es mayor entre los menores.

Un nido de bacterias

La mano es la parte del cuerpo que toca cientos de cosas a diario, todas ellas llenas de bacterias, desde las escaleras mecánicas del shopping hasta el teclado de la computadora -que no se ha limpiado en años-, y que encuentran bajo las uñas el escondite perfecto para alojarse.

Esos hongos y levaduras pasan a nuestra boca cuando nos mordemos las uñas. Lo realmente preocupante es que un estudio demostró que las personas que sufren onicofagia tienen en su organismo bacterias que están presentes, entre otros muchos sitios, en los residuos fecales.
Si las uñas están llenas de bacterias y nos las llevamos a la boca, podemos favorecer la aparición de desagradables herpes en lugares tan dolorosos como los labios e incluso lesiones bucales que podrían afectar de forma directa a nuestros dientes. Además de esas lesiones en la boca, la matriz de la uña podría quedar gravemente dañada, especialmente la que se sitúa debajo de la cutícula y del tejido periungueal.

Si sos de los que se muerden las uñas habitualmente, podrías tener serios problemas con el aliento. Si las bacterias presentes en tus uñas terminan en la boca, el organismo genera partículas y sustancias que tienen como objetivo defenderse de forma natural de estos "ataques" externos.

Como si fuera poco, varios expertos aseguran que morderse las uñas podría favorecer el desarrollo de la gingivitis, así como potenciar el bruxismo (el hábito involuntario de apretar los dientes) y hasta obligarte a ir al odontólogo por daños en los dientes.

¿De quién es la culpa?

Los psicoterapeutas han formulado algunas teorías sobre por qué nos comemos las uñas. Sigmund Freud le echó la culpa a la detención del desarrollo psicosexual en la fase oral. Dentro de las teorías freudianas, la fijación oral está vinculada a una multitud de causas, como infraalimentación o sobrealimentación, un periodo demasiado largo de lactancia o una relación problemática con la madre. Otros terapeutas han sugerido que morderse las uñas podría deberse a una hostilidad hacia uno mismo, después de todo es una forma de automutilación, o una ansiedad nerviosa.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario

Lo Más Leído