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Cómo fueron los "Precios Cuidados" hace 70 años

Tres gobernadores neuquinos trabajaron para evitar la inflación y tomaron medidas de control.

Por Mario Cippitelli - cippitellim@lmneuquen.com.ar

No fueron precios cuidados tal como los conocemos hoy, pero aquellas medidas tuvieron un mismo objetivo: cuidar los precios para que no se disparen. Y si fuera posible, bajarlos un poco. Ya en aquellas épocas los habitantes de Neuquén y del país sabíamos lo que era la inflación.

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Al menos tres gobernadores del territorio de Neuquén en las décadas del 40 y del 50 se ocuparon de tomar medidas para adherir a dos leyes dispuestas por el gobierno nacional encabezado por el general Juan Domingo Perón: el Plan Económico de Austeridad y Comisión contra el Agio y la Especulación.

Las palabras "agio" y "especulación" prácticamente quieren decir lo mismo, pero se buscó reforzar el concepto en aquella norma que no era otra que un severo control en los comercios para evitar abusos contra los consumidores.

El gobernador Emilio Belenguer (1946-49) fue el primer mandatario en aplicar estas medidas en el territorio. Para dar también cumplimiento a la ley 12.830, convocó a la Comisión Territorial con el objetivo de dar cumplimiento a las medidas nacionales. ¿De qué forma? Hubo que hacer recorridas por los comercios neuquinos de aquella época, que eran muy distintos a los que conocemos en la actualidad. No había grandes superficies comerciales. Los más populares siempre eran los almacenes de ramos generales que, sobre todo en el interior, se multiplicaban por todos los pueblos para abastecer a las comunidades.

A esta cruzada contra la inflación se sumó Pedro San Martín (1949-52), quien tomó medidas similares y combatió la especulación en forma intensa a fin de evitar que subieran artificialmente los artículos de primera necesidad.

Luego llegaría Pedro Luis Quarta (1952-55), quien tuvo que intensificar las medidas de sus antecesores. Durante su mandato logró solucionar numerosos problemas sociales que afectaron a la población y formó comisiones de control de precios de productos de primera necesidad que en forma permanente recorrían los pueblos más alejados de la capital.

Las medidas que tomaron los tres mandatarios, en consonancia con las disposiciones del gobierno nacional, fueron positivas, pero no significaron la solución al problema de fondo. Por aquel entonces, en Neuquén no había grandes fábricas de alimentos y muchos artículos llegaban casi en forma directa desde el productor al comercio, por lo que no era muy difícil establecer el costo de la producción primaria y el precio final, debido a que la cadena de intermediarios no era demasiado larga. Además, muchas mercaderías se vendían "al peso" o fraccionadas, inclusive los lácteos.

Los controles eran estrictos y las penalidades aplicadas cada vez que se constataba una infracción eran muy altas. La comisión encargada del monitoreo recorría los almacenes y comercios en general con una lista de precios máximos donde se constataba que el propietario del local tuviera esos mismos números en los artículos de primera necesidad. En caso de una irregularidad, primero se aplicaba una multa en pesos que era realmente alta. Si en un segundo control había reincidencia, podía llegarse a la clausura del negocio.

Las cifras oficiales elaboradas por el Indec indican que entre 1946 y 1949 la inflación rondó el 15 por ciento anual, en 1949 se duplicó y alcanzó el 30% y en la primera parte de 1952 trepó de manera alarmante a casi el 60%. A partir de este dato es que el gobierno de Perón estableció ese paquete de medidas de control, de austeridad, pero acompañadas por un ajuste en el gasto público, un freno en la emisión monetaria y un congelamiento de los salarios durante dos años.

Todas esas políticas tuvieron sus frutos entre 1952 y 1954, cuando la inflación tuvo una brusca caída hasta quedar en cero.

Recién a partir de ese momento los controles de precios terminaron y tanto comerciantes como consumidores volvieron a vivir en paz, aunque no por mucho tiempo.

Fuentes: Ríos Carlos Agustín "Gobernadores del Neuquén". Indec.

El monitoreo constante es posible y puede ser exitoso

Opinión de Humberto Zambón. Economista

El control de precios tiene mala fama. Esto se debe a experiencias fallidas y a los formadores de opinión dispuestos a que así sea. No bien se plantea el tema, recibe el rechazo generalizado de economistas, políticos, opinólogos de televisión e, inclusive, del público en general. Inmediatamente nos inundan con cientos de ejemplos de su fracaso.

Como el tema vuelve reiteradamente a discutirse, me pareció interesante incorporarlo como pregunta general ¿Es posible el control de precios?

En primer lugar, además de los cientos de ejemplos de fracasos que se hacen públicos, también existen ejemplos exitosos que se omiten ex profeso. Posiblemente el más conocido sea la experiencia norteamericana de 1941, cuando el presidente Roosvelt llamó al economista John Kenneth Galbraith para que instale un control interno de los precios ante el aumento de la demanda que implicaba el esfuerzo de la guerra y la ocupación plena de la economía, y que logró que la inflación interna fuera esos años inferior al 2% anual.

En segundo lugar, las posibilidades de éxito de un control dependen del lugar y momentos concretos donde se aplica.

El economista polaco Kalecki decía que en la sociedad industrial existen básicamente dos clases de bienes. Los manufacturados, cuyo mercado es oligopólico y sus precios se fijan en base a los costos unitarios directos más un porcentaje de utilidad bruta. Los otros bienes son los producidos por el agro, en un mercado más o menos competitivo y cuyos precios son fijados en base a la oferta y la demanda; se refiere a los productos de consumo que se destinan casi exclusivamente al mercado interno. En este último mercado las variaciones grandes de demanda u oferta se traducen en grandes variaciones de precios. En este caso es difícil establecer un control eficiente. Hay un tercer tipo de mercado que es la actividad primaria destinada masivamente a la exportación, como ocurre actualmente con la soja. Para este mercado, el precio interno resulta del precio externo y del tipo de cambio. La intervención posible del Estado, para aislar esta dependencia del precio externo, consiste en convertirse en el único exportador o en el fiscal, estableciendo retenciones a la exportación.

En el capitalismo actual predominan los productos manufacturados. Se trata de mercados altamente monopolizados u oligopolizados, con empresas líderes que fijan sus precios en base a costos más el margen de utilidad bruta; las demás productoras del ramo fijan el suyo en función de aquel: un poco más bajo si son menos conocidas o si quiere pelear una porción del mercado; en unos pocos casos, un poco más alta, si quiere diferenciarse apuntando a un sector de alto poder adquisitivo. Pero lo cierto es que todos los precios se fijan en función de los de las empresas líderes. En consecuencia, en un sistema eficiente de control de precios no es preciso controlar al universo de empresas productoras y comercializadoras: basta hacerlo con las fijadoras de precio, procurando que la tasa de ganancia no supere un nivel razonable.

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