¿Cómo lograr que a tu pareja le guste lo mismo?

El problema del amante del vino es que tiene que compartir la mesa. ¿Qué pasa cuando el otro tiene gustos diferentes? ¿Hay solución?

POR JOAQUIN HIDALGO / Especial

Expongamos tres casos. María y su novio Jorge, ella bebedora de tintos, él de gaseosas cola. O el de Gabriel, que está dispuesto a gastar más en botellas que en pilchas, cosa que Mónica no logra comprender. Y discuten mucho por eso. O el caso más patológico de Laura y Gonzalo: ella bebe blanco y odia los tintos y él, exactamente al revés.

¿Deberían hacer terapia de pareja? No somos nosotros quienes tienen que responder esa pregunta. A nosotros nos interesa la otra parte del asunto.

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Es raro: mientras que a algunos les pica el bicho del vino, a otros el del paracaidismo y los crucigramas. Y si bien el amante de la adrenalina se puede tirar sin más que temor por parte de la pareja y el crucigramero disfruta en el living silencioso de su pasión sin importar qué haga la media naranja, el amante del vino se enfrenta a un problema diferente: la mesa y la comida, un lugar de encuentro, donde todo se comparte… menos el vino.

Hemos visto muchas parejas que toleran esta pasión sin sexo ni género: el bicho pica randomizadamente y sin un patrón claro, más allá de que todo amante del vino es por naturaleza curioso del detalle y gozador de la buena mesa.

Como en esos consultorios de enlaces y ataduras románticas, en las catas de vino se escucha con frecuencia lamentos del tipo “abro una botella digna y no prueba copa” o “no me deja descorchar en la semana porque dice que luego como de más”, “No hay vino que convenza su paladar”. ¿Qué hacer en estos casos?

El vino para todo paladar

El caso de María y Jorge va en plan de solución. Y la cuestión salió de una charla sencilla en la que nos dimos cuenta de que Jorge amaba las cosas dulces y María, los tintos potentes. Ahora, cuando se sientan a cenar los fines de semana o salen a comer por ahí, saben que tienen que pedir algunos vinos que acerque el paladar de ambos. Y la respuesta es una sola: red blend. En esa categoría de vinos hay tintos un poquito dulces –van desde 5 a unos 10 o 12 gramos de azúcar– con los que pueden disfrutar de una mesa con vino sin ceder mucho.

La moraleja, si es que hay una, es que en el mundo del vino siempre hay un producto capaz de unir paladares. El asunto es saber cuál.

Blancos versus tintos

Laura y Gonzalo, una pareja como tantas otras, no pueden disfrutar de una botella de vino: necesitan siempre dos, una blanca y otra tinta. En esos días buenos en que están de humor, se alternan, una vez blanco y Gonzalo sufre; otra vez tinto y Laura casi no prueba su copa. Hasta que descubrieron el pinot noir, en una cata de vinos a la que los invitamos, en plan de terapia.

Ahora los dos aman la variedad tinta más blanca del mercado. Mientras que el cuerpo y la textura del pinot noir es la de un blanco, su sabor es la de un tinto ligero. De modo que acercaron sus posiciones. Y si bien siguen teniendo los días en que beben o uno u otro, cuando están en las buenas se pueden sentar a la mesa y gozar de un buena botella de pinot noir que los deja tan cercanos que casi pueden saborear el inicio de la relación. Y llevan seis años juntos ya.

En este caso la moraleja es romántica: el vino también puede conectar a las personas con las razones profundas de su amor. Aunque, claro está, no necesariamente es una variedad o estilo.

El vino o la pilcha

Gabo y Mónica lo tienen más difícil. Porque en el fondo no están discutiendo temas de gustos, sino de puntos de vista frente a la vida. Pero igual pueden hallar una solución en la botella perfecta. Y en ese caso, Gabo nos ha contado que si invierte en un espumoso de precio superior a la media, Mónica queda encantada de compartir con una copa, mientras que ella tomó el mando de vestir a su pareja. A fin de mes, se sientan con el resumen de la tarjeta en la mano y discuten un poco. Pero cuando salen a comer y van bien empilchados y beben una rica copa de burbujas Nature, llevan con ganas el asunto. En todo caso, a la hora de pagar, hacen cuentas divididas.

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