Con la pelota toda manchada

Toda la expectativa que teníamos de tener un mes tranquilo, decíamos ‘olvidate, la gente durante un mes no se va a quejar del Gobierno ni de nada’. Me imagino a (Mauricio) Macri llamando a todos lados para pedir que hagan algo, que pasen de ronda. Se acortan todos los tiempos con esto”. No habían pasado más de dos o tres minutos desde el final del partido que Argentina perdió contra Croacia cuando quien escribe prestó oídos a la reflexión perpleja de un funcionario provincial requerido para salvar una serie de inquietudes periodísticas absolutamente distantes del fútbol como de la política pura y dura.

En ese momento, la Selección estaba afuera del Mundial para casi todos. La tabla de posiciones pero sobre todo la demostración del equipo condenaba a nuestro equipo. ¿Y ahora qué hacemos?, se preguntaron los armadores de las políticas públicas que apostaban a ampliar sus márgenes de acción bajo la cortina del Mundial. Se operan las consecuencias del pacto con el FMI en esa zona, entre otras cuestiones. Y entonces, apareció el ruido de las operaciones de prensa surgidas en torno a la Selección que lograron en los últimos días la atención que el fútbol había cedido.

Rusia 2018 como cortina no fue lo que se pretendía desde un principio. Unas horas antes de que rodara la pelota del juego inicial, el pueblo argentino estaba conmovido (para bien o mal) por la definición de la sesión del aborto legal en Diputados. La Selección de Messi debutó dos días después con un pálido empate frente a Islandia, que fue encubierto en sus repercusiones por el aborto legal. Y un día antes del definitorio choque contra Nigeria el país se paralizará por una medida de fuerza de la CGT.

La operación del espanto fue más fuerte como cortina de la política que el fútbol de la Selección en el Mundial.

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