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Salvatore estuvo en la guerra y Elisa fue campeona en natación.

POR PABLO MONTANARO - montanarop@lmneuquen.com.ar

“La vita e piu bella”, dice con una amplia sonrisa y desbordante energía Salvatore Patti a sus 99 años, aunque por coqueto se saca uno. Sentado en un rincón del salón de una residencia geriátrica, ubicada en Valentina Norte, donde llegó hace un poco más de dos años, este hombre nacido en Sicilia, Italia, se presta generoso a contar que combatió en las filas del Ejército italiano, aliada a la Alemania nazi, durante la Segunda Guerra Mundial.

“Estaba en el frente, la pasé mal. Tenía 21 años. Es terrible la guerra. Vi morir a muchos jóvenes, vi a muchos sin cabeza, sin brazos, sin piernas. Es terrible”, explica. Y suelta la siguiente frase que de boca de un combatiente suena a reflexión: “Una guerra es mejor perderla que hacerla”.

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Salvatore combatió en África, donde tuvo un particular contacto con uno de los jefes nazis más reconocidos por sus hazañas guerreras (ver aparte). Luego de la contienda bélica, Salvatore llegó a la Argentina, donde abrió su sastrería.

Con su amado oficio le dio un sustento y provenir a su esposa Giuliana y a sus dos hijos. “Uno estudió para contador y el otro es fiscal”, cuenta con desbordante orgullo.

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“A la gente le gustaba vestirse bien, eran otras épocas... Hacía sacos, trajes, pantalones, sacos sport”, enumera. “La vita e bella”, vuelve a cantar Salvatore y se ríe porque dice que va a pasar los 100 años. Cuando habla de su esposa, se le iluminan aún más sus ojos claros. “La pasábamos bien juntos. Yo le hacía los vestidos. Murió hace cuatro años”, comenta.

Antes de despedirnos, Salvatore me dice: “La verdad estoy conforme con mi vida. Muchos amigos se fueron por el camino, pero hay que seguir, pensar en otra cosa”. Y vuelve a soltar su “la vita e bella”.

La nadadora que saludó a Perón

Elisa Nieto tiene 93 preciosos años, acaso porque desde chica desplegó su habilidad y destreza practicando numerosos deportes. Esta mujer nacida en la ciudad de Buenos Aires ingresó hace unos años con su marido en la residencia geriátrica.

Antes de convertirse en ama de casa y dedicarse a la crianza de sus cuatro hijos (que hoy tienen 68, 66, 64 y 54 años), se destacó en competencias de natación, vóley y hockey sobre césped, y en el manejo del francés, alemán e inglés. “Nunca estaba quieta, me la pasaba haciendo deportes”, cuenta. Destaca uno de sus mayores logros: “Fui campeona argentina de natación en el Sudamericano realizado en Brasil”.

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Por esas cosas de la edad, no recuerda con precisión el año (“Creo que fue en 1943 o 1944”), pero sí que fue recibida por el presidente Juan Domingo Perón. “Cuando volvimos de competir en Río de Janeiro, el presidente de la federación nos pidió que fuéramos a saludar a Perón en la Casa de Gobierno porque ‘si no, no sale nadie más a competir al exterior’, nos dijo”. Y confiesa que “lo menos que quería hacer era saludar a Perón”.

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Recuerda que empezó con los deportes de muy chica porque tuvo bronquitis y el médico le aconsejó a su mamá que hiciera sobre todo natación. “Mis padres vivían para mí”, destaca.

Con orgullo, dice que además de dedicarse a los deportes en el club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires también era muy buena alumna. “Siempre estuve en el cuadro de honor en el colegio. Era muy fácil, nunca me esforcé y siempre me eximí en todas las materias”, asegura Elisa, que concurrió al Colegio Comercial 6, donde se recibió de perito mercantil.

Después del tiempo de las competencias, llegaron las obligaciones familiares y el deporte quedó finalmente a un lado. Sin embargo, comenzó la etapa de disfrutar de los viajes al exterior. Los ojos de Elisa se iluminan al recordar diversos lugares: “A Madrid me hubiera gustado volver todos los días, Rusia me pareció impactante, los palacios en San Petersburgo eran una maravilla. El último viaje que hicimos con mi marido fue a Nueva York. Nos gustaba mucho viajar y lo disfrutábamos”. “Me hubiera gustado ser deportista, pero Dios me dio cuatro hijos buenos y sanos y un excelente marido”, cierra.

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