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Con sus muñecos de tela crea un mundo de ilusión y fantasía

Daniela Zanabria contó la historia de Papá Sol, un emprendimiento que soñó desde pequeña y que logró concretar en vísperas de su jubilación. Lo piden grandes y chicos.

Las costuras de María, su abuela materna, encendieron una llama que nunca se apagó y que hoy da sus frutos. El mundo de ilusión y fantasía confeccionado con hilo, aguja y "trapos" fue mucho más que un juego. Un pacto de amor incondicional a sus "ángeles de la guarda" que mantuvo a lo largo de su vida y un sueño que se animó a cumplir -derribando sus miedos y desafiándose a sí misma- en los años previos a su jubilación.

"La historia de Papá Sol nació hace muchos años. Yo hoy tengo 52 años y cuando era niña me encantaban los muñecos de trapo. Mi abuela materna me los cosía a mano con retazos viejos", comenzó relatando Daniela Zanabria, quien a los 10 años aprendió a hacer sus propios diseños a mano y a máquina "con telas más lindas" y la ayuda de su mamá.

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Así empezó alimentar el deseo de tener una fábrica de muñecos de tela, idea que quedó archivada por un largo tiempo como un anhelo infantil, pero que se mantuvo viva como hobby mientras le dio rienda suelta a otros interesas que la llevaron a recibirse de técnica química y a convertirse en docente de esa materia luego de dejar la carrera de ingeniería para poder dedicarle más tiempo a su familia.

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"Cada tanto, cuando nacían niños de familias cercanas o amigos, yo les hacía muñecos, almohadones y el ajuar, me encantaba pintar telas. Mientras, daba clases en la EPET 14 donde transcurrieron mis años 32 años de servicio. Luego, por recomendación de una amiga, yo hice la carrera de Bellas Artes y -tiempo después- también me recibí de Técnica Superior en Imagen Personal y Corporativa. Siempre me gustó estudiar, capacitarme, aprender cosas nuevas". destacó la docente que se jubiló hace un mes, antes de marcar la llegada de su hija Candela como otro hito de Papá Sol, el emprendimiento de muñecos de tela que puso en marcha oficialmente en 2017.

"Ella tiene 24 años hoy, pero cuando nació empecé a desplegar de nuevo todas mis habilidades. Le decoré la habitación, le hice muñecos y le pinté un mural que tenía un sol grande, dorado. Yo le contaba cuentos y ella siempre señalaba el sol. Así que le pusimos un nombre y si es protector, es Papá Sol. En ese momento yo estaba con el papá de mis hijos, tenía la representación de un hombre protector, también con mi papá", explicó Daniela sobre el nombre que, años después, se convirtió en la marca de su emprendimiento que se materializó a partir de una crisis laboral y económica.

SFP Daniela Zanabria emprendedora taller de muñecas (14).JPG

"En la EPET yo tenía dos cargos: a la mañana era titular y por la tarde hice una suplencia durante 10 años. Además era jefa de laboratorio. Un día me dieron la noticia que el titular de ese cargo se incorporaba. Hacía un par de años me había divorciado, vivía con mi segundo hijo Tobías y mi hija Candela ya se había ido a estudiar a Buenos Aires, así que dependía de mi sueldo. Sin ese cargo se me vino el mundo abajo. Uno tiene todo armado en base a los ingresos que tiene y yo me quedaba con la mitad. Fue desesperante para mi. Por suerte mi papá siempre estuvo a mi lado, me decía: 'Dani, no te preocupes, cualquier cosa que necesites yo estoy'. Pero bueno, no es lo mismo cuando uno lo gana. Así que dije 'algo tengo que hacer'. Empecé a anotarme en suplencias, buscar horas pero tenía cierto enojo porque lo sentí como una injusticia. Escribí un proyecto para armar una escuela de arte y otro para hacer asesoría de imagen, pero estaban mis muñecos que ya tenían el nombre de Papá Sol. Lo charlé con amigos y mis hijos me alentaron para que resurja la fábrica de muñecos que en algún momento quise tener", relató.

Animarse y valorar el trabajo propio

En medio de esa búsqueda llena de angustia para salir a flote, Daniela se anotó en una capacitación para mujeres emprendedoras en el Centro PyME-ADENEU luego de ver la publicación de una amiga en Facebook.

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"Éramos como 20 mujeres y todas con una historia muy parecida a la mía: estaban haciendo cosas con sus manos para salir adelante, para llevar la comida a su casa. Algunas tenían su emprendimiento en marcha, otras recién comenzaban, algunas -como yo- no tenían ni idea de cómo poner en marcha un negocio, cómo cobrar, yo nunca le había puesto un precio a mis muñecos. Ahí nació Papá Sol como un emprendimiento de muñecos, antes había sido manualidades, hobby", subrayó.

"Luego hice otra capacitación en la Municipalidad que nos dio un subsidio a devolver con capacitaciones derivadas de nuestro trabajo. Yo dicté cursos en una biblioteca del oeste de cómo hacer muñecos de trapo", agregó antes de mencionar una de las barreras que frenan a muchas personas a la hora de ofrecer sus creaciones.

SFP Daniela Zanabria emprendedora taller de muñecas (5).JPG

"Al principio me daba vergüenza. Me preguntaba ¿yo voy a vender mis muñecos que siempre los regalé? Me parecía que no era algo descomunal. Si bien siempre amé a mis muñecos, me parecían muy poco", planteó para luego destacar como su mayor enseñanza que sacó del Centro PyME fue el valorar su producción y tomarla como un trabajo. Consultada sobre qué le aconsejaría a aquellos que dudan en lanzarse con un proyecto, Daniela señaló: "Yo les diría que se animen. Que le pongan amor, las cosas que se hacen con amor y pasión es cuando mejor salen. Y que se animen a ponerle un precio porque es su trabajo, su tiempo, su dedicación, que valoren lo que hacen. Animarse y tener constancia. Hubo meses en lo que yo no vendí nada, pero nunca dejé de hacer publicaciones en las redes. Seguir insistiendo, nunca bajar los brazos, más allá de cómo esté el país... siempre va a llegar una mano".

La marca de la ternura

Si bien a lo largo de su vida hizo toda clase de muñecos, Daniela se concentró en hacer los de "patas largas" con soga. "Esos son los que tienen mi sello personal, más allá que pueda hacer otros si me lo piden", señaló. "Los más grandes miden 50 centímetros, los mediamos 40 y los más chicos 30. Están todos bien cocidos, el pelo súper pegado. Se pueden lavar en lavarropas con bolsas para zapatillas o ropa interior. Recomiendo, si son muñecas, hacerle trencitas para que no se arruine", advirtió.

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"He hecho también animalitos a como perritos, gatitos y mariposas. Ahora incorporé la parte romántica de Papá Sol con hadas y corazones rellenos con lavanda y manzanilla para que perfumen. También tengo 'Atrapa ternura" que son atrapa sueños con el estilo de Papá Sol. Mi pareja Eduardo me sugirió que le ponga ese nombre porque la ternura es parte Papá Sol. También elaboro llamadores de ternura que son tres corazones con cascabeles unidos por un hilo de yute", precisó.

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"Para mi siempre fue muy importante la devolución de la gente", subrayó Daniela al enfatizar la satisfacción que le da ver cómo los chicos se apropian de los muñecos, verlos jugar y las historias que les cuentan respecto a cómo esos pequeños amigos de tela se convirtieron en parte de su vida, a punto tal que permanecen aún en la adolescencia y en algunos casos mucho tiempo más.

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"Hay mujeres que vienen y me piden muñecas para ellas. Yo les hago preguntas sobre cuando eran niñas, las cosas que les gustaban, sus colores preferidos y las voy armando de acuerdo a las características que ellas me dan. Hay señoras que me compran para sus madres, mujeres de 70, 80 años que cuando eran chicas no pudieron tener juguetes o, que les gustan tanto, que al día de hoy siguen teniendo sus muñecas. También hay papás, tíos, maridos que me hacen pedidos especiales. Una chica me la pidió para hacer terapia porque iba a trabajar con su psicóloga su niña interior. Yo incluso he participado en talleres de adultos para sanar al niño interior en el que se me fueron muchos muñecos", contó.

"Yo soy reacia a llevarlos a jugueterías porque para mi son muy especiales. Como los hago a pedido, siempre tienen algo especial de la gente que me los compra. Cuando lo estoy armando pienso en la persona que lo va a recibir. Yo creo mucho en la energía. Van con todo mi amor y mi ternura. Cuando los envuelvo les pongo un perfume muy rico, todos los sentidos y las emociones están puestas ahí", resaltó.

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"Esto lo hago con mucho amor porque me gusta", remarcó con su voz dulce Daniela, orgullosa del camino que recorrió con sus amigos de tela, mientras proyecta acondicionar un espacio que funcione como taller y salón de ventas. "En mi casa tengo cada vez más cosas, la habitación de mi hija está cada vez más llena. Así que sueño con tener mi taller y que se transforme en algún momento en un showroom para que la gente conozca el espacio donde trabajo", puntualizó.

Papá sol tiene su tienda online y página de Instagram.

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