Cuando el sexo no le da la espalda a la discapacidad

En Neuquén hay trabajadoras sexuales que atienden a jóvenes y adultos. Piden que sea un servicio social.

Pablo Montanaro

montanarop@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- “Las trabajadoras sexuales han sido las únicas que atendieron la sexualidad de la gente con discapacidad”, afirmó Silvina Peirano, una profesora de educación especial y titular de una organización de asistencia sexual para personas con discapacidades, durante una jornada de reflexión sobre la temática. La sexualidad relacionada con la discapacidad sigue siendo un tema tabú. En algunos países europeos como Bélgica y Suiza, existen las terapias de asistencia o acompañamiento sexual destinadas a personas discapacitadas; incluso el Estado cubre o subvenciona este servicio.

Este tipo de asistencia está incluido en el proyecto de regulación del trabajo sexual autónomo que viene impulsando la Asociación de Mujeres Meretrices (AMMAR) y que en las últimas semanas fue eje de un encuentro entre integrantes de esta organización y diputados neuquinos.

Cuatro trabajadoras sexuales de la ciudad de Neuquén asistieron en Buenos Aires a una capacitación sobre el tema, comentó a LM Neuquén Teresa Godoy, secretaria general de AMMAR Neuquén.

Godoy señaló que en el último tiempo tienen una alta demanda de pedidos de atención sexual de jóvenes y adultos con distintas discapacidades. “Por lo general nos contactan sus padres, hermanos, tíos o abuelos. Algunos tienen problemas de movilidad, otros neurológicos, y una o dos veces al mes le piden a algún familiar que quieren ver a ‘sus amigas’; se contactan con nosotras y van donde atienden nuestras compañeras o ellas van al domicilio”, explicó Godoy, quien resaltó que muchos familiares les agradecen la ayuda que les brindan.

“Las chicas se han preparado mentalmente porque se trata de algo más allá del acto sexual, también de atender otras cuestiones como saber manejarse ante una persona que tiene movilidad reducida o síndrome de Down”, sostuvo.

Samy tiene 53 años y hace algo más de 12 -después de separarse- eligió trabajar ofreciendo sexo comercial de manera autónoma en su casa ubicada en el centro de la ciudad. Esta mujer, madre de dos hijos y que sueña comenzar en algún momento la carrera de Psicología, es una de las cuatro trabajadoras sexuales que atiende a personas con discapacidad.

“Esta gente necesita una contención, una conversación. Conocí gente con problemas físicos, quizás en una primera instancia no quieren mantener una relación sexual sino una compañía, pasar un buen rato, que alguien los escuche, los vea, los sienta”, explicó.

Afirma que no discrimina a nadie porque sabe “que necesitan conversar, estar a solas con una mujer y después, si se da lo sexual, se da y, si no se da, está todo bien. Una tiene que tener tacto, conocer a la persona, ver qué necesita, no puede exigirle ir directamente al hecho”.

Recuerda a su primer cliente, un hombre de 28 años con síndrome de Down que llegaba acompañado por su madre que, luego de una hora o dos, lo pasaba a buscar. “Era un cliente asiduo, tranquilo, buscaba compañía, contención”, describió. Menciona a otro hombre “culto e inteligente, de una carrera muy importante”, que llegaba hasta lo de Samy en silla de ruedas. “Tenía que conjugar varias cosas para satisfacerlo, que se sintiera contenido. Con el tiempo entablamos una linda amistad. Una no tiene que mirar si puede caminar o no, si es gordo o flaco, no lo puedo rechazar por una cuestión física”.

Samy consideró que es “muy importante” lo que hace, “siempre y cuando una se sienta cómoda. Yo no estoy obligada a nada”.

”Quizás no quieren mantener una relación sexual sino una compañía”, sostiene Samy.

“A la sociedad le cuesta imaginar al discapacitado en lo sexual”

“La sexualidad es algo natural en una persona”, sostuvo Rocío Monzalvez desde su silla de ruedas después de una clase de básquet a la que asiste en Neudedis, una asociación que trabaja con personas con discapacidad a través del deporte.

Rochi, como pide que la llamen, tiene 28 años y su discapacidad fue provocada por un defecto de nacimiento de la columna vertebral, denominada espina bífida, que se presenta como consecuencia de un fallo en el cierre del tubo neural durante el primer mes de gestación.

Considera que la puesta en marcha de un programa de asistencia sexual para personas con discapacidad sería de suma importancia. “Hay que empezar a pensar qué es lo que quiere la persona aparte de que pueda haber una relación sexual o no, ya sea compartir un mate, una charla, una caricia, una mirada”.

Contó que salió con hombres “con y sin discapacidad” y que con algunos de ellos tuvo “buenas” relaciones sexuales. “Tuve una relación de varios años, después cortamos pero no influyó para nada mi discapacidad”, confesó.

Explicó que la sociedad actual está muy estereotipada respecto de cómo tiene que ser una mujer. “Creo que a lo sexual se lo entiende la mayoría de las veces como la penetración misma, y eso no es todo. Por ejemplo, algo básico como las posiciones que pueden variar y el deseo se puede consumar igual”. “A la sociedad le cuesta mucho ver al otro en lo sexual y más si ese otro tiene una discapacidad”, concluyó.

Con el objetivo de asistir el deseo

“Hay una prejuicio que indica que las personas con diversidad funcional son seres asexuados”, aseguró Antonella Benítez, profesora de educación física a cargo de la actividad de básquet sobre sillas de ruedas en Neudedis. Hace diez años que Benítez trabaja con personas con discapacidad y hace un tiempo se contactó con Silvina Peirano, titular de Sex Asistent, una entidad que impulsa la asistencia sexual para quienes tengan alguna discapacidad. Entiende que personas capacitadas provenientes de distintas profesiones podrían realizar estas asistencia. “No se trata de una cuestión terapéutica, sino de entender la necesidad de deseo”. Comentó que es la persona discapacitada quien “tiene que solicitar la asistencia sexual, comunicarlo del modo que pueda, y no el familiar, porque de esa manera estaría decidiendo por el otro”.

Contó que en Neuquén no existe este tipo de asistencia. “Está la demanda, pero no tenemos una solución de tipo institucional”.

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