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Cuando en Neuquén talaron araucarias para fabricar papel para el país

Un ferroviario narró en un libro este insólito ensayo que realizó el gobierno nacional a mediados del siglo pasado.

Son milenarias, imponentes y uno de los íconos más representativos de la cultura de Neuquén, a tal punto que hoy sería impensable planificar una industria a través de sus maderas. Sin embargo, alguna vez hubo ensayos para utilizarlas para la producción de papel. Así, casi terminan con las araucarias.

El historiador Isidro Belver publicó un extenso artículo en Facebook que es parte del libro "Mi Vida de Ferroviario Inglés en Argentina”, de Arturo Coleman, un ex empleado ferroviario de origen galés que escribió sus memorias alrededor del trabajo que desarrolló en el ferrocarril ente principios y mediados del siglo pasado.

En este texto se recuerda que durante el período de la primera guerra mundial hubo una “escasez alarmante de papel, no tan sólo del destinado a los diarios y revistas, sino también de las clases adecuadas para trabajos comerciales”. Debido a que el problema se acentuaba, el gobierno nacional decidió comenzar a producir la pasta de papel en la Argentina.

Fue así que el Ministerio de Agricultura de la Nación empezó a incentivar la fabricación de este insumo a través de madera de araucaria. Si bien los resultados de esta pasta no eran los mejores servía para ciertas clases de papel y hasta para tejidos que imitaban la tela de arpillera, fabricada con yute.

“Grandes bosques de araucaria imbricata existían, y posiblemente existen todavía, en los campos del establecimiento "La Cesarina", del señor Esteban C. Ferrari, ubicado en Lapa, Limay Centro, a unas veinte leguas al sud oeste de la estación Zapala, terminal de la línea férrea al Neuquén. Para realizar diversos experimentos, se llevaron desde "La Cesarina" a Zárate varios troncos de araucaria imbricata, sometiendo la celulosa a los tratamientos necesarios, con soda cáustica o bisulfito de soda, obteniendo una pasta de papel bastante buena, comprobándose que la araucaria ensayada proporcionaba un veinte por ciento más de rendimiento aprovechable que el obtenido con los pinos del norte de Europa, coníferas que eran consideradas como las de más alto rendimiento industrial”, escribió Coleman.

Copahue es un área natural protegida, donde hay ñirantales y araucarias.

El ex ferroviario realizó una minuciosa descripción de la geografía, el paisaje y los pueblos del territorio, tomando fotografías, entrevistado a lugareños y especialistas para poder elaborar un informe completo sobre la factibilidad de la producción de papel a través de estas plantas milenarias.

“Pude constatar que, efectivamente, los bosques de araucaria imbricata eran enormes y la cantidad de papel que con los mismos podría fabricarse, capaz de abastecer las necesidades del país, por mucho tiempo, caso de ser racionalmente explotados los montes y realizarse la reforestación de las superficies hachadas”, indicó en su relato.

Si bien en un principio Coleman no había tenido una impresión tan buena de una producción a gran escala por las dificultades que tenían los caminos para llevar la carga hasta Zapala, en 1948 y con una nueva escasez de papel en el país, elaboró un nuevo informe a raíz de las mejores que se habían hecho en Neuquén en materia vial.

“Posiblemente, en esta ocasión, sea más fácil el transporte de troncos, porque ya se han mejorado en gran manera los caminos que afluyen a la Cordillera, y porque es posible instalar las fábricas de pulpa de madera en el propio lugar, aprovechando la fuerza hidráulica que proporcionan los ríos v arroyos de la región. Estoy convencido que no han de transcurrir muchos años, antes que se emprenda, en escala comercial, la utilización de la araucaria imbricata y que el ferrocarril, en vez de trozas y troncos, transportará miles de toneladas de pasta de papel, si no de papel ya elaborado”, aseguró el ferroviario.

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Afortunadamente para el medio ambiente, el proyecto para fabricar papel con madera de araucaria fue solo el ensayo de una iniciativa que no prosperó, aunque otras industrias sí derribaron estas plantas durante varios años.

“Los zapaleros lo saben muy bien; fue una promisoria fuente de trabajo -rumbo a Buenos Aires- que se mantuvo hasta fines de los 60, con la deforestación del bosque nativo de araucarias por numerosos aserraderos en el bosque y su uso como madera de carpintería y contrachapado en fábricas de terciado”, publicó Belver al presentar el texto en la red social. Y recordó que recién en la década del 90 las araucarias estuvieron a salvo gracias a una ley que se sancionó en el Congreso.

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