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La Mañana Columna de Opinión

Cuando no exista el cupo

Ojalá todas las personas tuvieran los mismos derechos sin importar el género.

Sí, ojalá no existiera el cupo laboral trans. Ojalá no existiera la paridad de género en el Concejo Deliberante. Ojalá no necesitáramos normativas para asegurarnos de que mujeres y trans ocupen los lugares que, desde el inicio de los tiempos, siempre estuvieron ocupados por los hombres.

Ojalá el “principio de igualdad ante la ley” que tanto pregonan quienes se opusieron al cupo fuera cumplido -en la vida y no en una realidad paralela- en todos y cada uno de los ámbitos. Sí, ojalá todas las personas tuvieran los mismos derechos sin importar el género. Pero de la ley al hecho, dicen, hay un largo trecho.

¿Se puede tener tan poca percepción de la realidad de otras personas? Todo indicaría que sí. Durante la sesión del Concejo Deliberante donde se aprobó al cupo laboral trans, quienes votaron en contra usaron argumentos por fuera de todo margen de lo que significa ser travesti/trans en una sociedad que sí discrimina por el género, que sí discrimina por la identidad y que sí discrimina por la orientación sexual. Se adelantaron diciendo que no votaban en contra “por odio”, aunque la aclaración trajo más dudas que certezas. ¿Por qué oponerse a que una travesti tenga la oportunidad -esa históricamente negada- de acceder a un trabajo, cuando nadie propuso negárselo a aquellas personas que desde siempre tuvieron la posibilidad de hacerlo?

No es contradictorio pelear por un cupo para que en un futuro no muy lejano no lo necesitemos. Cuando no exista el cupo, habrá igualdad de oportunidades para todos, todas y todes. Cuando no exista el cupo, la sociedad será un poco más igualitaria, empática y amorosa. Mientras tanto, el colectivo trans seguirá en las calles y dentro de los recintos -donde nadie las creía capaces de estar-, reclamando, peleando, luchando, existiendo.