"Cuando uno ama a una persona, la ama con todo lo que trae"

Multifacético. De secuestrador sin escrúpulos en Historia de un clan a travestido en Casa Valentina, habla de su vocación por el teatro y la escritura, y de cómo lo cambió la paternidad de dos hijos con síndrome de Down: "Ser padre es el centro de mi vida".

Paula Bistagnino
Especial


La transformación sucede arriba del escenario y frente al público. El marido llega de trabajar, deja el portafolios, besa a su mujer y le pide que lo ayude a cambiarse: peluca, medias de nylon, vestido, maquillaje y bijouterie. En minutos, Gustavo Garzón es Valentina, la anfitriona de una casa en la que un grupo de hombres heterosexuales y casados se reúnen para comer, bailar, charlar y compartir un fin de semana como mujeres. "Conocí a muchos hombres y parejas que hacen esto. Es realmente curioso. Un mundo que yo desconocía", cuenta el actor que protagoniza la nueva obra de José María Muscari, Casa Valentina.

¿Qué te atrajo de la propuesta de Muscari?
Siempre que a mí me llega una propuesta estoy contento, porque no recibo tantas. Así que la primera felicidad es que piensen en mí y poder sostener mi actividad teatral con cierta continuidad. Porque ese es mi oficio y es lo que más me gusta hacer.

¿Es cierto que te hiciste actor por "vago"?
Jaja. No por vago, pero sí por descarte. Porque no encontraba ninguna carrera tradicional que me gustara y decidí probar. Pero rápidamente me di cuenta de que estaba tomado por una vocación. Y hasta los 40 años estuve tomado absolutamente por la actuación, vocación que hoy comparto con otras dos: la escritura y la docencia. Son cosas que me apasionan, las disfruto y me desconectan. Son mi mundo.

¿Y la paternidad? Sos padre de cuatro hijos...
La paternidad tiene un papel central también, muy central. Porque debo hacerlo y porque quiero. Soy padre de cuatro, sí: los mellizos de 28, Juan y Mariano, que viven conmigo; Tamara, de 27, que vive a cuatro cuadras de casa (los tres son fruto de su matrimonio con la actriz Alicia Zanca, que falleció en 2012); y Joaquín, de 17 (de su matrimonio con Ruth Alfie).

¿En qué te cambió ser padre de dos chicos con síndrome de Down?
Me obligó a descubrir un nuevo lenguaje de comunicación. Porque los amé en cuanto los tuve en brazos, pero a partir de ahí la dificultad fue cómo conectar con ellos, cómo saber qué querían, cómo ayudarlos... Y cómo no enfermarse uno, cómo no morir en el intento. Es compleja la tarea, psicológicamente hablando: el no frustrase y aceptar que la vida no es siempre como uno espera o quiere. Tuve que hacer el proceso de reconocer sus limitaciones para descubrir y potenciar sus posibilidades. Y me cambió todo. Me hizo otro tipo. Me hizo bien.

Valentina es tu primer papel como mujer en treinta años de carrera. ¿Qué fue lo más difícil?
Sí, nunca lo había hecho. Y no fue nada fácil. El tema de la voz fue lo más complicado: lograr cierta feminidad pero sin sonar forzado y sin perder mi voz. Y la postura corporal, el caminar sobre tacos, moverme... Es difícil, eh. Porque además me tocó un personaje que pelea mucho, y el pelear lo tengo bastante asociado a lo masculino. Entonces me sale así: agresivo, bruto, violento. Me cuesta mucho y aún no sé si me sale bien.

¿Te desafió eso?
No fue lo que más me interesó a priori de la propuesta. No me alcanzaba con eso. Me desafió una obra interesante, con un conflicto y con algo para decir más allá del atractivo más aparente, que es el de hombres vestidos de mujeres... y me interesó un elenco comprometido y profesional, que no se tira a la comedia más de lo necesario. Porque es un tema fácil para caer en el chiste tonto.

-¿Sabías de estos hombres que comparten su placer por vestirse y sentirse mujeres?
No, y me llamó la atención que se tratara de una historia real. Me resultó curioso conocer ese mundo y de hecho conocimos a varios. Es algo exótico. Y da curiosidad saber por qué y para qué. Siempre es bueno meterse en otros mundos y conocer otros gustos que uno no comparte. Es mi trabajo.

Tu personaje es el que aparece con su mujer y recibe al resto de los hombres. ¿Le creés a ese matrimonio?
Sí, le creo totalmente. Y hemos conocido a parejas casadas que hacen esto juntos. Son mujeres a las que les atrae, o aceptan, la parte femenina del hombre. No me cuesta para nada creérmelo. Cuando uno ama a una persona, la ama con todo lo que trae y puede aceptar cualquier cosa del otro, siempre que no lo lastime a uno, o no le haga daño. Cuando hay amor, hay respeto, tolerancia y comprensión. Cada uno tiene sus zonas no visibles para los demás, para la sociedad, y está buenísimo cuando uno puede compartirlas con la pareja.

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