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La Mañana violencia

Cuatro tiros en la cabeza pusieron fin a 12 años de violencia

Su esposo la golpeó, estranguló y violó bajo amenaza con un cuchillo en el cuello y un arma de fuego en la boca. La mujer despertó y le disparó 6 tiros con un rifle. Los Guañacos quedó conmocionado.

Los Guañacos es un pueblito del norte neuquino que se encuentra a unos 30 kilómetros de Andacollo. Dicho paraje fue uno de los escondites de los últimos bandidos que respondían al rey de España en el siglo XIX. El 13 de enero de 1832, en Roble Huacho, fueron aniquilados tres de los cabecillas de la resistencia y en la madrugada del 14, en la batalla de Epulafquen, los independentistas a sangre y fuego acabaron con la banda.

Esa fue la última batalla de la independencia de los pueblos americanos. El último resquicio de resistencia española había caído después de casi una década de persecuciones y vandalismo.

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En Los Guañacos, aún viven familiares de esos realistas que no solo participaron de la resistencia, sino que sobrevivieron mediante robo de ganado, ultraje de mujeres y bandidaje en general.

Con el paso de los años, se tuvieron que adecuar a la nueva situación y se convirtieron en crianceros y agricultores para sobrevivir en un territorio cordillerano inclemente. Algunos, incluso se mudaron a la zona de la Confluencia que ofrecía mayores expectativas que el duro norte neuquino.

Tinta negra

Es justo en ese paraje, Los Guañacos, que tiene 34 años desde su creación, que hay una historia que está vigente en la memoria de sus pocos pobladores.

Sobre el papel se imprimirá el caos y el horror con tinta negra, pero la mañana el 17 de enero de 2010, la historia se escribió con sangre y plomo. Una mujer, descendiente de ancestros realistas, volvió a tomar un rifle, pero esta vez para defenderse de un esposo machista, abusivo y golpeador al que soportó durante largos e intensos doce años.

La violencia se remite a todo tipo de agresiones: verbales, psicológicas, económicas y físicas. La golpeaba con los puños, con las palmas y hasta con la fusta del caballo que siempre tenía a mano cuando estaba en la casa, tomando con amigos o embriagándose mientras veía televisión.

La identidad de la mujer será protegida, pero a los fines del relato la llamaremos María, a él, le diremos Luis a secas.

Encantador, pero violento

María y Luis se conocieron a fines del siglo pasado, cuando la década del 90 se extinguía y el año 2000 generaba todo tipo de presagios de desarrollo y hasta finmundistas. La Argentina terminaría el siglo XX, en medio de una crisis social y política sin precedentes.

Por ese entonces ella vivía en el barrio Confluencia de Neuquén, era una adolescente y él ya era mayor de edad y bastante encarador.

Logró seducir a María, ocultándole su vida paralela vinculada al delito y a algunos amigos que tenía en las tradicionales bandas que desde los 80 se enfrentan al sector de Los Pumas, en inmediaciones de la Escuela de la popular barriada.

La Comisaría 19 de Confluencia, lo tenía fichado por varios robos, hurtos y actos de vandalismo.

Entrado el nuevo siglo, María y Luis, comenzaron a convivir y el fantasma de ese ser dulce, alegre y agradable se transformó en un celoso, agresivo y violento esposo.

Así las cosas, ella buscaba refugio en su familia, pero todavía eran tiempos en los que nadie se metía en lo que ocurría en casa ajena y menos aún en las sábanas de los otros. La vida matrimonial se resolvía puertas adentro.

A María, las palizas se le hicieron algo frecuente, pero no quiso ser una víctima más del círculo de la violencia y lo denunció en la Comisaría 19.

Las instituciones no estaban preparadas para atender esta problemática, por lo que “cuando Luis salía de la Comisaría y volvía a casa todo era peor”, contó María a los especialistas que la asistieron tras el desenlace del 17 de enero de 2010.

Respecto de las denuncias de maltrato y violencia que radicó la mujer en la Comisaría 19, quedó asentado en el expediente: “no pudieron ser corroboradas debido al siniestro (incendio) que destruyó los archivos en dicha dependencia”.

Por suerte, los jueces supieron escuchar a la víctima y a los especialistas que intervinieron.

El forajido y la cautiva

Cuando a Luis la Policía le pisaba los talones y era cuestión de tiempo que terminara preso por acumulación de causa, optó por decirle a María que empacara todo, porque tenían que desaparecer por un tiempo.

Dada la condición de extrema sumisión de María por su situación de víctima de violencia, fue arrastrada cual cautiva a la nada misma que ofrecía el pequeño y lejano paraje cordillerano de Los Guañacos.

Ella se quedó sin su familia directa, que era un aliciente para la peregrina vida que llevaba en su hogar, aunque más que hogar, era una hoguera.

En el paraje donde se escondía de las autoridades, él hacía poco y nada. Cazaba con un rifle chino, un JW-15A, tipo carabina, calibre 22. De acuerdo al cargador, lleva un mínimo de 9 proyectiles. Este tipo de armas, Made in China, emulan el modelo de los famosos Winchester 70 o Browning Bolt. La distancia de alcance que tienen, puede llegar a unos 150 metros, pero la marca China, pasados los 100 metros la dirección del proyectil, se vuelve bastante errática, es decir, su trayectoria es impredecible y dar en el blanco depende más del azar que de la puntería.

Otras de las actividades favoritas de Luis, era embriagarse, cosa que hacía casi todos los días sin importarle si estaban o no los hijos presentes.

En ese estado de borrachera, María era blanco de sus palizas. Esto ya lo habían advertido sus pequeños hijos que sufrían con cada insulto, golpe, cachetada y patada que recibía su madre, que lloraba casi conteniéndose para que ellos no se asustaran.

Lo que soportaba María, llegaba a niveles estoicos.

La hija mayor, que hoy cursa estudios terciarios, cada vez que comenzaba el ritual del maltrato, tomaba a sus hermanos y los llevaba a caminar por el pueblo. Por lo general, se iban a una agreste plaza que contaba con unos pocos juegos descoloridos y rotos. Por eso solían explorar los alrededores y hasta se metían a ver qué había en algunas obras en construcción que estaban paralizadas.

En medio de esas terribles golpizas, ella le rogaba que la dejara irse con los chicos, volver a Neuquén. A ese pedido, casi misericordioso, Luis le respondía con aliento etílico y la lengua floja: “Vos de acá te vas a ir adentro de un cajón”.

Era claro, la vida de María estaba en riesgo y no había vecino ni institución que lograra advertir la terrible pesadilla en la que estaba inmersa con sus hijos. La muerte acechaba, solo era cuestión de tiempo.

La última noche

El 16 de enero de 2010, la psiquis de María estaba totalmente jaqueada. El miedo a la muerte de ella y de sus hijos ganan terreno en su mente.

Si bien soportaba las temibles golpizas, la violencia de Luis esa noche trepó a un grado escalofriante que le hizo saber que ya no había margen, “era ella o él”, así lo dejaron escrito los jueces en la sentencia.

Esa noche del 16, Luis estaba borracho viendo televisión, cuando uno de los hijos pasó por delante de la pantalla. Él agarró la fusta del caballo para darle una paliza y María se interpuso. Esto desató la furia de Luis que le tiró un cenicero en la cabeza y luego la comenzó a golpear.

Los chicos corrieron a encerrarse en su habitación y Luis arrastró de los pelos a María a la suya.

Durante esa noche y la madrugada del 17, el ataque que sufrió fue prácticamente el de un sádico sexual. No solo la golpeó y la arrojó sobre la cama para violarla, sino que mientras la abusaba, con las manos le producía presión sobre el cuello, un estrangulamiento que le limitaba el ingreso de aire y que a él lo excitaba. Lo cierto es que María no disfrutaba para nada de esa práctica y daba bocanadas para tratar de sobrevivir al ataque.

Mientras continuaba la violación, le puso un cuchillo en el cuello, hecho que fue constatado por los médicos, y el caño del rifle dentro de la boca. La muerte merodeaba por su cuerpo. Todo ese ultraje ocurrió mientras sus hijos, en la pieza de al lado, sollozaban para que su padre no los escuchara, temiendo que les pudiera propinar una golpiza.

“Respirar, de eso se trata”, se dijo para sí María, que no sabe cómo logró sobrevivir a semejante ataque y luego dormitar al lado del monstruo.

Cuando asomó el sol, María se sentó en la cama y cubrió su cuerpo con unas prendas rápidamente. Lo vio a Luis durmiendo y en su mente fluyó todo lo que padeció esa madrugada. Sintió asco y miedo.

Los Guañacos - vista general
Escapar de Los Guañacos era como intentar huir de una cárcel de máxima seguridad para María

Escapar de Los Guañacos era como intentar huir de una cárcel de máxima seguridad para María

Un rifle y un destino

La decisión que tenía que tomar María no era sencilla. Escapar de Los Guañacos era como intentar huir de una cárcel de máxima seguridad. Lloró. Entre esos sollozos, Luis despertó y la puteó.

El bucle de maltrato recomenzaba esa mañana del 17 de enero a las 10:30.

La hija tomó a sus hermanos y salió de la casa con el mismo destino errante de siempre: la plaza. Caminatas a la deriva por el pueblo y explorar alguna que otra obra en construcción abandonada.

María, en medio de los insultos del monstruo, no dudó. Tomó el rifle, que estaba al pie de la cama y se atrincheró contra la puerta de la habitación. Era el mismo rifle que en la madrugada había tenido su caño adentro de la boca amenazando con volarle la cabeza.

Luis la miró con desprecio, como siempre, y se sonrió al verla temblando con la carabina en sus manos. No parecía María una mujer con el valor suficiente como para jalar el gatillo y su esposo eso podía olerlo.

“Si me vas a tirar, tirá y matame, porque sino yo te voy a matar a vos”, dijo en tono amenazante el sádico, mientras estaba acostado desnudo, relajado y apoyado contra el respaldar de la cama con la cabeza en la almohada.

En ese momento, María supo que ya no había vuelta atrás. En esa casa, esa mañana, habría un muerto. La duda era, si sería él o ella. Dispuesta a proteger a sus hijos, jaló dos veces el gatillo. Los dos proyectiles salieron a la deriva y él rio. El culatazo de retroceso del rifle le demostró el poder de fuego del arma, así que, creer o reventar, sus ancestros bajaron en su ayuda.

Esta vez, sostuvo el rifle con firmeza con sus dos manos, apoyó bien la culata a la altura del pecho casi debajo del hombro y disparó cuatro tiros más. Los cuatro proyectiles dieron de lleno en la cabeza de Luis cuya sonrisa se evaporó mientras su cuerpo se desvaneció en la cama y las sábanas se tiñeron de rojo punzó.

María dejó el arma, lloró y luego se sentó bajó el umbral de la puerta a esperar a sus hijos, que al llegar la rodearon con sus brazos y la bañaron con sus lágrimas. Por primera vez experimentan lo que era la sensación de estar a salvo.

La mujer fue trasladada a Andacollo donde permaneció alojada en el hospital y medicada por la situación de estrés postraumático que había sufrido. La Justicia inició una causa de oficio por homicidio agravado por el vínculo y alevosía.

De médicos y pericias

Con el cadáver de Luis sobre la mesa fría del Cuerpo Médico Forense de Neuquén, los médicos determinaron que los cuatro proyectiles impactaron en la región del cráneo y provocaron la muerte inmediata por traumatismo craneoencefálico grave. Poco importó la muerte. La suerte que correría María era lo que más intriga generaba. Ella nunca negó nada y contó todo lo que había vivido a lo largo de 12 años y lo que recordaba de esas últimas 24 horas de casada, principalmente de los momentos finales, aunque tenía algunas lagunas.

El responsable del Juzgado de Instrucción Nº 4, de ese entonces, Cristian Piana, hoy vocal del TSJ, consideró que la mujer actuó en estado de emoción violenta, consideró que no había podido dirigir sus acciones y no tuvo la posibilidad del dominio de su voluntad de acuerdo a lo que arrojaron los primeros informes. Por eso ordenó su excarcelación en los primeros días de febrero, para que cuidara a sus hijos. La mujer, a disposición de la justicia, volvió a Neuquén y se instaló con su familia. Acudió a cada revisación médica, peritaje y entrevista psiquiátrica y psicológica que fue ordenada con el fin de determinar si era imputable o no.

comisaria chos malal
La Comisaría de Chos Malal y Andacollo fueron las que tuvieron que intervenir enel crimen de Los Guañacos.

La Comisaría de Chos Malal y Andacollo fueron las que tuvieron que intervenir enel crimen de Los Guañacos.

Vestigios del maltrato

El juicio se llevó a cabo los días 12 y 13 de mayo de 2011 en la sede judicial de Chos Malal. Fueron pocos los testigos y relevantes las pericias forenses.

La licenciada en psicología Natalia Parera indicó: “las formas de maltrato a las que era permanentemente sometida por su pareja, se mantuvieron e incrementaron durante toda la convivencia. Esta situación desvalorizó su imagen personal, con sentimientos de insuficiencia y deterioro que, en un medio que la descalifica y desvaloriza cotidianamente, aparece como altamente desestabilizante y potenciadora de conductas antisociales. También, al haber variado la forma de maltrato, ya que era la primera vez que la sometía a ataques sexuales y a amenazas con un cuchillo y armas de fuego, resulta un estímulo sumamente grave, que condiciona la modulación en sus reacciones provocando distorsiones en el juicio crítico y la promoción de conductas descontroladas y desadaptadas”.

El psicólogo Pablo Colazo agregó: “la cronicidad de la violencia, afectaba su psiquismo. Las amenazas con el cuchillo y el arma que su marido le colocó en la boca, resultaron ser factores estresores externos a los que no logra escapar, ya que se encontraba en juego su vida, debía salvarse psíquica y físicamente, era ‘él o yo’ y en ese yo, incluía a sus hijos”.

Por su parte, el psiquiatra Diego Zunino detalló: “hubo un intenso compromiso emocional padecido al momento del hecho a partir de la creencia firme de riesgo de muerte tanto para ella como para sus hijos, determinando una afectación importante de la conciencia que le imposibilitó el funcionamiento pleno de sus frenos inhibitorios, disminuyendo el control intelectual, predominando los impulsos. Descarto la planificación o premeditación del hecho, al igual que un estado total de inconsciencia”.

El informe de la revisión médica es una enumeración de lesiones del horror vivido: golpes muy fuertes en la cabeza, daño visible en el cuello, brazos, piernas y la zona genital.

Se incluyó el testimonio de la hija mayor, que estremeció a los funcionarios judiciales, porque narró como todos los días eran testigos de las golpizas que recibían tanto su madre como ellos. Además, dejó en claro que no tenían forma de responder ni escapar de ese hombre que decía ser su padre.

Dos amigos del violento atestiguaron y afirmaron que: “Luis era temible y se descontrolaba cuando tomaba”.

De rigor y para dejar la prueba establecida como se debe hacer en todos los casos, se le realizó a María la prueba del dermotest, que estableció que tenía residuos de pólvora en las dos manos.

Libre de culpa y cargo

Tras recorrer toda la pesadilla de María, el tribunal integrado por Ivonne San Martín, Liliana Deiub y Oscar Domínguez redactó en su sentencia del 20 de mayo de 2011: “la cronicidad de la violencia y el momento psicológico vivido anuló la capacidad crítica, frente al instinto de conservación. María se vio imposibilitada de dirigir sus acciones o controlarlas en el momento en que tomó el arma que se encontraba en los pies de la cama y efectuó los disparos que culminaron con la vida de su cónyuge; razón por la cual obró en estado de inimputabilidad, por lo que debe ser absuelta de culpa y cargo”, concluyó el fallo.

Quizás, obligados por la cantidad de elementos contundentes que tenía la causa, hubo una mirada con perspectiva de género que dejó un antecedente interesante en la justicia neuquina.

jueces Guillermo Labate y Graciela Martínez - caso Los Guañacos
Los jueces Guillermo Labate y Graciela Martínez, vocales de la sala penal del TSJ, rechazaron la apelación y casación presentada por el fiscal Héctor Trova, disconforme con la absolución de María por el crimen de su esposo.

Los jueces Guillermo Labate y Graciela Martínez, vocales de la sala penal del TSJ, rechazaron la apelación y casación presentada por el fiscal Héctor Trova, disconforme con la absolución de María por el crimen de su esposo.

Pero al fiscal Héctor Trova, que había acusado a la mujer por el homicidio del esposo y había solicitado 5 años de prisión, el fallo no lo convenció. Tampoco todo lo narrado por los testigos y forenses, así que apeló y fue a casación. El caso lo tomó la sala penal del TSJ, que por ese entonces estaba integrada por Graciela Martínez y Guillermo Labate, quienes rechazaron el recurso entendiendo que la conducta de María: “debe analizarse teniendo en cuenta el síndrome de la mujer golpeada cuyo daño siempre es inminente”.

María fue contactada por LMN, agradeció la posibilidad de contar su historia, pero prefiere el anonimato y por eso no revelaremos detalles de su vida actual.

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