De chica marchaba con las Madres y De Nevares, hoy es politóloga

María Esperanza Casullo. Es doctora en Ciencias Políticas por la Universidad de Georgetown, Estados Unidos, y especialista en teoría de la democracia y populismo.

Antes de los 12 años, junto a sus padres y hermanos asistió a las diversas movilizaciones por los derechos humanos que se hacían en el centro de la ciudad.

En la actualidad reside en Neuquén y se desempeña como profesora de la sede Alto Valle de la Universidad Nacional de Río Negro.

Pablo Montanaro
montanarop@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- "Acá, la de pulóver blanco que está aplaudiendo soy yo", dice María Esperanza Casullo señalando con el dedo una fotografía en blanco y negro donde se la puede observar con sólo 12 años junto a sus padres, Celia Destéfano y Carlos Casullo, en la Avenida Argentina, frente a la Catedral, en una marcha de derechos humanos en 1985. En otra foto se la ve junto a su hermana Mariana (hoy, médica pediatra) frente a una bandera de las Madres de Plaza de Mayo filial Neuquén y Alto Valle durante una movilización contra las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Imágenes que, como otros momentos de importancia política y social ocurridos en esta ciudad, denominada la Capital de los Derechos Humanos, marcaron y formaron el destino de esta mujer que unos años después se convirtió en una reconocida politóloga.

"En esos años las manifestaciones eran muy importantes en Neuquén, participaba mucha gente con compromiso que no venía precisamente desde el lugar de familiares de víctimas de la represión. En mi familia no había desaparecidos, sin embargo, mis viejos participaban bastante, sobre todo en la Asamblea por los Derechos Humanos de Neuquén (APDH), que fue la primera en existir fuera de la ciudad de Buenos Aires, nucleada alrededor de la figura del obispo Jaime de Nevares", explica María.
A pesar de su corta edad, en esos años iniciales de la década del 80, María fue protagonista y testigo del compromiso que gran parte de la sociedad neuquina había asumido con la lucha por los derechos humanos, incluso en los años más atroces de la dictadura militar.

Con sólo mencionarlo, María aún se estremece al recordar lo que fue para ella uno de los hechos más traumáticos que tuvo que vivir: los ejercicios de oscurecimiento que se hacían en la ciudad en 1987 ante posibles ataques durante el conflicto con Chile por el canal de Beagle. Recuerda, como si fuera hoy, estar con su familia en la casa de Chrestía y Belgrano con todas las luces apagadas.

Admiro a mi madre por haberme llevado a esa charla que dio Adolfo Pérez Esquivel en 1981 con toda la policía militar afuera de la Catedral".

"Para quienes vivíamos en las provincias patagónicas, fueron momentos muy difíciles. Recuerdo estar debajo de una mesa y toda la casa oscurecida, con frazadas en las paredes y soldados que golpeaban la puerta de casa diciéndonos: 'Se ve luz', 'se ve luz'. Había que aislar todas las ventanas para practicar en caso de bombardeos. Si quería ver la televisión, tenía que hacerlo debajo de la mesa y tapada porque no se tenía que filtrar ningún haz de luz", describe.

De inmediato, María confiesa que su primer "recuerdo político" se remonta a 1981, cuando Adolfo Pérez Esquivel, quien un año antes recibiera el Premio Nobel de la Paz por su compromiso con la defensa de la democracia y los derechos humanos frente a las dictaduras militares en América Latina, llegó a la ciudad de Neuquén para brindar una conferencia en la Catedral vieja.

"Yo tenía 9 años y a esa charla de Pérez Esquivel tuvimos que entrar con mis padres entre un doble cordón de policías militares que nos rodearon durante toda la charla. En mi memoria, varios de ellos tenían perros policías de la correa todo el tiempo", cuenta María.

En esa oportunidad, junto a Pérez Esquivel estaban el obispo Jaime de Nevares y algunas de las Madres de Plaza de Mayo ante una gran cantidad de neuquinos que llenaron la Catedral. "Ahora como mamá con hijos, por un lado admiro a mi vieja por haberme llevado a esa charla, pero por otra parte digo que estaba un poco loca", precisa.

No recuerda bien el contenido de la charla de Pérez Esquivel pero admite que "fue un acto que me marcó sin duda". Y agrega: "Después siguieron muchas marchas y aprendizajes. Pero ese es mi primer recuerdo político".

Al referirse al obispo Jaime de Nevares, María Casullo lo define como un "intocable". Y enseguida esboza una explicación: "Don Jaime era intocable y podía ofrecer algo que pocos otros podían: refugio y visibilidad. La APDH Neuquén junto con las Madres de Plaza de Mayo y otras organizaciones construyeron un movimiento que llegó a ser uno de los más importantes del pais y que se expresó en marchas, sentadas, huelgas de hambre, en muchas misas solemnes con gente parada en los pasillos de la Catedral donde don Jaime pedía juicio y castigo en la cara del gobernador de facto, el general Domingo Trimarco, que hacía lo posible por parecer imperturbable".

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