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De cuidar libros para que no los roben a ser el editor de Eduardo Galeano

El director de la editorial Siglo XXI, Carlos Díaz, recuerda su relación laboral y de amistad con el escritor uruguayo.

A los 15 años, Carlos Díaz consiguió ganarse unos pesos en el stand de Siglo XXI en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires controlando que no se robaran los libros de la editorial. Mientras el joven no sacaba los ojos de los libros había algo que le llamaba la atención: la cantidad de ejemplares que se vendían de uno de ellos, "Las venas abiertas de América Latina" del escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Carlos iba y venía del depósito con cajas de “Las venas…”. Cansado de ir y venir y del peso de aquellos volúmenes, decidió poner una caja debajo de la mesa para reponerlos rápidamente cuando ya no quedaran en el stand. “Una noche cuando volví a casa le pregunté a mi viejo quién era Eduardo Galeano y cuál era la importancia de ese libro que tanto se vendía”, cuenta a LMNeuquén Díaz, quien unos años después de aquel “laburito” en la feria se convirtió en director de Siglo XXI en Argentina y en editor de toda la obra del uruguayo.

"Las venas abiertas de América Latina" se publicó en 1971 y marcó a varias generaciones porque, según el propio autor, fue escrito “para conversar con la gente y divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente”.

Desde los 18 hasta los 24 años, Carlos trabajó en una reconocida librería de Buenos Aires mientras cursaba la carrera de Sociología. El mundo editorial le era familiar ya que su padre, Alberto, en los años ’70 había trabajado como editor en Siglo XXI y luego en Planeta. En octubre de 2000, con 25 años y ninguna experiencia en el campo editorial, Díaz recibió una propuesta que lo sorprendió: reabrir la filial argentina de Siglo XXI, editorial que nació en México fundada por Arnaldo Orfila Reynal. En poco tiempo tuvo que aprender todo del oficio, desde cómo se hace un libro hasta enviar el material a la imprenta. En 2011, aquel joven que custodiaba los libros en un stand para que no se los robaran fue distinguido en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires con el premio al Editor del Año que le entregó la Cámara Argentina de Papelerías, Librerías y Afines (CAPLA).

Galeano era uno de los autores más importante que había integrado el catálogo de la editorial pero que “habían perdido” cuando ésta cerró al comienzo de la dictadura militar. Desde ese entonces, el escritor acordó publicar sus libros con otro sello editorial. “Apenas reabrimos la filial en Buenos Aires lo llamé a Galeano y le dije que tenía interés en verlo”, comenta. Diaz viajó a la casa de Galeano en Montevideo con el único objetivo de contar con su nombre en las filas de la editorial. Pero se encontró no sólo con la amabilidad en el trato sino con la honestidad del escritor para con la editorial Catálogos, que había publicado su obra en los años más difíciles y oscuros.

"Eduardo Galeano me confió un tesoro, la publicación de todos sus libros, la obra de toda una vida, me dio una confianza ciega”, afirma Carlos Díaz, director de la editorial.

Antes de empezar la charla, Díaz recibió una tajante confesión del escritor: “Mirá Carlos, me bancaron en esos pesados años a pesar de que tomaban un gran riesgo publicando mis libros y haciéndolos circular, así que en agradecimiento a ese compromiso y trabajo que hicieron quiero continuar publicando mis libros con ellos”. El joven editor no tuvo más que terminar el café y charlar de cualquier otra cosa menos de la propuesta que había pensado hacerle.

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El editor de Siglo XXI, Carlos Díaz, junto a Eduardo Galeano, en uno de los tantos encuentros en Montevideo.

El editor de Siglo XXI, Carlos Díaz, junto a Eduardo Galeano, en uno de los tantos encuentros en Montevideo.

El reencuentro

Pasaron los años hasta que en 2007 ni bien le puso punto final a su libro “Espejos. Una historia casi universal”, Galeano llamó a Carlos Díaz. “Me llamó y me dijo que había terminado un libro y quería trabajar con nosotros ‘para ver cómo nos sentíamos’”, recuerda el editor. Al año siguiente el libro se publicó y a partir de entonces la editorial que comanda Díaz comenzó el proceso de edición y reedición de todas las obras del escritor, “Memorias del fuego”, “El fútbol a sol y a sombra”, “El libro de los abrazos”, entre tantas otras.

“Trabajar con él era hermoso, estaba contento con el trabajo en equipo, Eduardo necesitaba moverse con gente en la que confiaba y en cuestiones editoriales yo pasé a ocupar ese lugar. Me confió un tesoro, la publicación de todos sus libros, la obra de toda una vida, me dio una confianza ciega”, explica el editor. Y agrega que al escritor le gustaba involucrarse, intercambiar ideas, conversar, incluso “trabajar en un bar mirando las pruebas de página mientras conversábamos de otras cosas”.

Antes de su muerte, ocurrida en abril de 2015, Galeano estuvo trabajando en un libro, "El cazador de historias", que se publicó póstumamente. Lo escribió un año antes de morir y en sus páginas se destaca la sensibilidad para hablar de sí mismo, reflexionar en torno a la muerte y abordar aspectos sobre su relación con Juan Carlos Onetti, recuerdos de viajes por América Latina.

Díaz explicó que en ese libro uno puede conocer un Galeano “raro”. “Si bien cuando hablabas con él era común escuchar esas historias personales porque las contaba mucho y muy bien, nunca las habí­a puesto por escrito, lo hace por primera vez. En ese sentido, puede despertar emociones, son historias preciosas, más extensas y con marcas de oralidad: es como estar escuchándolo a él".

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El "peor" amigo de Galeano

Díaz recuerda su último encuentro con Galeano en Montevideo donde ambos sabían que sería “un encuentro de amigos, muy emotivo y triste a la vez con sabor a despedida”.

“Helena, su compañera de toda la vida me avisó que estaba mal así que me fui a Montevideo a darle el abrazo final. Él odiaba a la gente quejosa así que no te hablaba de la enfermedad, fue una charla divertida, le quitaba importancia a lo que le estaba sucediendo”.

Díaz recuerda que en esa charla final le pidió disculpas a Galeano: “Él me hablaba de fútbol todo el tiempo y en un momento le dije que yo había sido su peor amigo porque no entiendo nada de fútbol y que no había podido acompañarlo en una sola charla sobre fútbol. Cuando se lo dije se reía mucho”.

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