Ser jubilado que cobra la mínima, es ser un pobre que está al borde de la muerte. Ahora, con bombos y platillos se anuncia un aumento y la mínima llegará a poco más de $38 mil. Esto es una burla histórica hacía nuestros abuelos que laburaron toda su vida.
Los funcionarios jactanciosos que hablan del aumento a los jubilados deberían tratar de vivir con ese dinero. Pero cuando se plantea este tema, aseveran que los jubilados están exentos de varios impuestos, que muchos medicamentos se los da PAMI gratis y hasta hablan del descuento para viajar a las termas. ¡Un horror!
Llegar a viejo en Argentina es todo un azar y si lo logras tenés que haber aprendido varias técnicas de supervivencia.
Los que lograron tener su casa, zafan un poco, pero el que tiene que alquilar termina en una pensión de mala muerte con suerte.
La vida al borde del abismo se observa cuando ir a la verdulería para abastecerse por un par de días insume unos mil pesos y comprar carne roza el delirio.
No pretendan contarnos otra historia, porque desde muy chico he visto a los jubilados padeciendo la marginalidad económica en la que vive la gran mayoría.
A la estafa a cielo abierto que les hace el Estado, hay que cuidarlos de los delincuentes que les hacen el cuento del tío y los bancos que les hacen pagar la jugarreta que padecieron. Ambos, delincuentes y bancos carecen de dignidad.
Hoy, hay muchos jóvenes estudiantes que quieren dejar irse pensando en países estables donde 1000 sea 1000 a fin de año, y además, no quieren padecer la misma suerte trunca de sus abuelos que lo alientan y les ofrecen los pocos ahorros que tienen para que escapen de este trágico destino.
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