De maestra piquetera en los 90 a una apasionada librera

Alicia Castro. Es docente y librera. Fue protagonista de la pueblada de Cutral Co cuando llevó a la ruta a todos los alumnos de la Escuela 45.

Nació en Tartagal, Salta, y en los años 60 sus padres llegaron a Cutral Co en busca de trabajo. En su adolescencia integró grupos solidarios en los barrios.

Trabajó en la empresa YPF y fue compañera de varios desaparecidos durante la última dictadura militar.

GEORGINA GONZALES
gonzalesg@lmneuquen.com.ar

PLOTTIER
Llegó desde Tartagal directo a Cutral Co. Con sólo 5 años se chocó con el frío y el viento patagónicos, muy diferentes a los de su Salta natal. Pero esa ciudad que la hizo sufrir en su niñez más adelante le dio el privilegio de ser protagonista de momentos que marcaron la historia, como el de defender los derechos de los docentes en lo que más tarde se llamó "zona liberada".

Maestra de profesión, Alicia Castro eligió enseñar. Para ella darle las herramientas a una persona que no sabía leer ni escribir fue realmente su motor para seguir estudiando. Madre de dos hijas, abuela de tres nietos y esposa, hoy ya jubilada, sigue desplegando cultura a través de su propia librería, donde se dictan talleres y se hacen presentaciones de libros.

Teníamos una concepción de querer un país mejor, con mayor igualdad y alfabetización. Eso era lo que a mí me importaba".

Esta mujer de cabello arreglado no parece ser la misma que metió los pies en el barro muchas veces para llegar a dar clases a sus alumnos.

Todo comenzó en la década del 60, cuando su familia se mudó a la ciudad petrolera buscando trabajo. En su adolescencia participó de una agrupación solidaria con la que juntaba ropa para llevar a los hospitales y realizaban distintas tareas sociales.

Su papá era un peronista de raza, y con poco más de 15 años ella empezó a militar en la Juventud Peronista. Ahí tuvo su primer encuentro con la enseñanza, en el barrio Unión de Cutral Co.

"Nosotros teníamos una concepción de querer un país mejor, con mayor igualdad, mayor alfabetización, eso era lo que a mí me importaba en esa época. No puede ser que la gente sea analfabeta, le daba clases a mujeres que no sabían firmar, y después cuando ves que pueden, es una alegría inmensa", rememoró Alicia.

Al terminar el secundario ingresó a trabajar a YPF. En vísperas del golpe militar de 1976 el peligro ya era inminente. No se juntaba tanto con sus compañeros de militancia, y así fue como pudo esquivar las desapariciones que marcaron a fuego a esa ciudad y al país entero. "Cuando se llevaron a Miguel Pincheira, a la otra noche con mi papá enterramos todos los libros de literatura peronista y revistas. Enfrente de mi casa se llevaron a un vecino, José Delineo Méndez, que lo agarraron en San Martín de los Andes. Y también a Pedro Maidana". También los represores se llevaron a Horacio Girardello y a quien era su jefe en YPF, Oscar Hodola.

Con el correr de los años y con la democracia restituida, no dudó en renunciar a su puesto en la empresa petrolera, a pesar de que ganaba el doble que como maestra, y empezar a ejercer su verdadera vocación.

Tomó el primer grado de la Escuela 45 y como además necesitaban una maestra de jardín de infantes, retomó sus estudios para recibirse. "Estudiaba, trabajaba y criaba", sintetiza. En esa escuela, cuando ya tenía el cargo de vicedirectora, los despidos masivos en 1996 golpearon fuertemente a los papás de los alumnos, el 90 por ciento estaba desocupado.

Una mañana en la escuela escuchan por la radio local que los vecinos se movilizaban a la ruta. Sin demorar, los docentes decidieron ser parte de esa convocatoria. Sin miedo, aunque hoy reconoce que fue muy osado, llevaron a todos los alumnos al corte de ruta para estar al lado de sus padres, en rechazo de la instalación de una fábrica de fertilizantes en la localidad. Así, niños y maestros dijeron presentes en el Cutralcazo.

La lucha por la defensa de los derechos de los trabajadores la encontró una vez más en la ruta. Corría 2006 y la asamblea de ATEN había decidido impedir el ingreso a la destilería de Plaza Huincul en reclamo de aumento salarial. Las clases no habían empezado y los maestros estaban en las calles. Aunque su marido, Oscar Contreras, le pidió que no se expusiera, a ella le "picaban las piernas" y se fue a la ruta. Cuando la mayoría de los maestros empezó la retirada ante la presencia de supuestos manifestantes de la UOCRA, Alicia se quedó para acompañar a una compañera que se había descompuesto. En el encontronazo recibió un botellazo en la cabeza.

Al año siguiente, ante el mismo reclamo, se cansó de decir en la asamblea del gremio docente que no era conveniente ir a la ruta, "ya que el gobernador Jorge Sobisch estaba dispuesto a lo peor".

"Fue terrible, ese año no fui, y tuvimos que lamentar el asesinato de Carlos Fuentealba", contó con angustia.

Proyecto
Un espacio para leer y aprender

Mil Hojas es el nombre que Alicia Castro eligió ponerle a su librería en Avenida del Trabajo y Piedra del Águila, en Plottier.

En ese espacio ella se encuentra con sus colegas, a quienes busca sorprender con nuevos libros y propuestas culturales.

Talleres de literatura destinados a docentes de los distintos ciclos, presentaciones de libros de autores locales, charlas con escritores de la región son algunas de las propuestas que Alicia y su marido brindan a los visitantes. "Es un espacio cultural de promoción de lectura", definió.

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