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De qué se trata el caso individual para el tratamiento covid

En el país, 25 sanatorios y hospitales ya utilizan el sistema desarrollado por la empresa Ecleris. Cómo funciona y cuáles son las ventajas.

Un total de 25 sanatorios y hospitales ya utilizan los cascos para el tratamiento de Covid 19 desarrollados por la empresa argentina Ecleris. Los primeros pacientes tratados con este equipamiento ya fueron dados de alta, habiendo evitado ser intubados para respiración mecánica, proceso que siempre resulta traumático para el enfermo y pone presión a la infraestructura sanitaria.

Los cascos son un sistema de Ventilación no invasiva que reemplaza en muchos casos el uso de respiradores mecánicos, uno de los insumos más críticos a la hora de enfrentar la pandemia. Fueron desarrollados por ingenieros de la propia compañía, en colaboración con equipos médicos de hospitales públicos de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. En junio pasado su uso fue aprobado por la máxima autoridad sanitaria, la ANMAT, y a partir de entonces comenzó su utilización.

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Hoy ya hay 25 centros de salud públicos y privados que los están usando para tratar pacientes de Covid 19, entre ellos los hospitales Fernández de CABA y Del Cruce, de Florencio Varela; y los sanatorios porteños De la Trinidad y Finochietto

En total, al día de hoy, ya se están utilizando en esos centros de salud más de 60 cascos elaborados por Ecleris. En los sanatorios Juncal de Temperley y la Clínica Monte Grande, entre otras instituciones, ya tuvieron las primeras altas de pacientes tratados con esta tecnología, que evita entre un 30 y un 60 por ciento de las intubaciones.

El casco o helmet desarrollado por Ecleris es reutilizable, a diferencia del fabricado en Italia que es descartable. Se puede desinfectar entre paciente y paciente y solo precisa de algunas piezas descartables como el filtro viral.

“Los cascos son similares a una escafandra, transparentes, y permiten inyectar el oxígeno con una presión superior, lo que genera un efecto benéfico en los alvéolos pulmonares, que en muchos casos colapsan por el efecto del Covid 19 -explica Marcos Ledesma, médico y director de la empresa que desarrolló el equipamiento-. Además, evitan la dispersión del virus a través del aire expirado por el paciente, ya que cuentan con un filtro viral y bacteriológico. Con otros sistemas de oxigenación esa dispersión existe, y es causa de muchos casos de enfermedad en médicos y enfermeros”.

Las principales ventajas de estos cascos son:

  • Suministra oxigeno de forma no invasiva, a presión positiva, permitiendo aliviar el trabajo respiratorio y favoreciendo el reclutamiento alveolar, que mayores porciones del pulmón afectado pueda funcionar de manera normal.
  • EL paciente no precisa sedación, se mantiene lucido y en contacto con sus familiares en esta dolencia, ya conocida como “la enfermedad de la soledad” por la aislación a la que deben ser sometidos los contagiados.
  • Al ser la escafandra completamente transparente y con un visor frontal sin refracción óptica el paciente puede leer su teléfono, un libro, ver TV eventualmente, facilitando el contacto humano y, por tanto, mejorando su estado de ánimo general.
  • El dispositivo se puede conectar al suministro de oxígeno y aire comprimido existente en las cabeceras de las camas de internación. Y también se puede conectar a un respirador y o a respiradores portátiles para traslado o eventualmente a un tubo de oxigeno
  • El dispositivo es completamente sellado, no contaminante para el personal sanitario. El aire exhalado se elimina por una salida con un filtro viral/bacteriano.
  • Los cascos son reutilizables, con el sólo reemplazo de algunas piezas específicas como el filtro viral/bacteriana. Son esterilizables por glutaraldehído, un producto de uso común en todos los centros de salud.
  • El dispositivo puede ser operado por médicos de diversas especialidades, no necesariamente emergentólogos o terapistas, que resultan recurso escaso en los picos de infección.
  • El paciente puede estar en una sala de emergencia, en terapia intermedia, incluso en una habitación común de hospital, no requiere personal especializado de terapia para asistirlo. Se controla con una oximetría de pulso y un monitor de parámetros vitales.
  • El paciente puede alimentarse e hidratarse con solo quitar la parte superior del casco que se vuelve a colocar.
  • El casco es liviano y confortable, pudiendo inclusive colocar al paciente en pronación, boca abajo, una posición que facilita la función pulmonar. El paciente puede recostarse y dormir.
  • Normalmente se prueba la respuesta de mejora en la saturación de oxígeno y/o disminución de la frecuencia respiratoria entre 2 y 4 horas. Si el paciente responde, se lo puede dejar con el casco hasta 6 o 7 días evitando la intubación y recuperándose.
  • También se utiliza en la etapa de weanning (destete del respirador) permitiendo liberar respiradores para que sean utilizados por pacientes más graves.
  • Se puede trasladar el paciente dentro del nosocomio, por ejemplo para llevarlo a realizar una tomografía y no se contamina la sala del tomógrafo. Normalmente si se lleva un paciente COVID, el proceso de desinfección de la sala de tomografía puede llevar hasta una hora y media de tiempo. La tomografía se puede realizar con el casco colocado y la sala puede ser desinfectada en mucho menos tiempo optimizando el uso del tomógrafo.
  • Finalmente, el costo del dispositivo es accesible, el costo de utilizarlo también porque disminuye el uso de equipo de protección personal costoso y otros materiales utilizados normalmente en UTI.

La experiencia internacional muestra que con el uso de este tipo de cascos se reduce la necesidad de intubación entre un 30% y un 60%

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Cómo nació el proyecto

En el desarrollo de estos cascos se mezcló la experiencia de 20 años de la compañía en fabricación de equipamiento médico con una situación fortuita personal. “Uno de los socios de la empresa contrajo el coronavirus justo al inicio de la cuarentena -cuenta Marcos Ledesma, director de Ecleris-. Empezó con dificultad respiratoria a los 4 días de comenzados los síntomas, fue hospitalizado, recibió diferentes formas de suministro de oxígeno que no dieron resultado: bigotera, mascarilla, alto flujo nasal. En esos primeros días de internación, mientras recibía oxígeno, estuvimos en contacto telefónico y me preguntaba por los cascos (helmets) que había visto se utilizaron en Italia durante el pico de la pandemia, que brindaban mejor calidad de ventilación que los sistemas que estaban usando sus médicos. Averiguamos y no se encontraban disponibles en la Argentina. Ni tampoco en la mayoría de los países del mundo. La fábrica de estos cascos estaba en Italia y toda su producción había sido adquirida por el gobierno italiano”.

El socio de Ledesma finalmente fue intubado, las mascarillas no fueron suficientes para su deficiencia respiratoria. “Pasó más de dos semanas en coma farmacológico conectado a un respirador y según los reportes médicos estuvo muy cerca de morir. Así, mientras mi socio entraba en coma y comenzaba una difícil lucha por la vida, el grupo de ingenieros que nos acompaña en Ecleris comenzó a desarrollar un casco como esos que sabíamos que se habían usado en Italia”.

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Aspectos clínicos

Un alto porcentaje de los pacientes afectados por COVID 19 que se hospitalizan necesitan recibir oxígeno. El objetivo médico es darles el soporte ventilatorio que requiere cada uno de ellos dada su condición y los recursos disponibles en el lugar. Entre el 10 y 20% de ellos requerirán algún tipo de ventilación mecánica (respiradores). Pero, los pacientes primero necesitan oxígeno antes que asistencia respiratoria mecánica.

Los respiradores mecánicos son uno de los insumos más escasos de la infraestructura sanitaria para enfrentar esta pandemia. Y además requieren de personal altamente capacitado para intubar a los pacientes, lo que genera más limitaciones en esa tecnología.

Otro problema relacionado a los respiradores es que los pacientes intubados normalmente precisan de largos periodos de intubación, muchas veces 2 a 3 semanas, o incluso más, por lo que la cantidad de respiradores disponibles es difícil que alcance para atender a todos los que los precisan durante los picos de la infección.

Esas restricciones son las que plantean el desafío de encontrar sistemas intermedios entre la ventilación por mascarilla o bigotera, que no sean invasivos pero permitan una mayor oxigenación.

Es clave también contar con equipos de protección adecuados para todo el personal sanitario, hay que evitar el contagio de esta población porque son los que tienen que atender a los infectados.

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