“Siempre me preparé para vivir de la música”, confiesa Enrique Nicolás apoyado en el piano francés Érard que le regaló su padre cuando cumplió 12 años y que prevalece por su presencia en el estudio que tiene en su casa del barrio Santa Genoveva. Uno podría asegurar que siempre vivió con la música. Cuando pequeño en su casa de Laboulaye, Córdoba, la música lo nutría día tras día. Su padre, un hombre con intereses artísticos y culturales, sabía tocar el violín pero sus obligaciones comerciales lo obligaron a guardar el instrumento. A los 7 años, Enrique comenzó a tocar el piano con los maestros de su pueblo. “Mi viejo dejó el violín porque tenía que dedicarse a sus negocios, tenía cines en Córdoba y Rosario, tuvo concesionaria de autos y una casa de artículos para el hogar. Era fanático de la música, en casa se escuchaba tango, jazz, folclore y música clásica que a mí no me gustaba”, describe el pianista y arreglador de extensa trayectoria en diálogo con LMNeuquén.
A los 11 años la familia se trasladó a Buenos Aires y se anotó en el Conservatorio de Horacio Salgán y Dante Amicarelli. “Siempre me incliné para el lado de la mal llamada música popular”, aclara. Además de deslumbrarse con Salgán, Osvaldo Pugliese, Count Basie, Bill Evans, Duke Ellington, Los Hermanos Avalos, descubrió la música brasilera. Sergio Mendes, cantautor y músico brasileño de bossa nova “me hizo volar la cabeza”.
Siempre lo inquietó la inestabilidad laboral en la que vivían los músicos que lo llevó a tener otros trabajos aparte de la música. “Yo veía alrededor lo que pasaba con la vida de los músicos y esa inseguridad a mí no me terminaba de cerrar. Siempre busqué alternativas para vivir sobre todo cuando me casé y tuve a mi primer hijo, no podía andar a los saltos”, explica. Menciona que fue vendedor de pianos, de autos en una concesionaria y en una época fabricó fundas para computadoras, entre otras actividades. Pero hubo un momento en que se dio cuenta que su deseo era transitar el camino de la música. “Estudiaba tercer año de abogacía y me estresaba cada vez que tenía que dar un examen. Mi mujer que en ese momento estudiaba psicología un día me preguntó si yo quería ser abogado. Le contesté que no me interesaba, que quería ser músico. Ella me dijo: ‘Entonces, sé músico’. Ese día dejé la abogacía”, relata.
Después de vivir en Buenos Aires donde comenzó a ejecutar en diversos grupos de jazz, a fines de 1986 se trasladó a la ciudad de Neuquén, de donde era oriunda su mujer. “A los dos meses de estar en Neuquén ya tocaba piano bar en el Hotel Comahue y en otros lugares de la ciudad y en Cipolletti”, aclara. En ese tiempo, conoció a Mario y Carlos Giménez y juntos formaron “Tricuartet”, una banda de jazz.
El pianista que de chico estudió con Horacio Salgán, llegó a fines de 1986 a Neuquén desplegando una intensa trayectoria en el jazz y tango, y en 2019 creó la Orquesta Escuela de Tango Provincial.
En 2012 Enrique pudo concretar una idea que le venía de un tiempo atrás, la de armar una orquesta de tango en la región con el objetivo de difundir el género. “Yo quería que ésta orquesta forme músicos y a su vez forme nuevos públicos”, explica sobre esta orquesta-escuela que llamó “La Popular”, integrada, entre otros, por su hijo Ezequiel en contrabajo.
Con distintas formaciones, La Popular desplegó su amor por el tango en infinidad de conciertos a lo largo de la provincia como así presentaciones solidarias en escuelas y diversas organizaciones sociales.
“La Popular fue el origen de la idea de armar una gran orquesta”, señala para dar pie a lo que finalmente se concretó en 2019. La Orquesta Escuela Provincial de Tango fue creada en agosto de ese año con el fin de socializar esta música apreciada y valorada en todo el mundo. Actualmente pertenece al Ministerio de las Culturas. “Cuando Marcelo Colonna llega a la subsecretaria de Cultura empieza a ver una reactivación de todas las disciplinas culturales y yo presenté el proyecto de la orquesta. A mí me parecía poco crearla para ensayar y tocar de vez en cuando. Por eso este proyecto tiene como objetivos la formación de músicos y nuevos públicos a través de conciertos didácticos en escuelas, colegios, instituciones de toda la provincia”, explica. En eso trabaja Enrique, formar ensambles y orquestas a lo largo de la provincia y llevar el tango a las escuelas. “Los pibes no tienen prejuicios respecto al tango si es viejo o nuevo, nosotros hacemos tango con una energía y eso es lo que le queremos transmitir al chico”.
Cuando se le consulta qué es el tango, Enrique la define como "una música maravillosa" y agrega que "empezar con el tango es muy simple pero a medida que te vas metiendo tiene niveles altos, complejos; es como cuando lees Patoruzú y después pasas a leer a Borges o Roberto Arlt". Advierte que "no sé si el tango representa a Buenos Aires o un estado de ánimo; es una música energética, que necesita ser estudiada y para mí es la que me siento a gusto haciéndola".
Considera que "más allá del talento que uno pueda tener hay algo que es muy importante tener, la constricción al trabajo. Salgán, Piazzolla se sentaban diez horas al piano".
En escuelas y vacunatorios
Antes que llegara la pandemia, la Orquesta Escuela Provincial de Tango realizó más de treinta conciertos en escuelas y colegios de la provincia. Durante la pandemia los músicos trasladaron su talento musical en los centros de vacunación emplazados en distintos dispositivos como el Estadio Ruca Che y el Polideportivo Gigante del Este. “El objetivo fue hacer la vacunación un proceso más llevadero, regalando música en medio de esta difícil situación”, comenta. El cuarteto integrado por Ezequiel Nicolás (contrabajo), Fabiola Quiroga Rojas (violín), Nicolás Malbos (bandoneón) y Enrique (piano y dirección) presentaron temas de Aníbal Troilo, Carlos Di Sardi y Astor Piazzolla.
Por estos días, Enrique proyecta regresar a tocar en las escuelas y en las bibliotecas populares. “No hay que esperar que la persona que vive en un barrio venga a un escucharnos al centro, nosotros tenemos que ir al encuentro de esa persona”, explica el músico.
Una noche inolvidable con Rubén Juárez
En su destacada trayectoria Enrique Nicolás acompañó con sus propios arreglos en el piano a intérpretes como Raúl Lavie, Guillermito Fernández, María Graña, María José Demare, entre tantos otros. Pero uno de los momentos más fundantes de su vida como músico fue su relación con Rubén Juárez, un cantor excepcional y un bandoneonista notable.
Enrique lo había visto a Juárez en algunas de sus presentaciones en la ciudad de Buenos Aires. En el 2000 Juárez se presentó en Neuquén y no sólo que Enrique tuvo la ocasión de conocerlo personalmente sino que terminó arriba del escenario con el enorme bandoneonista. “Era un viernes, yo estaba llevando a mi hijo a la Escuela de Música y de pronto un amigo, Yayo Cinquegrani, que tenía una pizzería en la diagonal Alvear me dice que me quería presentar a alguien. Ese alguien, era Rubén Juárez. Nos pusimos a hablar y en un momento Juárez me pregunta qué tenía que hacer esa noche con el piano. Me convocó a tocar con él. Después nos quedamos hablando en la habitación del hotel Comahue donde paraba como hasta las siete de la mañana. Recuerdo que me dijo algo que no lo olvidé más: ‘De esta música, vos no te vas más’; del tango no te escapas, es tu música'”. Después en 2009 me llamó para convocarme a hacer una gira con él por Europa junto al guitarrista Néstor Crespo. Junto a Juárez tocaron en Francia, Alemania, Suiza. "Fue la última gira que hizo porque al año siguiente se murió", comenta.
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