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La Mañana Huncal

Del exilio en Roma a dar clases en veranada para que terminen la primaria

En 1984, Orlando Balbo fue maestro en una comunidad mapuche del paraje Huncal, donde el próximo año se inaugurará el primer colegio secundario.

El anuncio de la inauguración, prevista para marzo de 2022, del primer colegio secundario en el paraje Huncal fue recibido con gran alegría por la comunidad mapuche Millaín Currical tras largas décadas de lucha para que sus hijos puedan acceder a la educación en el nivel medio. Hoy en día, la mayoría de los habitantes de esta comunidad tiene sólo el primario.

A este paraje ubicado en el norte de la provincia de Neuquén, distante 40 kilómetros de Loncopué, llegó a fines de 1984 el docente Orlando “Nano” Balbo, luego de su forzado exilio en Roma durante la última dictadura militar. Balbo había sido torturado salvajemente en la Delegación de la Policía Federal de la ciudad de Neuquén tras ser secuestrado el 24 de marzo de 1976 por un grupo de tareas comandado por el agente de inteligencia, Raúl Guglielminetti.

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Una vez vuelto del exilio, donde trabajó en la imprenta del Vaticano, en febrero de 1984 Balbo fue a ver al obispo de Neuquén Jaime De Nevares, quien lo había ayudado para su permanencia en Italia. El obispo le dijo que fuera a verla a Noemí Labrune, fundadora de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH).

“Vos que andás en la educación popular, tengo una propuesta para hacerte. Andá a verla a Labrune, una mujer que sabe de educación”, le sugirió Don Jaime a Balbo, quien había sido coordinador del programa educativo para adultos durante el gobierno de Héctor Cámpora en 1973. De inmediato, la dirigente de derechos humanos le ofreció trabajar en el paraje Huncal como maestro de adultos en la cooperativa de una comunidad mapuche. Allí fue Balbo, quien se había recibido a fines de los '60 como maestro, para desempeñarse como alfabetizador y desplegar sus saberes como educador popular.

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En 1984, Noemí Labrune, fundadora de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), le propuso a Nano Balbo trabajar como maestro de adultos en la comunidad mapuche.

"Yo llegué de Italia en diciembre de 1984 y me fui a Huncal para hacer un análisis y ver la demanda y así armar una propuesta para ir en veranada. Fui de enero a marzo de 1985, vuelvo al Consejo de Educación para presentar el proyecto de hacer un centro educativo para adultos para que terminen la escuela primaria. Estuve los últimos meses de 1984 y todo el año '85 vinculado a la comunidad entre invernada y veranada en Cajón de Hualcupén", explicó a LMNeuquén.

“La posibilidad de vivir en Huncal fue como un desexilio para mí”, comentó. “En la comunidad empecé a aprender más de lo que enseñaba, descubrí que había un pueblo, una organización, que hablaban su lengua porque era el vehículo de su cultura. El reconocer en el otro un interlocutor me hizo cambiar a mí”, describió.

Balbo se enfrentaba a un gran desafío. La escuela del lugar llevaba más de 70 años sin un egresado. “Desde 1911 había en el lugar una escuela primaria, pero hasta el momento en que llegué yo no había tenido un solo egresado. En más de setenta años nadie había pasado cuarto grado”, resumió. Lo que no se había imaginado era que un “proyectito” de tres meses representaría una experiencia que lo daría vuelta “como un guante” y que lo llevó a trabajar durante más de un año con alumnos de entre 20 y 40 años. Por entonces la comunidad estaba integrada por unas 800 familias.

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“En la comunidad empecé a aprender más de lo que enseñaba, descubrí que había un pueblo, una organización, que hablaban su lengua porque era el vehículo de su cultura. El reconocer en el otro un interlocutor me hizo cambiar a mí”, describió Balbo.

Para llevar adelante sus clases, el docente aplicó las técnicas que aprendió de su admirado pedagogo brasileño Paulo Freire. Lo acompañaron en la tarea dos maestros de la Escuela 6, Pedro Vanrell y Alejandra Martínez.

Las clases se desarrollaban en la precaria cooperativa que habían fundado los pobladores y comprendió que debía ponerse en los zapatos de cada uno de sus alumnos, adaptar la enseñanza a la vida de la comunidad. En veranada, época de pastoreo cuando los mapuches se trasladaban hasta el Cajon de Hualcupén, Balbo se trasladaba junto con sus alumnos y les daba clases al pie del cerro.

Recordó que la escuela de veranada eran dos tráilers gigantes y eran retirados antes de que regresaran en invernada. “En uno, era dormitorio y baño para el maestro; en el otro, algo más grande, la cocina y el aula”, precisó.

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En veranada, época de pastoreo cuando los mapuches se trasladaban hasta el Cajon de Hualcupén, Balbo iba con sus alumnos y les daba clases al pie del cerro.

Descansaba en la cooperativa dentro de una bolsa de dormir como mostrando en ese gesto "que no me confundieran con los maestros anteriores que habían fracasado”. Se encontró con un panorama que lo llevó a asegurar que “no había analfabetos puros sino por desuso”, que habían aprendido a leer, pero al abandonar “se habían olvidado y dudaban del valor de sus conocimientos”. “Tenían esa identidad deteriorada que tienen los analfabetos, que los lleva a negar hasta lo que saben”, reflexionó.

“Estuve en Huncal hasta que se recibieron los primeros siete adultos que obtuvieron un certificado de primaria completa. Pero el mérito está en la escuela primaria que llevaron adelante Pedro Vanrell y Alejandra Martínez, que empezó a funcionar porque la gente la hizo propia, la gente se la adoptó y a partir de ese momento empezó la demanda de mejorar el nivel educativo de la comunidad, empezaron a darle importancia a los conocimientos que pudieran obtener allí”, expresó.

Confesó que en su permanencia en Huncal aprendió a “repensar con otros, lo que hacen y lo que hacemos en el nombre de la educación de nuestro pueblo”. Está convencido que en ese paraje aprendió muchísimo "más de lo que pude haber enseñado”.

“Estuve en Huncal hasta que se recibieron los primeros siete adultos que obtuvieron un certificado de primaria completa. Pero el mérito está en la escuela primaria que empezó a funcionar porque la gente la hizo propia, la gente se la adoptó y a partir de ese momento empezó la demanda de mejorar el nivel educativo de la comunidad, empezaron a darle importancia a los conocimientos que pudieran obtener allí”, explicó.

Luego de su despedida como maestro en Huncal, volvió en algunas ocasiones a visitar a la comunidad. Esos reencuentros siempre fueron “muy gratificantes” porque “ellos me marcaban que los jóvenes habían finalizado la primaria y ahora ocupaban lugares importantes en la comunidad; dos de ellos fueron lonkos, es decir jefes tradicionales de un grupo de familias, otros agentes sanitarios”.

Un viaje al corazón de una escuela trashumante

Cuando el cineasta Alejandro Vagnenkos leyó el libro "Un maestro" de Guillermo Saccomanno, publicado en 2011, que recrea la vida de Orlando Balbo, decidió que merecía ser filmada. Pero el proyecto inicial cambió cuando conoció la historia de la Escuela Trashumante 6 de Cajón Chico-Huncal.

Esa escuela encontró a comienzos de los años '80 la pasión y el compromiso de un grupo de docentes, como Balbo, Pedro Vanrell y Alejandra Martínez que decidieron seguir a los alumnos en los ciclos de pastoreo de chivas y ovejas. El principal sustento económico de la zona obligaba a los pobladores a adoptar un modelo de vida trashumante, pasar una parte del año en Huncal y otra en la localidad de Cajón Chico, a 70 kilómetros.

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Noemí Labrune,  fundadora de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (segunda de izquierda a derecha) en una de las visitas que realizó al paraje Huncal donde Orlando Balbo enseñaba a los adultos de la comunidad mapuche.

Noemí Labrune, fundadora de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (segunda de izquierda a derecha) en una de las visitas que realizó al paraje Huncal donde Orlando Balbo enseñaba a los adultos de la comunidad mapuche.

Balbo y compañía se plantearon que si los chicos no podían asistir a la escuela, la escuela tendría que llegar hasta ellos. “Los pibes llegaban a cuarto grado y abandonaban, no era un problema de la escuela ni de los chicos ni de sus capacidades sino de un calendario escolar que no acompañaba los procesos de trashumancia de la comunidad mapuche Millaín Currical”, explicó Vagnenkos en una entrevista con LMNeuquén en 2017 cuando estrenó el documental "Escuela trashumante" en el Cine Español de esta ciudad.

El rodaje del film le llevó diez viajes hasta el paraje durante cuatro años. "Encontré un grupo de docentes y una comunidad que construyen juntos una manera de ‘pasar’ el saber y transformar el conocimiento”. “Un proyecto que toma en cuenta las necesidades de la comunidad mapuche, trashumante, y que no abandona el espíritu de mostrarles a estos pibes otras ventanas al mundo, que no renuncia a que todos somos capaces de aprender y de enseñar”, agregó.

Agregó que tuvo acceso al Libro Histórico de la escuela donde aparece “la idea de civilización y barbarie”. “Los chicos aparecen retratados como salvajes, con padres que los hacen trabajar. Recién ahí uno entiende que no hubo egresados, no porque no fueran capaces sino porque no tenían la oportunidad de serlo”, comentó.

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