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La Mañana Historias de vida

Del Teatro Colón a tocar el violín en un refugio de alta montaña

Desde 2010 integra la Orquesta Sinfónica del Neuquén y un dúo de cámara con el pianista Carlos Brites.

Por Pablo Montanaro - [email protected]

- Nació en La Paz, Bolivia, en 1981. Su abuela lo introdujo en la música clásica. Comenzó a estudiar a los 10 años y a los 16 tocó en el Teatro Colón.

- Fue becario de la Fundación Martha Argerich, compartiendo numerosos conciertos con esta talentosa pianista.

Los días en que se quedaba al cuidado de su abuela Luisa era lo más parecido a la felicidad porque la música clásica invadía esa humilde vivienda de La Paz, Bolivia. Su abuela, fanática de la música clásica, le hizo escuchar a su nieto, Mauricio Aramayo, antes de los 5 años la Sonata Pathetique de Beethoven. “Mis padres se separaron cuando yo tenía dos años. Mi padre era militar y mi madre peluquera. Ella trabajaba todo el día. Yo iba al colegio y después me quedaba con mi abuela. Escuchábamos música clásica en la radio y las grabábamos en una cassette. Mi abuela fue la llave para que yo conociera la música clásica”, cuenta.

A fines de los años 80, Malena, su madre, decidió buscar un futuro mejor y llegaron a la Argentina, donde se instalaron en el barrio de Liniers. “Fueron años muy duros, mi mamá trabajaba como planchadora y ganaba 2 centavos por prenda planchada”, recuerda. A los 10 años, viendo su interés por la música, lo anotó en el Conservatorio de Música de Morón Alberto Ginastera. “Tuve un amor incondicional con ese lugar, lo prefería antes que al colegio, que era mi enemigo”, asegura.

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Comenzó a estudiar guitarra y luego piano, pero "con la difícil situación económica, mi mamá no podía comprarme un piano". Un día presenció un concierto de violín a cargo del profesor Edgardo Cattaruzzi. "Me senté en la primera fila y cuando escuché los primeros acordes del violín me decidí. Quedé impactado. Lógicamente como hijo único y caprichoso (risas) al mes siguiente mi mamá pudo comprarme un violín y nunca más me separé del instrumento”, explica.

Al colegio secundario llevaba su violín para estudiar en los recreos, lo que le generó hacer pocas amistades. "La música era mi refugio. En los recreos me apartaba de mis compañeros para tocar y estudiar". Desde 2002 comenzó a tomar clases particulares con el reconocido violinista Luis Roggero. Se lamenta porque su abuela, que permaneció en Bolivia, donde murió, nunca lo vio tocar el violín.

En su trayectoria, destaca dos presencias que incidieron en su formación. Las clases magistrales dictadas por el maestro Alberto Lysy y por los profesores de la Menuhin Internacional Music Academy. Mauricio tocó en numerosos conciertos con el gran violinista que era Lysy. "Un ser de otro planeta", afirma.

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El otro gran momento fue en 2005 cuando obtuvo una beca para incorporarse a la Fundación Martha Argerich, desempeñándose como concertino adjunto durante el ciclo de conciertos de la Sinfonietta Argerich, junto a esta talentosa pianista en varias provincias del país. “Martha me despertó las pasiones más profundas. Me hice muy amigo de ella. La amo, es mágica, enorme", asegura.

En 2009 fue invitado varias veces a Neuquén para tocar con la Orquesta Sinfónica dirigida por Andrés Tolcachir. "Por entonces sentía que no quería vivir más en Buenos Aires, necesitaba un lugar más tranquilo. Me gustaba eso de hacer veinte cuadras y tener un río hermoso, agarrar el auto y en pocas horas estar cerca de la cordillera”, confiesa. Se postuló en una de las convocatorias y consiguió entrar como guía de segundos violines.

Hasta que llegó a Neuquén, Mauricio interpretaba los conciertos con un violín alemán que era de 1890. "Con la venta del departamento de Boedo mi madre me compró ese violín que lo tenía el luthier Juan Espeche que era carísimo ”. En 2010, un año después de arribar a Neuquén, se lo robaron en la puerta de su casa a punta de pistola. “Los tipos sabían lo que se estaban llevando porque directamente me pidieron el violín", recuerda con tristeza.

Luego de ese duro golpe, una familia amiga (Moyano-Buscaglia)decidió cederle al músico un violín Luigi Rovatti de 1903 con el que actualmente se desempeña en los conciertos. “Es un tesorito de la luthería ítalo-argentina. Agradezco mucho a la familia que me lo cedió. Lo disfruto mucho porque tiene un sonido hermoso", afirma mientras lo saca del estuche, apoya su pera en el violín y comienza a envolver el ambiente donde se realizó la entrevista con ese sonido mágico de una sonata de Beethoven.

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