Deportes hípicos, una nueva opción para la recreación

En Neuquén hay una docena de escuelas.

POR SOFIA SANDOVAL / ssandoval@lmneuquen.com.ar

Más allá de los mitos que los encasillan como actividades elitistas y poco accesibles, los deportes hípicos ganan terreno en la región, donde ya existe una docena de escuelas que entrenan a niños y adultos para que monten a caballo. La profesora Verónica Malberti, con gran trayectoria en competencias, recomendó la disciplina tanto por su valor deportivo como por sus ventajas recreativas.

El vínculo de Verónica con los caballos parecía estar escrito desde su nacimiento. Como sus padres y sus abuelos ya se dedicaban a la disciplina en Buenos Aires, a los cuatro años le regalaron su primer petiso y forjó un vínculo indisoluble con el mundo equino. “32 años después, sigo dedicada a full a la actividad”, afirma la profesora en un descanso entre las clases que dicta en el Club Hípico del Rincón Club de Campo.

Cuando llegó a Neuquén, hace diez años, introdujo el adiestramiento o dressage, una actividad poco conocida en la zona, donde el principal deporte hípico era el salto. En esta práctica, se compite en la categoría Freestyle, donde los caballos parecen bailar al ritmo de la música. Sus patas gráciles se levantan en simpáticos movimientos y sus crines se agitan según el son, controlados por un diestro jinete.

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Ahora, se dedica a la docencia en una agotadora rutina que le exige montar 6 o 7 caballos distintos por día y acompañar el paseo de otros jinetes, que se inician en la práctica al lomo de un animal que Verónica controla con una soga. “Lo primero es tomar la noción de la altura y de los movimientos de los caballos, que tienen su propia voluntad; una vez que se vence ese temor y se encuentra el equilibrio, empiezan a montar solos”, aclara.

Las clases que dictan en el Club son poco conocidas, a pesar de ser abiertas también a los neuquinos que no viven en el barrio. Tomar lecciones una vez por semana cuesta 1700 pesos mensuales. “Es un precio similar al de una escuela de fútbol o de danza, teniendo en cuenta que aquí se da todo el equipo de montar, se prestan a los caballos y se puede usar la pista”, sostiene.

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Una de las satisfacciones de Verónica es notar el vínculo que forjan los alumnos con los caballos o encontrar esa chispa innata en algunos estudiantes, que parecen haber nacido con un don especial para entenderse con los animales. “A ellos, sobre todo, les recomendamos competir”, dice y agrega que ingresar en los torneos exige tener un equino propio, algo que implica un importante gasto de mantenimiento. Aunque le resulte imposible contar las horas que lleva sobre una montura, la jinete trata de no perder su fascinación por la equitación y en cada trotecito recuerda el privilegio que significa practicar un deporte donde su compañero de equipo es un animal tan noble como el caballo. “A los chicos les enseñamos a ensillarlos y lavarlos, porque no hacen deporte con una raqueta sino con un ser vivo”, expresa.

Verónica se define como competitiva y aclara que el podio es su único objetivo en cada viaje que hace con Manú, su eterno compañero. Pero asegura que son muchos que usan las pistas del Club Hípico para desenchufarse de la rutina sobre el lomo de los mansos caballos del Rincón.

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