Disgusto para los veganos: la carne nos hizo humanos

Un estudio revela que su consumo fue crucial para la evolución.

Massachusetts.- La famosa frase del filósofo y antropólogo Ludwig Feuerbach que dice "somos lo que comemos" cobra mayor dimensión a partir de un nuevo descubrimiento.

Al parecer, los hábitos alimenticios y los cambios implementados en la dieta han sido mucho más importantes en la evolución humana de lo que se pensaba, y en ella, mal que les pese a los veganos, la carne ha jugado un papel fundamental.

En concreto, la introducción de carne cruda en la dieta de nuestros antepasados, junto con el uso de las primeras herramientas de piedra, puede ser suficiente para explicar los cambios evolutivos que diferencian a los primeros humanos de sus predecesores inmediatos.

Según un estudio publicado en Nature por Katherine D. Zink y Daniel E. Lieberman, de la Universidad de Harvard, esta combinación pudo haber influido de forma decisiva en el acortamiento de los rostros y en la disminución del tamaño de los dientes, rasgos que a su vez favorecieron el desarrollo de otras funciones, como la capacidad de hablar.

En los tiempos del Homo erectus, hace cerca de dos millones de años, esta especie desarrolló sorprendentes peculiaridades físicas. Entre otras cosas, su intestino tenía un tamaño menor. Sin embargo, el cerebro era prodigiosamente más grande y muy exigente en términos de consumo energético.

¿Cómo podían, entonces, nuestros antepasados combinar un aumento de la demanda de energía con una disminución de la capacidad de masticación y digestiva?

Según explica el trabajo, añadieron un 33% de carne a su dieta y aprendieron a cortarla en trozos pequeños, así como a machacar semillas y bayas. Con este simple acto, redujeron un 20% el esfuerzo necesario para masticar el alimento y digerirlo con éxito.

Si bien luego la cocción de los alimentos optimizó aun más este procedimiento, no fue fundamental ya que ese procedimiento se generalizó recién hace unos 500.000 años.

Su incorporación fue para responder a una mayor necesidad energética.

Aunque hoy en día la dentadura humana actual cuenta con molares de crestas romas, su incorporación en aquel entonces aportó una nueva gama de nutrientes con los que alimentar un cerebro mayor, además de suponer un cambio cultural radical: la utilización de nuevas herramientas, el nacimiento de la caza y más tarde la ganadería y la división del trabajo.

A su vez, la nueva morfología adquirida por la falta de masticación fue clave para el desarrollo del lenguaje y la inteligencia.

"Sé que esto puede horrorizar a los vegetarianos, pero sin carne no habría posibilidad de tener un cerebro tan grande como el que tenemos", opinó al respecto Manuel Domínguez-Rodrigo, arqueólogo de la Universidad Complutense de Madrid, que ha hecho trabajos relacionados.

¿Carnívoros o herbívoros?

Aunque la incorporación de la carne tuvo que ver con una necesidad de subsistencia, los naturalistas explican que biológicamente el hombre no nació carnívoro. Prueba de eso es que el intestino de los animales carnívoros, al ser más corto, permite una rápida evacuación, evitando así la putrefacción.
En el hombre, la carne permanece horas en el organismo y comienza a descomponerse, por lo cual en ese lapso se originan toxinas que a la larga van deteriorando el organismo.

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