Drama sin fin: neuquina pudo escapar de la India pero ahora está varada en Brasil
Cuando Andrea dejó la Argentina el 6 de marzo para viajar a India no se imaginó que un virus que preocupaba a chinos y a europeos se iba a convertir en una pandemia mundial. Cuando ella se fue, no sabía que no iba a poder volver por culpa del coronavirus.
LMNeuquen se contactó con esta neuquina, oriunda de San Martín de los Andes, que, tras una odisea para salir de Asia, ahora se encuentra varada en San Pablo, Brasil, junto a un grupo de viajeros argentinos.
Los primeros días, el viaje parecía acorde a lo planeado durante los meses anteriores. El coronavirus había sido detectado en una sola persona en la India y no se esperaban medidas de emergencia sanitaria como el posterior cierre de fronteras. La inversión de dinero en un esperado paseo por el Fuerte Rojo, el Qutb Minar o cualquiera de los otros monasterios hindúes, llegaba como una esperada vacación a la arduo labor cotidiana. Sin embargo, fue un placer que no llegó a durar una semana.
"Estábamos por ir a otro lugar en la India cuando empezaron a cancelar las reservas de los monasterios donde íbamos", contó, ahora desde Brasil.
Fue ahí cuando Andrea y el grupo de viajeros decidieron pegar la vuelta hacia Delhi para tramitar con las aerolíneas el regreso a casa, pero se encontraron con un panorama desalentador.
"Estábamos todos tranquilos, pensando que era una situación difícil, pobres europeos.... Si te vas para atrás pasaron tantas cosas que parecen mil años, pero fue todo en pocos días y a nosotros nos agarró en medio del viaje y apenas nos agarró empezamos a ver cómo volver", expresó.
El aeropuerto de Delhi, reconocido por su gran dimensión y por ser siempre transitado, estaba prácticamente vacío. Ya no había nadie observando las grandes manos que cuelgan de la pared haciendo las mudras de yoga y tampoco gente paseando por el free shop: "Los dueños de los locales estaban sacando absolutamente todo de sus negocios. En el free shop estaban embalando todo con papel film, era un panorama desolador, realmente parecía una película de terror", agregó Andrea.
Sin embargo, más desolador era el hecho de no conseguir ningún viaje hacia Argentina. El diálogo con las aerolíneas fue un fracaso y, tanto Andrea como el resto de los argentinos allí atrapados se hacían la idea de quedarse en la India durante la cuarentena.
La solución terminó llegando desde Argentina, y no por una decisión gubernamental, sino por la comunicación que pudo establecer la hermana de una de las viajeras con la empresa holandesa de viajes KLM, que destinaba el vuelo a repatriar a sus ciudadanos.
"Le dijeron que salía un vuelo desde la India a Amsterdam a las 3 de la mañana y nos podían ubicar. Así que salimos volando al aeropuerto. Avisamos a un grupo de WhatsApp que teníamos con otros argentinos allá y a la embajada, que se puso todas las pilas para tratar de enganchar a la gente", relató la neuquina.
Sin embargo, cuando, dos horas más tarde, se subieron al avión, se enteraron que gran parte de las personas no pudieron llegar a tiempo ya que se encontraban a varios kilómetros de allí, pero, por sobre todas las cosas, se indignaron al ver que era un avión con 125 asientos vacíos: "Los contamos, no lo podíamos creer. No entiendo que haya tanta desorganización que ni siquiera avisaron de ese vuelo. Es una situación desesperante donde no me quedan dudas que la mayoría de las personas se hubieran subido".
El viaje, que en otras condiciones hubieran sido 9 horas de expectativas atravesando el océano índico, esperando aterrizar en la famosa ciudad de Amsterdam, fue casi un trámite con barbijos, guantes y alcohol en gel. De allí, apenas terminó su viaje, se subieron a otro avión que los dirigía a San Pablo, Brasil. "Sacamos los pasajes en KLM hacia Delhi-Amsterdam y Amsterdam-San Pablo. Mientras que nos esperaba el vuelo San Pablo-Buenos Aires por Aerolineas Argentinas", manifestó Andrea.
Pero la alegría de haber realizado una odisea que cientos de otras personas no pudieron superar, duró poco. A la situación de tener los barbijos marcados en el rostro y las manos secas por el alcohol en gel tras 28 horas de viaje, se le sumó que su vuelo hacia Buenos Aires había sido cancelado: "Teníamos un vuelo para hoy martes a las 17. Pero ayer, cuando llegamos, nos enteramos que Aerolíneas Argentinas había cancelado todos sus vuelos, así que nos quedamos acá varados, donde hay otros 300 argentinos más en la misma situación".
La crisis en Brasil es mucho peor de la que esperaron. Al no poder regresar a su país en medio de la pandemia, se le sumó la desesperación de estar en uno que no tomó cartas en el asunto, a pesar de tener más de 2 mil casos y 46 muertos, por el momento. Los locales siguen abiertos, no se decretó ninguna emergencia sanitaria y siguen haciendo vuelos nacionales e internacionales.
"Acá la gente circula normalmente, no hay medidas, salimos del aeropuerto y nadie nos midió nada, no nos pidieron nada tampoco. Aun así nosotros estamos tomando todas las precauciones, ya tenemos las manos duras del alcohol en gel, del barbijo, de limpiar todas las superficies que tocamos. Ni Brasil ni los aeropuertos son lugares para estar. Hay gente que está durmiendo en el piso y eso no es nada saludable para nadie", dice, angustiada.
En medio de esta situación, y frente a un gobierno argentino que cerró completamente sus fronteras, la mujer se encuentra atrapada en un país donde el coronavirus avanza brutalmente, con más de 300 casos nuevos por día.
Lleva pagados 3500 dólares en pasajes para regresar, es decir, unos 300 mil pesos, y algunos de ellos fueron cancelados. "Desde Aerolíneas Argentinas me piden 800 dólares para el vuelo de repatriación, lo que me parece un abuso. Pero lo peor de todo es que, al margen de eso, ni siquiera pagando tenemos la certeza de poder volver. Tenemos un vuelo programado el 26, pero no sabemos si vamos a poder viajar", admite.
A su situación se le suma la de otros argentinos esperando en Brasil, la mayoría de ellos, que no tienen la realidad económica de la neuquina, que pudo pagar un hotel, duermen en el aeropuerto. "Hay un montón de argentinos en el aeropuerto durmiendo para ver si pueden gestionar que LATAM levante un vuelo, pero dependen del gobierno argentino que autorice la entrada de ese vuelo. Aerolíneas no responde más nada".
Lo que parecía ser un viaje cultural hace menos de un mes, terminó siendo una situación de encierro en plena pandemia mundial. Ni las cuatro paredes del hotel, ni las vitrinas y lujos del aeropuerto transmiten seguridad en un Brasil que parece librado a su propia suerte por decisión política de su presidente Jair Bolsonaro, que horas atrás, aunque ahora haya retrotraído su decisión, había autorizado a las empresas a no pagar los sueldos de los trabajadores que no trabajaran durante la pandemia.
"No me da más el bolsillo, ni mi tarjeta, ni nada. Cuando uno pide no es porque no quiera pagar, es porque no te da más. Yo no se cómo voy a hacer de acá a fin de año, pero no importa, lo que queremos es llegar a la Argentina", dice Andrea.
Si ella pudiera viajar en el tiempo a aquel 6 de marzo y saber lo que se desencadenaría en el mundo a raíz del coronavirus, no viajaría a la India y se hubiera quedado en su casa, el lugar donde, ahora, más anhela estar.
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