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El 17 de octubre en que Madonna Quiroz y su pistola arruinaron el masivo traslado de Perón

En 2006, una marea popular acompañó el traslado de los restos de Perón al Mausoleo de San Vicente. Hubo serios incidentes y una balacera tomada por las cámaras.

Ni el cartel que decía “Bienvenidos a la casa de Eva y Perón” ni la voz de Hugo del Carril cantando “los muchachos peronistas todos unidos triunfaremos”. Nada bajaba la espuma de la ira y, en el medio, todos eran ciegos y sordos. Volaban palos, piedras y botellas. Volaban de bronca.

El superclásico del sindicalismo, Camioneros vs. Uocra, ardía en la tarde del 17 de octubre de 2006, el día elegido por la CGT y el peronismo ortodoxo para hacer un traslado histórico: llevar a los restos de Juan Domingo Perón desde el cementerio porteño de la Chacarita hasta el Mausoleo en la Quinta de San Vicente -50 kilómetros al sur de la Capital Federal- que supo ser residencia de descanso del General medio siglo antes de convertirse en Museo histórico e improvisado escenario de una batalla campal.

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El 17 de octubre, el más peronista de todos los días del año, terminó en un escándalo mayúsculo, con decenas de heridos, sin muertos de milagro y con todos hablando de un hombre bajito y morrudo, del que rápidamente se supo su apodo: “Madonna”. Y se observó que era diestro. O, al menos, su mano derecha era la que empuñaba un arma con el que tiroteó a sus “rivales” en medio de una gresca fenomenal, todo tomado por una cámara de televisión. Claramente, el “unidos triunfaremos” sonó más decorativo que nunca.

Violencia durante el traslado de los restos de Perón

Emilio Miguel Quiroz llevaba el seudónimo de la reina del pop y terminó siendo la gran figura de una jornada que se había imaginado como una celebración peronista. Su función de chofer y custodio de Pablo Moyano enseguida lo emparentó a uno de los bandos en guerra; el otro era el comandado por Juan Pablo “Pata” Medina, jefe de la seccional de La Plata de los obreros de la construcción, quien simplificó en un “le partieron una botella de cerveza a uno y respondió” la explicación sobre cómo se pasó de la paz al caos.

Claro que, independientemente de ese botellazo, no se trató de una mojadura de oreja que derivó en una reacción en cadena, sino de un intento de demostrar quién tenía más poder. Y, como en el fútbol el que va al centro de la tribuna y se ubica en el paraavalanchas principal es el más poderoso, el que toma la posición más cerca del escenario en un acto político, suele ser el que “manda”. Ahí radica el porqué de aquella tarde de conflicto.

“Es el pueblo que ha de ser inmortal, porque no habrá perfidia ni maldad humana que pueda estremecer a este pueblo, grandioso en sentimiento y en número", clamaba Juan Domingo Perón desde el balcón de la Casa de Gobierno ante una Plaza de Mayo colmada, en la noche del 17 de octubre de 1945, cuando todavía era Coronel y sus decisiones como secretario de Trabajo y Previsión del gobierno militar de entonces habían favorecido tanto a los trabajadores y sus derechos que lo convirtieron en un referente obrero.

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El 17 de octubre de 1945, Perón salió por primera vez al balcón de la Rosada a hablarle a sus seguidores. Por eso se celebra el Día de la Lealtad.

El 17 de octubre de 1945, Perón salió por primera vez al balcón de la Rosada a hablarle a sus seguidores. Por eso se celebra el Día de la Lealtad.

La historia del Día de la Lealtad, del día en que nació el movimiento peronista, habla de una avalancha de trabajadores lanzados a las calles pidiendo por la libertad de Perón, quien había sido obligado a renunciar a sus cargos y fue detenido por sus pares el 12 de octubre como consecuencia de la interna del Gobierno. Primero estuvo en la Isla Martín García, al sur de la Capital, y luego fue trasladado al Hospital Militar, ya en la Ciudad de Buenos Aires. Hasta que el 17 de octubre, cuando la presión popular y la decisión de no reprimir de los militares en el poder llevaron a Perón a salir por el balcón de la Rosada y a dar un discurso histórico luego de levantar los brazos saludando a la multitud, gesto que se repetiría en varias ocasiones en los siguientes años, convirtiéndose en uno de los simbolismos más fuertes de la política argentina.

Pero 61 años después de aquel día, el General ya llevaba 32 muerto. Pudo ser testigo en vida de cómo el producto de su creación derivó en sangrientas disputas, incluso en corrientes ideológicas súper antagónicas y agresivas, aunque todos, siempre, terminaron llamándose “peronistas”. Por eso en aquella tarde de 2006 nadie objetaba quién era el centro de la escena, sino quién estaría más cerca de esa escena. Los Camioneros habían sido “corridos” hacia un costado, hasta una de las puertas de entrada al predio. La lucha había empezado cuerpo a cuerpo, siguió a los piedrazos y terminó a los tiros, en esa imagen en la que Madonna Quiroz gatilla cuatro veces y retrocede, incluso resbala, aunque sin dejar de disparar. Según los peritos, fueron tiros de una pistola Bersa 380, con un cargador de ocho tiros que se vació por completo contra el portón de ingreso donde estaba “resistiendo” la banda del Pata Medina.

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Los dos bandas se enfrentaron con todo el 17 de octubre de 1945, cuando trasladaban el cuerpo de Perón.

Los dos bandas se enfrentaron con todo el 17 de octubre de 1945, cuando trasladaban el cuerpo de Perón.

El féretro de Perón había salido del cementerio al mediodía y antes de enfilar rumbo a San Vicente hizo una escala en la sede de la CGT, en la calle Azopardo. Y luego de una breve celebración privada, porque en definitiva era un logro y una victoria político-sindical concretar esa mudanza, el cortejo partió camino a la Quinta. “Yo te daré, te daré niña hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con P: Perón”, cantaba la multitud. Allá estaban previstos varios discursos de los “peronistas de Perón” como también de los peronistas que podían presumían de haber alcanzado casi un movimiento propio. Junto con los sindicalistas de todos los gremios (el Momo Venegas de las 62 Organizaciones; Luis Barrionuevo de los Gastronómicos; Omar Viviani de los Taxistas; Julio Piumato de los Judiciales; y los mencionados Moyano –Pablo y Hugo- de los Camioneros y el Pata Medina de la Uocra-La Plata, entre otros), además de políticos históricos del PJ como Antonio Cafiero, estaría como orador nada menos que el Presidente de la Nación, Néstor Kirchner, junto a su esposa Cristina Fernández, aunque al ver por televisión los gravísimos incidentes, decidieron cancelar de inmediato su participación.

Si hay un cuerpo que ingresará a un Mausoleo, aunque hayan pasado muchos años de fallecido, debe haber un responso. Y ahí, mientras por el aire volaban botellas y piedras, Monseñor Agustín Radrizzani –Obispo de Lomas de Zamora- hacía su bendición, neutral a todo lo que pasaba a pocos metros. En el atril, Hugo Moyano, por entonces líder de la CGT, intentó dar un discurso de bienvenida a los restos del viejo líder pero debió hacerlo soportando una enorme rechifla –en primera fila estaba la Uocra- y esquivando piedrazos. No duró mucho la arenga del camionero, sólo lo suficiente como para calificar de “idiotas útiles” a los hacedores de los incidentes y de mandar un mensaje celestial al hablarle a Perón y decirle “hemos cumplido, mi general, a pesar de los imbéciles”.

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Hugo Moyano fue uno de los que encabezó el traslado del cuerpo de Perón hace 14 años.

Hugo Moyano fue uno de los que encabezó el traslado del cuerpo de Perón hace 14 años.

¿Y la Policía Bonaerense? Estaba fuera del predio porque en la semana anterior, cuando se diagramó el operativo DE seguridad, hubo un acuerdo: las fuerzas provinciales se encargarían de custodiar las calles, pero dentro del espacio “privado” de la Quinta serían los propios gremios quienes prestarían garantías para evitar disturbios, entre otras cosas por la suposición de que los policías podrían ser provocadores de incidentes con su sola presencia... el Ejército sería el encargado de cuidar a la comitiva presidencial –no hizo falta porque Kirchner no fue - y entre la Gendarmería y la Policía Federal se harían cargo de controlar la caravana, que encabezaban los restos de Perón, desde la Capital hasta el ingreso a San Vicente.

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“Tentativa de Homicidio” fue el nombre de la causa que se abrió contra Quiroz, cuyo argumento para justificar su actitud fue “disparé para evitar un mal mayor, pero nunca pensé en matar a nadie” y aseguró que sin su accionar se habrían “lamentado víctimas”. Varios años después, en 2011, fue condenado a dos años y seis meses de prisión, “por abuso de armas y daño calificado”, en una sentencia que resultó judicialmente insuficiente como para que fuese a la cárcel: sólo había pasado detenido dos meses y medio luego de aquellos incidentes que lo tuvieron como figura estelar.

Padre de 9 hijos, el ex chofer y custodio de Moyano salió de la línea de fuego y como quien pasa a retiro, fue reubicado en tareas más amigables. El tiempo lo mantuvo en plena fidelidad a sus jefes, aunque desde un lugar distinto, siendo parte del Club Camioneros, cuyo eslogan es “Más que un club, una familia”. Ahí, Madonna Quiroz supervisó la construcción del estadio “Hugo Moyano”, fue entrenador del equipo de futsal femenino, categoría que al día de hoy coordina como también las tareas de mantenimiento del predio.

Emilio Quiroz

“Pe-ro-nistas, ni yanquis ni marxistas”, gritaba la masa en la puerta de la Quinta de San Vicente. Posiblemente, la definición de por qué pasaron y pueden volver a pasar disturbios como los de aquella tarde del 17 de octubre de 2006 la haya dado quien por entonces era el peronista más veterano de todos: Antonio Cafiero. “Es inevitable cuando se juntan más de 500.000 personas”, dijo luego de ver los incidentes pero sin saber aún que entre “compañeros”, además de revolearse piedras y botellas, hubo uno que sacó un revólver y les disparó otros. El viejo Tony, fallecido casualmente en octubre, en 2014, lo simplificó: “¿Y, mató a alguno?”.

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