El archivo histórico, un viaje al corazón de la ciudad

El archivo histórico es el guardián de los tesoros desde la fundación.

Mariel Retegui
reteguim@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
En no más de 25 metros cuadrados, escondidos en un laberíntico camino hacia el segundo subsuelo de la Municipalidad, se resguardan y preservan los tesoros de la ciudad. Se trata de los documentos patrimoniales que recopiló el personal del Archivo Histórico Municipal. Algo así como albaceas de los registros, muchos de ellos donados, que datan desde los albores de la ciudad.
En un pequeño cuarto al fondo, en tres de las cuatro paredes de más de dos metros y medio de altura, los anaqueles desbordan de cajas y libros, desde el piso hasta el cielorraso.
Ordenados, clasificados, con la nomenclatura o referencia correspondiente, comparten estantes la documentación original y las copias realizadas en este último tiempo.
Dentro de las páginas de los libros "copiadores" está asentado lo que sucedió, allá por 1904, apenas se trasladó la capital del territorio desde Chos Malal. Ahí los vecinos dejaban constancias sobre lo de todos los días. Eran notas dirigidas al primer comisionado municipal, Pedro Linares, a quien le manifestaban su preocupación porque los caballos andaban sueltos, o porque se caía el alambrado del vecino y se les escapaban las gallinas, o bien por inconvenientes con la recolección de residuos. Eso es parte de lo que está escrito en el copiador número uno, algo manchado, con un trazo apenas legible tras una inundación.
En otro tomo, de considerables dimensiones, con letra cursiva y en tinta negra quedó plasmada la primera ordenanza (1906) que estipulaba los montos de los impuestos municipales. Escuetamente se fijaba lo que se cobraba por patentes, donde se alcanza a leer que -por ejemplo- por un coche fúnebre se debía abonar unos 50 pesos. En las siguientes se establecían las delineaciones de veredas, los impuestos de cementerios, de fondas y cafés, con sus respectivas sanciones.
En una sucesión de cajas archivadoras está reseñado el traslado de la capital, cuando las carretas quedaban en el Bajo, del otro lado de la tranquera que dividía el incipiente caserío. O expedientes donde se encuentran apellidos conocidos de los primeros pobladores neuquinos por la adquisición de tierras fiscales.
Sobre la pared opuesta están ubicados los libros de digestos donde se asentaban las ordenanzas, los decretos y las resoluciones. Y la parte superior, casi inaccesible, se reparte entre los libros contables e información sobre los créditos con los que los pobladores fueron adquiriendo sus viviendas en los diferentes barrios de la ciudad.
Se distribuyen en ese espacio libros originales, duplicados y copiadores. A partir de 1995 se duplicaron los originales a través del fotocopiado. Ahora el archivo está en proceso de digitalización para proteger lo que es patrimonio histórico documental.
Todo está inventariado para resguardar la historia de la ciudad, desde 1906 hasta 1976. De ahí en adelante, el encargado de hacerlo es el Concejo Deliberante.
Las paredes están saturadas de historia, de imágenes, de grabados, de pinturas, de retratos y de actas enmarcadas. En la antesala a la recepción, sobre un escritorio de 1915 que perteneció al ex intendente Miguel Mango, se encuentra en un receptáculo de vidrio la Carta Orgánica municipal encuadernada en cuero grabado. Detrás, sobre unos estantes, está parte de la donación de más de 400 libros de las hijas del juez Guillermo Rodolfo Pessagno. El archivo donde se resguardan esas perlas de la ciudad también es el lugar donde curiosos, estudiantes, investigadores, y periodistas se meten a escudriñar en la memoria.


Las donaciones que mantienen viva la memoria
Al archivo histórico municipal también se acercan familiares de pioneros, de personalidades ilustres que han tenido un rol activo en la historia.
Es así como se atesoran colecciones particulares, íntimamente vinculadas a los sentimientos de los familiares pero que aun así fueron dejadas en guarda permanente como parte del patrimonio histórico documental.
Una valija de cuero, un portafolio, una caja metálica de acuarelas, una cámara fotográfica con su estuche original, diapositivas, documentación personal y dos carpetas con pinturas en acuarelas de Neuquén fueron donadas por Amalia Tapiola, viuda del arquitecto urbanista Estanislao Gassowski (Polonia, 1917-Neuquén, 1988).
Gassowski, entre otras cosas, diseñó el plano de Picún Leufú -donde descansan sus restos-, fue docente universitario, asesor técnico en el municipio y posteriormente en el Copade. También fue autor de innumerables proyectos como los de la localización del Parque Industrial, el puente-viaducto sobre las vías del ferrocarril o los primeros estudios para la ciudad universitaria donde hoy está la Universidad Nacional del Comahue (UNCo).

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