El atleta ciego neuquino que sigue superando desafíos
Natalia Pérez Pertino
A los 22 años se quedó ciego, lo que no fue impedimento para continuar la universidad y valerse por sí mismo.
Unos años atrás descubrió que había un grupo de voluntarios que guiaban a personas ciegas a correr.
La brisa en la cara al correr, las gotas de agua contra el cuerpo al remar, el frío de la nieve al esquiar y los sonidos de la naturaleza son sensaciones que Daniel Sáez nunca creyó volver a experimentar al perder la vista en un accidente de tránsito. El nacimiento de su único hijo a los pocos meses lo sacó adelante y junto a él se reconectó con el deporte, que hoy es su mayor pasión.
Quienes conocen a Dani, como todos lo llaman, lo definen como alguien increíble. La confianza en sí mismo lo ha llevado a superar obstáculos y completar carreras que otros deportistas sin disminuciones físicas no pueden. A los 22 años se quedó ciego, pero eso no le impidió continuar sus estudios universitarios y valerse por sí mismo.
Por las mañanas trabaja como administrativo en un sindicato y por las tardes disfruta de alguna actividad al aire libre. Hace un par de años averiguó en internet y descubrió a un grupo de voluntarios que guían a personas ciegas para correr. “Quería empezar a correr, pero no en un lugar cerrado”, recordó Daniel sobre sus inicios en el deporte como atleta no vidente. Hoy no lo para nadie.
“Sabía que la gente salía por las bardas, hasta que un día alguien se animó y me empezó a sacar por las bardas”. Así nació el deporte aventura para Daniel. Un invierno junto a su hijo Alejo aprendieron a esquiar y al verano siguiente se subieron por primera vez a un kayak en el río Limay. “Me entusiasmé”, confesó entre risas, así como resaltó que sin su hijo no hubiera sido posible. “Es un pilar fundamental. La mayoría de las cosas las emprendo con él, me da el empujoncito y yo después sigo”.
La locura de un tetratlón
Su autodeterminación, el compañerismo y la solidaridad de quienes se cruzó en ese camino de aprendizaje deportivo lo entusiasmaron aún más. “Vos corrés, esquiás, andar en bici no es tan difícil, sólo te falta aprender a remar”. Las palabras de su guía en su primera carrera de 10 kilómetros lo incentivaron y decidió intentarlo.
Fue un año de duro entrenamiento. Intensificar los entrenamientos en las bardas, soportar el frío de remar en invierno, salidas en bici incluso a la noche, para llegar a fines de agosto de 2016 al Tetra Catedral en Bariloche. Fueron siete horas y media de carrera, pero al cruzar la meta, todo el esfuerzo había valido la pena. “Me fue re bien. No llegué último y llegué en buen estado físico”, destacó.
Este año, junto a sus cuatro guías, uno por disciplina, redobló la apuesta. A principios de agosto participó del Tetratlón Chapelco en San Martín de los Andes y el próximo sábado disputará el Tetra Catedral.
Si bien los organizadores tenían miedo con la participación de un atleta no vidente, Daniel les demostró que nadie está exento de las caídas y tropezones, y que para él su falta de vista no es impedimento.
“En el deporte encontré motivación, satisfacción y alegría a la vez. Siempre te hablan de los riesgos, pero de a poco conocí gente con mucha confianza que me llevó a hacer este tipo de actividades”, concluyó.
El trabajo de los guías es esencial
“Vos sos mis ojos, me tenés que decir en lo que puedo correr peligro y nada más. Si te caes, yo me caigo”, contó Verónica Santos sobre la primera salida con Daniel por las bardas. Llevan casi tres años y cientos de kilómetros juntos y desafía a otros corredores a ser guías y ayudar a personas no videntes. “Me llena el alma acompañarlo", dijo.
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