El aviador neuquino que un día tuvo como copiloto a Fangio

Aldo Mastice. Desde 1955 hasta 2001 fue piloto e instructor de líneas aéreas. Es el creador de la bandera y el escudo de Neuquén.

Nació en abril de 1935 en Punta Arenas, Chile. Luego su familia se radicó en Río Gallegos, donde comenzó su pasión por los aviones.


Desde 1970 integró el cuerpo de pilotos de la Dirección de Servicios Aéreos y, después, TAN (Transportes Aéreos Neuquén).

PABLO MONTANARO
montanarop@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN
Hacía nueve años que Aldo Mastice había obtenido su licencia como piloto privado y lejos estaba de imaginarse que un día, el 7 de diciembre de 1964, iba a tener la inmensa alegría de volar junto a su ídolo de siempre. Fue su instructor René Riavitz -que le enseñó a volar a un ejército de pilotos locales- quien lo llamó esa mañana desde el Aeroclub Neuquén para informarle que tenía que hacer un vuelo a la ciudad de Buenos Aires, más precisamente a la Base Aérea de Morón, lugar que le quedaba mejor al único pasajero que debía trasladar.

Fangio hablaba como un hombre de campo a pesar de haber estado por todo el mundo triunfando en la Fórmula Uno", describe Mastice.
Cuando llegó al aeropuerto de Neuquén, en la pista ya estaba listo el Beechcraft Debonair matrícula LV-HXC, la aeronave que la entidad neuquina había traído cuatro años atrás desde Arkansas, Estados Unidos. Ahora sólo restaba pasar a buscar al pasajero por el bar del aeroclub. Cuando entró, los ojos de Aldo se dirigieron al pasajero. No lo podía creer. Quien lo aguardaba para subirse con él al Beechcraft era ni más ni menos que Juan Manuel Fangio, el quintúple campeón de Fórmula Uno y su ídolo de toda la vida.

En ese momento, Aldo se remontó a su infancia en Río Gallegos cuando su padre lo llevó a ver una carrera de Turismo Carretera y señaló a un hombre que estaba al lado de un Chevrolet que tenía su rostro cubierto de tierra y aceite y llevaba unas antiparras, y le dijo: "Hijo, ese es Fangio".

Aldo estaba frente a su ídolo deportivo. "Además yo siempre fui fanático del Chevrolet", y a pocos minutos de llevarlo en avión, ese amor que comenzó a gestarse desde que estudiaba en el Colegio Don Bosco de Río Gallegos y donde empezó a armar sus primeros aeromodelos, una pasión que aún continúa cautivándolo.

Cincuenta y dos años después de aquel inolvidable momento, el creador del escudo y de la bandera de Neuquén recuerda: "Nadie me había dicho nada porque sabían de mi fanatismo por Fangio. Pero bueno, tragué saliva y me lo presentaron. Yo creía que Fangio era de mi estatura, pero me superaba por algunos centímetros". Al saludarlo, el Chueco le respondió con un "hola, pibe". "Me quedé mudo de la emoción que me aplastaba", asegura.

Fangio seguía las alternativas del Gran Premio de Turismo de Carretera que en una de sus etapas pasaba por Neuquén y terminaba en Zapala para después seguir a San Rafael, Mendoza. "Fangio venía siguiendo a su pollo, Juan Manuel Bordeu, que más que ahijado era su hijo. El tema era que debía viajar urgente a Buenos Aires para retirar del puerto unas cubiertas que iba a necesitar para las duras etapas de ese gran premio".

"Pibe, estoy en tus manos, fijate bien por dónde vamos", le dijo Fangio a su piloto mientras se preparaban para el despegue. "Fangio hablaba como un hombre de campo a pesar de haber estado por todo el mundo triunfando en la Fórmula Uno", asegura.

El avión despegó de Neuquén pasadas las 2 de la tarde. Durante el vuelo, Fangio se mostró "muy parlanchín", en tanto que Aldo no podía hablar de lo emocionado. "Luego me solté y conversamos un montón: de las carreras, del peligro de esos autos de Fórmula Uno con todo el cuerpo afuera de la carrocería, de las temperaturas extremas que debían soportarse con el motor delantero al máximo.

En fin, el vuelo se me pasó 'volando' a pesar de las tres horas y media que duró", relata.

Ya próximos a descender en Morón, Fangio le pide que le pregunte al controlador si alguien esperaba el vuelo. "Le hice la pregunta al controlador quien me contestó secamente que él no estaba para ese trámite. 'Decile que vengo yo', me pidió Fangio que le dijera. En cuanto mencioné su nombre, el controlador no lo podía creer y me respondió: 'Para Juan Manuel lo que pida'. De inmediato confirmó que Pedro, el hermano del Chueco, lo estaba esperando en el aeropuerto".

El encuentro con Fangio no terminó al llegar a Morón porque éste lo invitó a que lo acompañara para hacer el trámite de las cubiertas. Todavía en su cuerpo, Aldo lleva ese fuerte abrazo con que se despidió de su ídolo.

TRAYECTORIA
Volando a los cuatro vientos

"Una buena parte de mi carrera como piloto profesional transcurrió volando en Neuquén y en todo el país. A los cuatro vientos, como dicen los marinos", describe Aldo Mastice su trayectoria como piloto que se extendió desde 1955 a 2001, aunque hasta 2006 se desempeñó como instructor de vuelo.

"Mi último vuelo fue llevando un avión que había que devolver, de una empresa de Cutral Co", cuenta. Recuerda que lo hizo con Alejandro, uno de sus cuatro hijos, que vuela en American Jet.

"De chiquito lo llevaba a hacer aeromodelismo", comenta.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario

Lo Más Leído